28 Octubre 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Pocas veces como en los días que corren se pudo percibir la existencia de dos países paralelos en la Argentina, al menos en materia económica. El oficial y el real.El difuso acuerdo con los bancos para bajar las tasas de interés, el reflotamiento mediático de los problemas en los alquileres de vivienda, la persistencia de las dudas acerca del verdadero índice de inflación son algunos de los ítems que componen esos mundos paralelos, en una situación que entra en crisis cuando algunas de las partes se entrecruzan y nadie puede dar una explicación convincente de tal contradicción.
La inconsistencia del acuerdo entre el gobierno y las entidades representativas de los bancos puede desnudarse simplemente recurriendo a lo obvio: no existe banco en el mundo que pueda sobrevivir si paga intereses más altos por los depósitos que los que cobra por los préstamos. Así como un comerciante no tiene mucho futuro si vende al público a un precio menor que el que le paga a su proveedor, el ABC de la actividad bancaria por lo siglos de los siglos indica que la tasa activa debe ser superior a la pasiva.
En ese contexto, las tasas de los créditos del país oficial no pueden sostenerse con las de los depósitos del país real, más allá de los artilugios de corto alcance de, por ejemplo, limitar los créditos personales a un tope de $ 5.000 y otorgárselos sólo a clientes (lo que implica, en varios casos, abrir una cuenta cuyo costo de mantenimiento duplica el interés del crédito promocionado).
Sólo basta consultar las tasas de plazos fijos de los principales bancos ("recorrer las pizarras" ya suena a tiempos pre-informáticos) para comprobar que los intereses para colocaciones a más de 90 días son más altos que los de los créditos anunciados pour la galerie. Una solución de manual sería bajar las tasas de los depósitos a niveles compatibles con las de los préstamos del 9 al 12% informados por el Gobierno. Pero en ese caso, habría que admitir que la inflación real es notoriamente superior a la oficial.
En consecuencia, los bancos deberían incurrir en otra contradicción con lo que ellos mismos aseguraron hace apenas dos semanas. Mal que le pese a cierta dirigencia complaciente con el poder, la inflación real no es un "viejo fantasma" agitado por sectores interesados, ni como se aseguró desde el oficialismo, un "relato mediático instalado". Es mucho más que eso: es una denuncia ante la Justicia, acompañada por reclamos permanentes de los técnicos del propio Indec y de profesionales de la Estadística del país y el exterior, por no hacer referencia a la nueva confrontación con las cifras de la Dirección de Estadísticas de Mendoza.
Contradicciones
Porque de ser cierta la inflación del país oficial, ¿qué sentido tendrían los generalizados boicots a los desmedidos aumentos de precios de diferentes productos, si los índices mensuales se ubican debajo del uno por ciento desde febrero? Una de las dos, o las asociaciones de consumidores del país real o la inflación del país oficial, está equivocada. A un año de los acostumbrados anuncios del país oficial, el país real afloró por estos días remarcando algo ya sabido: el plan de créditos hipotecarios para inquilinos de 2006 no dio resultado.
Hubiera sido más sencillo reconocer que si hay algo inmune a cualquier devaluación son los ladrillos, al contrario del salario, por lo general la primera víctima de la depreciación de la moneda con la que se los paga. Pero admitirlo equivaldría a reconocer que, más allá de los discursos, la baja del salario real es la base de este y todos los programas económicos ejecutados en las últimas décadas. Para salir de ese dilema, se recurrieron a las típicas recetas del país oficial, con el anuncio de créditos hipotecarios con una cuota que supuestamente sería igual a la de un alquiler. Un año transcurrido es un lapso más que suficiente para comprobar que el país real siempre se impone. No hay ingeniería financiera que pueda inflar un salario deprimido. Por último, un reciente estudio comparativo del Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano llegó a la conclusión que el salario mínimo de la Argentina es el más alto de América del Sur, en cuanto a poder adquisitivo se refiere. Una buena noticia, si fuera enteramente del país real. Pero el mismo informe advierte que más del 50% de los trabajadores de las PyME percibe un ingreso inferior a un salario que supuestamente es mínimo...
Préstamos a tasas inferiores a los depósitos, boicots a subas de precios con índices que muestran estabilidad, inquilinos que no pueden acceder a líneas de créditos especialmente diseñadas para que dejen de alquilar y sueldos menores al salario mínimo son algunas de las evidencias del choque de los dos países. Se podría seguir, pero este es un panorama económico, no psiquiátrico. (DyN)







