17 Junio 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- “Durante los últimos meses muchos productores enfrentaron problemas para abastecerse de gasoil. ‘Hay mucha demanda por la cosecha’; ‘no entregan las refinerías’; ‘haga su pedido rápido porque tardan mucho en reponer los tanques’, fueron las respuestas que se recibieron en los centros de distribución. ¿Qué está pasando con los combustibles? El mercado internacional está muy alterado, la demanda interna crece y la capacidad de refinamiento está cerca del límite. Además, el Gobierno interviene en el mercado interno con retenciones móviles”. Para dejar en claro que los actuales problemas de abastecimiento de gasoil no son producto de cuestiones imponderables sino de una larga imprevisión oficial, al comentario que encabeza esta nota le falta un detalle: lo realizó el INTA en 2004. Tres años antes de una situación crítica que no tomó a nadie por sorpresa. Porque si hubo algo de sobra, fueron los avisos sobre los inconvenientes para responder a la demanda de los diferentes combustibles.
Cualquier persona con un mínimo de tiempo, curiosidad y computadora con conexión a Internet puede encontrar descripciones más o menos similares de años anteriores, que dan cuenta de todos los alertas sobre los inconvenientes en abastecer la demanda de combustibles de los que el Gobierno parece no haber tomado nota.
Como la exposición realizada el año pasado por Daniel Risso en el Instituto Argentino del Petróleo y el Gas, en la que advierte sobre la “caída sostenida de la producción de crudo desde 1998”, a lo que se debe agregar que la capacidad instalada del parque refinador “no ha sufrido variaciones significativas durante los últimos diez años”, en contraposición con el constante incremento de la demanda, un cuello de botella advertido por el propio Risso cuando señaló que “el mix de demanda de naftas/gasoil resultante no se encuentra alineado con la capacidad de producción”.
Tampoco se mostró demasiada pericia a la hora de impulsar el consumo de Gas Natural Comprimido más allá de la capacidad de producción, en una responsabilidad compartida por varios gobiernos. En 1994 el uso de GNC equivalía a menos de la mitad que el de naftas y en 2006 fue casi ocho veces superior. En medio de los dos extremos, hasta se llegó a promocionar desde el Gobierno de Eduardo Duhalde, a través de su ministro de Producción Aníbal Fernández, la conversión del autotransporte público a GNC.
El proyecto fue desechado al poco tiempo al quedar en evidencia que no habría forma de atender al mismo tiempo la creciente demanda interna y los compromisos de exportación de gas a Chile firmados por el ex presidente Carlos Menem. Porque de haberse concretado, el 31 de mayo pasado los centenares de taxistas varados en las proximidades de estaciones de servicio no hubieran estado solos, sino acompañados por quién sabe cuantos colectiveros.
No obstante, veinticuatro horas después de que la crisis de abastecimiento de GNC se hiciera evidente en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, el ministro de Planificación, Julio de Vido, aseguró que el sistema de abastecimiento había respondido “con absoluta solidez”. Pero si con los problemas de abastecimiento de GNC se afecta principalmente al transporte de pasajeros, con el gasoil los alcances abarcan la siembra y el traslado de la producción agropecuaria de diferentes puntos del país, con el consecuente efecto en el precio de los alimentos de primera necesidad.
En ese sentido, los llamados de alerta ya no provienen solamente de los productores rurales sino también de los comerciantes, que temen que el impacto en los precios alcance a otros productos, más allá de los alimentos. ¿Vendrán los tiempos de un índice de precios des-gasoilizado? (DyN)





