Advierten que el fanatismo ideológico y religioso de Bush perjudica a la ciencia

Fuerte documento firmado por 12.000 investigadores, entre ellos 50 premios Nobel. "La peor administración en la historia de EEUU por su censura a la ciencia".

14 Julio 2007
WASHINGTON, EEUU.- El gobierno de George W. Bush parece decidido, desde su llegada al poder en 2001, a favorecer sus convicciones político-religiosas en detrimento de la ciencia, como lo demuestran las acusaciones de un ex directivo del sistema de salud de Estados Unidos.

Richard Carmona, jefe del servicio federal de Salud Pública de 2002 a 2006, afirmó días atrás ante una comisión del Congreso que la Casa Blanca no lo autorizaba a hablar públicamente o a difundir informes sobre las células madre embrionarias, la píldora del día después o la educación sexual.

Bush prohibió en 2001 el financiamiento público de la investigación sobre células madre procedentes de un embrión humano, con el argumento religioso de que eso equivalía a destruir una vida, ignorando los consejos de científicos sobre el tema.

"Yo estaba aturdido por las manipulaciones políticas y las acciones partidarias de las cuales era testigo y entonces me pregunté si eso era una excepción o la norma", explicó Carmona a los miembros de la comisión.

"Toda información que no va en el sentido de las prioridades de esta administración es ignorada", destacó Michael Halpern de la Union of Concerned Scientists, una influyente asociación de científicos en Estados Unidos.

"Los científicos nos dicen que esta administración es la peor" en la historia estadounidense por su injerencia y su censura de la ciencia, declaró Halpern a la AFP.

La actitud de la Casa Blanca, como el hecho de fomentar el movimiento neocreacionista que impugna la teoría de la evolución, fundamento de la biología moderna, y de negar el factor humano en el calentamiento global, llevó a la Union of Concerned Scientists a organizar una petición en 2004.

El documento fue firmado por más de 12.000 investigadores, incluidos 50 Premios Nobel en todas las disciplinas, así como cada uno de los ex principales consejeros científicos de los presidentes estadounidenses, republicanos y demócratas, desde Dwight Eisenhower en la década de 1950.

"Deben aplicarse reformas para separar la ciencia de la política", indica esta petición, que considera "inaceptable toda injerencia política".
La Casa Blanca, que no respondió aún a las acusaciones de Carmona, parece no conmoverse con esta fuerte movilización.

En 2006, el principal climatólogo de la NASA, James Hansen, acusó a la administración Bush, en una entrevista con el New York Times, de ejercer presiones para censurar sus investigaciones sobre el cambio climático, especialmente durante la campaña presidencial de 2004.

Sus dichos fueron confirmados luego por otros empleados de la NASA y llevó a los responsables republicanos y demócratas del Congreso a exigir que la agencia garantizara "una mayor transparencia científica".

Un funcionario del servicio de prensa de la NASA, George Deutsch, un político cercano a la campaña de reelección de Bush acusado por Hansen de impedir que los periodistas lo entrevistaron, debió incluso dimitir.

En su último libro, titulado "The Assault on Reason", el ex vicepresidente Al Gore cuenta que Deutsch, sin formación científica ni título universitario, redactó una nota de servicio a la NASA para los científicos de la agencia que decía, según sus propias palabras, que el Big Bang "no era un hecho probado sino una opinión". (AFP-NA)

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