Caja de resonancia

Por Juan José Concha Martínez - prosecretario de Redacción.

11 Noviembre 2007
MAR DEL PLATA.- “Brindo por la Argentina, por un país distinto, sin exclusiones, sin violencia; brindo por una Argentina educada”. Guillermo Murchison, el presidente del 43º Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), cerró el foro con ese mensaje austero en la medianoche del viernes, pero que reflejó en gran medida el espíritu del encuentro que reunió a unos 600 empresarios, ejecutivos, consultores; hombres de negocios todos.
La actual dirigencia de la entidad se había propuesto debatir cuestiones básicamente estratégicas, temas de fondos, en los que consideran que hay déficit de proyectos y de coincidencias entre los sectores públicos y privados del país.
No obstante, esta intención, la discusión en sí misma, no pudo concretarse: no asistieron las principales figuras del Gobierno. No hubo aquí, como en el año pasado, participantes de primer nivel que llevaran la voz oficial en los paneles (sólo estuvieron presentes Beatriz Nofal, presidenta de la Agencia Nacional de Desarrollo de Inversiones y el embajador en los Estados Unidos, José Octavio Bordón). Esa estrategia oficial de eludir el debate con grupos o sectores que considera enfrentado a sus posiciones hizo, en cambio, sobresalir las voces críticas.
La informalidad laboral y la competitividad, la necesidad de la inclusión social, los estragos que causa la corrupción en los sistemas democráticos, lo mismo que los graves problemas energéticos que sufre el país hicieron foco en la coyuntura y en el inevitable escenario de estos días. La gran deuda pendiente de la Argentina –cada vez más saludablemente reconocida por todos los sectores- debería movilizar, en realidad, muchas más inquietudes y pasiones y no debiera sufrir la marginación de ningún debate.
El Coloquio, aun sin la presencia de los principales empresarios argentinos (Luis Pagani, de Arcor, no fue a esta edición, por ejemplo) mantiene un lugar importante en la agenda política del país: actores de la oposición se concentran allí para construir tribuna; la dirigencia gremial empresaria tiene un espacio para encauzar sus diálogos; el mensaje que surge de los paneles adquiere notoriedad en la opinión pública.
Esa actitud esquiva, ininteligible desde el punto de vista democrático, se transformó en uno de los hechos sobresalientes de este foro. Y el esfuerzo para quitarle hierro al tenue vínculo que hoy existe entre el Gobierno y sectores de la actividad empresaria (¿lo mejorará Cristina?) también dejó en evidencia que esa táctica tampoco asegura una pronta convergencia con el poder. Liderazgo, falta de liderazgo en la construcción de un proyecto común es el concepto abarcador, ausente en estos tiempos en la Argentina.

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