15 Mayo 2007 Seguir en 
El fin de la crisis y el cambio de modelo productivo trajo para las empresas locales que lograron sobrevivir nuevos desafíos y una serie de oportunidades asociadas al crecimiento general de la economía y la mejora en la competitividad. En un contexto empresarial marcado por la búsqueda de mayor productividad, los tiempos de los negocios se acortaron y las presiones se volvieron cada vez más fuertes. Este escenario trajo aparejado un conflicto inédito para la mayoría de las compañías: el estrés. La sensación va de la mano de la incertidumbre, como uno de los factores estresantes a todos los niveles de la organización.
En este contexto, la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (Sames) realizó un estudio entre 500 empleados de grandes empresas y Pyme y constató que más del 30% de los evaluados presentaban síntomas de burn out (estar quemado) una de las formas en las que se manifiesta el estrés crónico. De acuerdo con la investigación de la Sames -difundida por el sitio especializado CityEconomika.com - un tercio de los empleados sometidos al Test de Maslach -la evaluación cognitiva más frecuente para evaluar la presión que sufren los empleados en el trabajo-, tuvo un resultado positivo. Es decir que uno de cada tres empleados padece el síndrome de burn out. El trastorno se caracteriza por la aparición de uno o más de los siguientes síntomas:
Despersonalización: se desliga el interés personal de la actividad laboral. Las cuestiones profesionales importan cada vez menos, bajan el nivel de responsabilidad y la sensación de orgullo por lo que se hace.
Disminución de la iniciativa: pérdida de la capacidad para tomar decisiones y resolver conflictos.
Desensibilización emocional: sensación de desgano y falta de energía. Los profesionales se sienten "emocionalmente exhaustos".
Los especialistas del Sames recomendaron a los ejecutivos de las empresas agudizar su visión para detectar con tiempo estos problemas entre sus empleados, para poder recuperarlos y evitar que el rendimiento baje cada vez más.
En este contexto, la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (Sames) realizó un estudio entre 500 empleados de grandes empresas y Pyme y constató que más del 30% de los evaluados presentaban síntomas de burn out (estar quemado) una de las formas en las que se manifiesta el estrés crónico. De acuerdo con la investigación de la Sames -difundida por el sitio especializado CityEconomika.com - un tercio de los empleados sometidos al Test de Maslach -la evaluación cognitiva más frecuente para evaluar la presión que sufren los empleados en el trabajo-, tuvo un resultado positivo. Es decir que uno de cada tres empleados padece el síndrome de burn out. El trastorno se caracteriza por la aparición de uno o más de los siguientes síntomas:
Despersonalización: se desliga el interés personal de la actividad laboral. Las cuestiones profesionales importan cada vez menos, bajan el nivel de responsabilidad y la sensación de orgullo por lo que se hace.
Disminución de la iniciativa: pérdida de la capacidad para tomar decisiones y resolver conflictos.
Desensibilización emocional: sensación de desgano y falta de energía. Los profesionales se sienten "emocionalmente exhaustos".
Los especialistas del Sames recomendaron a los ejecutivos de las empresas agudizar su visión para detectar con tiempo estos problemas entre sus empleados, para poder recuperarlos y evitar que el rendimiento baje cada vez más.








