La Bolsa recibió bien las medidas para blanquear capital y personal. En la semana subió dos dígitos. Esto también fue posible ante el anuncio del pago al Club de París y a los tenedores de títulos que no entraron al canje de deuda. Ambos fueron avisos de impacto -aun no concretados- y estas medidas excepcionales se verán en el tiempo.
A corto plazo, el resultado de las estadísticas laborales y a largo el efectos de las acciones con las que se trata de repatriar capital. La intención es buena, se fueron US$ 24.000 millones en el año -similar a 2001-; ahora el crédito se contrajo muy rápido y en solo 60 días el impacto global y la devaluación en los países vecinos frenó el ritmo de crecimiento, que ya venía lento desde el conflicto entre el Gobierno nacional y el campo.
El escenario cambió. La inflación golpeó fuerte, el préstamo se redujo para las empresas grandes y desapareció para las medianas y pequeñas, ahora el objetivo es que vuelvan a calificar -en los bancos- las empresas que no acceden.
El horizonte
La señal no será cómo crecen los depósitos, sino con qué se va a prestar.
Desde el mercado de capitales, que fondeó a los grandes, el Gobierno se llevó al mayor inversor; las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) y se viene el crédito dirigido desde el Estado. En el sistema bursátil hay una mejora de los títulos públicos -se puede repatriar capital para comprarlos- mientras afuera siguen los rescates y tampoco hay certidumbre frente a la caída de instituciones grandes cuyos salvatajes son enormes.
Con este horizonte el inversor comenzará a seguir estas medidas extraordinarias, que no son un plan, que podrían convencer e impulsar o no, porque el blanqueo puede ser otro salto al vacío.








