El año del dibujo

Cada vez más la población se indigna porque los informes oficiales sobre inflación no coinciden con la experiencia. Por Marcelo Batiz - Agencia DyN.

10 Junio 2007
BUENOS AIRES.- La difusión de los primeros índices de precios al consumidor posteriores al desembarco del Ministerio de Economía en el Indec causó sorpresa e indignación entre la población en general y los expertos en particular. Sin embargo, con el correr de los meses se llegó a un 0,4% correspondiente a mayo que ya ni siquiera indigna. En la enésima confirmación de que la historia se repite primero como tragedia y luego como comedia, la sociedad se lo tomó en broma y hasta el propio gobierno cayó en una contradicción nacida de su propia impericia: mandó a controlar los aumentos en las carnicerías 24 horas después de que el Indec informara que el precio de la carne había bajado...
El quinto IPC mensual dado a conocer después de la virtual intervención del organismo no guarda relación no solo con la sensación que el consumidor común y corriente tiene al realizar sus compras cotidianas. En lo que a estadísticas oficiales se refiere, 2007 marcará un punto de inflexión de una evidente desprolijidad, a tal punto que los precios de la inflación oficial son hasta tres veces inferiores a los que se miden en otros centros urbanos de la Argentina y a los de la encuesta de supermercados. En su apuro por mostrar un IPC "presentable", en el Gobierno se olvidaron de hacer algo similar con el IPC nacional y, en consecuencia, la brecha entre las dos inflaciones se ensancha mes a mes.
Afortunadamente, se cuentan con estadísticas anteriores y posteriores a enero de este año, cuando se dispuso el reemplazo de la directora de Indices de Precios de Consumo, Graciela Bevacqua. Si existiera alguna duda sobre la manipulación, allí van algunas informaciones necesarias:
El IPC de 2006 fue del 9,8%. En el mismo período el IPC nacional (que abarca, además del área metropolitana, otros centros urbanos del interior) fue del 10%. La diferencia fue mínima y esperable si se tiene en cuenta que es casi imposible que todos los precios evolucionen de igual manera en el país.
De los seis centros urbanos medidos por el Indec y las direcciones provinciales de Estadística, en dos la inflación fue menor al IPC (San Luis y Catamarca, con 8,1% cada una), otros dos tuvieron un nivel similar (9,9% en Mendoza y en Tucumán) y en los dos restantes fue levemente superior (10,8% en Santa Fe y 12% en Córdoba).
Los diferentes porcentajes se ubicaron dentro de lo esperable. Nada extraño que justifique prestarle una atención especial... hasta que se conocieron los números de 2007. El quiebre de la tendencia fue notorio. Ya no hay algunos porcentajes superiores y otros inferiores. Todos, absolutamente todos, son mucho más altos que los del IPC del área metropolitana:
El IPC del primer cuatrimestre fue del 3%, inferior al 3,7% del índice nacional y por debajo de cualquier índice que se busque entre las seis provincias: 4,3% en Córdoba, 4,5% en Tucumán, 4,8% Catamarca, 5,2% en San Luis, 5,4% en Santa Fe y 6,3% en Mendoza.
¿Acaso se trata de dos países distintos, al punto que a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires la inflación es un 80% mayor y en Mendoza es más del doble? Los números de 2006 permiten desechar esa posibilidad.
¿Qué pasó, entonces, de un año a otro como para que los precios se disparasen de manera tan desigual? Por lo pronto, podrían señalarse dos razones de peso:
Las negociaciones paritarias entre sindicatos y cámaras empresarias intentar ser monitoreadas desde el Gobierno con una pauta general del 16,5% de aumento salarial, que a veces se cumple. De acuerdo con la anualización de los datos del primer trimestre, la inflación oficial de 2007 sería del 9,2%, pero en Mendoza llegaría al 20,1%. Solamente en el primer caso podría argumentarse que habría una mejora del poder adquisitivo. Con una inflación desmorenizada como la mendocina, los sindicatos pedirían un ajuste adicional para que los sueldos no queden retrasados. Y con ello, la estrategia salarial oficial perdería sustento.
Casi la mitad de la deuda pública reestructurada en 2005 está indexada por CER, a su vez elaborado en base al IPC y no a los otros índices provinciales. Quizás eso explique por qué tanto celo en controlar un índice y liberar los otros.
Un Gobierno que se dice respetuoso de la opinión de los trabajadores podría encontrar la respuesta entre los empleados del Indec, motorizadores de la protesta contra lo que denominan una manipulación. Y que en cada marcha hacia el Ministerio de Economía, expresan su descontento con tres palabras que no dejan lugar a dudas: "no dibujen más". (DyN)

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