15 Marzo 2006 Seguir en 

En el prólogo del ya clásico libro “Psicología de la mujer” (1971), un estudio de conflictos bioculturales, la psicoterapeuta norteamericana Judith M. Bardwick planteaba la tesis de que “la pasividad, la dependencia y la carencia de autoestima son las cualidades de personalidad y las variables que diferencian a las mujeres de los hombres”. Analizaba esos tres aspectos desde distintos ángulos, y los efectos de la baja estima en la conducta y en la relación con los demás.
La autora demostraba que la falta de autoestima tiene raíces en el sistema hormonal y reproductivo femenino (la mujer está sometida a ciclos), y también en siglos de civilización, cuando las grandes decisiones eran masculinas. Y explicaba que esas mujeres, cuya estima hacia sí mismas depende exclusivamente de las reacciones de los demás, refuerzan su vulnerabilidad cada vez que no pueden hacer una libre elección. La mujer excesivamente dependiente, la que se siente poco capaz de actuar por sí misma, experimenta una gran necesidad de apoyo, con lo que refuerza la conducta dependiente. La conducta independiente, en cambio, “se manifiesta cuando se tiene la certeza de poder hacer algo por uno mismo, cuando se puede confiar en las propias capacidades y el propio criterio”, afirmaba.
En su opinión, la suma de experiencias frustrantes podría determinar la imposibilidad de alcanzar la independencia. Ponía de ejemplo cómo se perpetuaba la dependencia en los niños que se les coarta libertad al no permitirles que se vistan solos, peinarse, limpiar la habitación.Otro escollo es la forma en que la cultura socializa cada sexo.
La socialización tiene gran influencia
Bardwick afirma que en el varón se refuerza su tendencia a la independencia; en la niña, la socialización acentúa la pasividad y la dependencia. Esto la llevará a elegir relaciones dependientes con los demás. Y diferenciaba la dependencia instrumental (que persigue una ayuda objetiva) de la emocional, que busca el afecto, el apoyo y el consuelo. A su juicio, la aceptación, la estimulación y hasta la explotación de la dependencia emocional femenina han causado la vulnerabilidad de la mujer dependiente, que vive sedienta de apoyo y de seguridad.
La psicóloga Eva Corsini, especialista en psicoanálisis de pareja y en talleres de psicodrama, sostiene: “uno puede tener baja estima en un rol y no en otro. Una mujer puede ser excelente mamá, pero tener dificultades como esposa-amante, ya sea por represiones, inseguridades o por complejos. Puede ser excelente esposa y madre, y tener baja autoestima porque abandonó la carrera que le gustaba, y en lo cultural-profesional quedó en el camino. Su autovaloración es deficitaria: siente baja autoestima por algo en que falló, que abandonó, que no perseveró. Es decir, no llegó al placer de la tarea cumplida.”
Segúnla especialista, lo ideal sería un equilibrio: “algunas personas tienen mucho éxito en lo doméstico o en lo biológico y no tanto en lo profesional. Un mujer de 55 años se sentía plena por tener cuatro hijos, 20 nietos y 10 bisnietos. Tenía una alta valoración de su rol biológico. Pero las mujeres que tienen una profesión y quieren trascender en lo laboral -dice Corsini-, eso no las conformaría”
¿Cuándo y cómo se forma la autoestima? “Desde la infancia a partir de los vínculos con nuestros padres, quienes influencian sobre nosotros y sobre la organización de las instancias de nuestra personalidad”, manifiesta Corsini.
La autoestima ha variado enormemente a la par que los valores y de los códigos morales de la sociedad que han ido evolucionando. No hay que olvidar que recién en el siglo pasado las mujeres se convirtieron en ciudadanas con derecho al voto e ingresaban por primera vez a la universidad.
La autora demostraba que la falta de autoestima tiene raíces en el sistema hormonal y reproductivo femenino (la mujer está sometida a ciclos), y también en siglos de civilización, cuando las grandes decisiones eran masculinas. Y explicaba que esas mujeres, cuya estima hacia sí mismas depende exclusivamente de las reacciones de los demás, refuerzan su vulnerabilidad cada vez que no pueden hacer una libre elección. La mujer excesivamente dependiente, la que se siente poco capaz de actuar por sí misma, experimenta una gran necesidad de apoyo, con lo que refuerza la conducta dependiente. La conducta independiente, en cambio, “se manifiesta cuando se tiene la certeza de poder hacer algo por uno mismo, cuando se puede confiar en las propias capacidades y el propio criterio”, afirmaba.
En su opinión, la suma de experiencias frustrantes podría determinar la imposibilidad de alcanzar la independencia. Ponía de ejemplo cómo se perpetuaba la dependencia en los niños que se les coarta libertad al no permitirles que se vistan solos, peinarse, limpiar la habitación.Otro escollo es la forma en que la cultura socializa cada sexo.
La socialización tiene gran influencia
Bardwick afirma que en el varón se refuerza su tendencia a la independencia; en la niña, la socialización acentúa la pasividad y la dependencia. Esto la llevará a elegir relaciones dependientes con los demás. Y diferenciaba la dependencia instrumental (que persigue una ayuda objetiva) de la emocional, que busca el afecto, el apoyo y el consuelo. A su juicio, la aceptación, la estimulación y hasta la explotación de la dependencia emocional femenina han causado la vulnerabilidad de la mujer dependiente, que vive sedienta de apoyo y de seguridad.
La psicóloga Eva Corsini, especialista en psicoanálisis de pareja y en talleres de psicodrama, sostiene: “uno puede tener baja estima en un rol y no en otro. Una mujer puede ser excelente mamá, pero tener dificultades como esposa-amante, ya sea por represiones, inseguridades o por complejos. Puede ser excelente esposa y madre, y tener baja autoestima porque abandonó la carrera que le gustaba, y en lo cultural-profesional quedó en el camino. Su autovaloración es deficitaria: siente baja autoestima por algo en que falló, que abandonó, que no perseveró. Es decir, no llegó al placer de la tarea cumplida.”
Segúnla especialista, lo ideal sería un equilibrio: “algunas personas tienen mucho éxito en lo doméstico o en lo biológico y no tanto en lo profesional. Un mujer de 55 años se sentía plena por tener cuatro hijos, 20 nietos y 10 bisnietos. Tenía una alta valoración de su rol biológico. Pero las mujeres que tienen una profesión y quieren trascender en lo laboral -dice Corsini-, eso no las conformaría”
¿Cuándo y cómo se forma la autoestima? “Desde la infancia a partir de los vínculos con nuestros padres, quienes influencian sobre nosotros y sobre la organización de las instancias de nuestra personalidad”, manifiesta Corsini.
La autoestima ha variado enormemente a la par que los valores y de los códigos morales de la sociedad que han ido evolucionando. No hay que olvidar que recién en el siglo pasado las mujeres se convirtieron en ciudadanas con derecho al voto e ingresaban por primera vez a la universidad.
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