15 Marzo 2006 Seguir en 

Para alcanzar cierto grado de comprensión sobre la mente de un autista, hay que considerar que sufre una enfermedad que afecta y altera el desarrollo del pensamiento, la percepción, la atención y la comunicación. Además, le produce desórdenes sensoriales, trastornos de conducta, signos de retraso y genera graves problemas para la convivencia. Según las estadísticas, uno de cada 1.000 niños nace autista, con una proporción mayor de varones (una mujer cada cinco varones ). Desde que en 1943 el psiquiatra austríaco Leo Kanner descubrió el autismo, se viene discutiendo el origen de la enfermedad. Durante décadas se creyó que se trataba de una patología de causas emocionales o afectivas. Sin embargo, con el tiempo esta teoría fue descartada.
Aunque la comunidad científica universal esté hoy más cerca de relacionar el origen del autismo con un problema neurobiológico, hasta el momento no existen demasiadas certezas en cuanto a las causas reales. Como explica el Presidente de la Asociación Argentina de Padres de Autistas (APAdeA) y Presidente Honorario de la Federación Argentina de Autismo, Horacio Joffre Galibert, “sobre el autismo es mucho más lo que no se sabe, de lo que se sabe”.
¿Cuándo un chico es autista?
Uno de los problemas de esta enfermedad radica en poder reconocer los primeros síntomas. Galibert dice que “hay que tener en cuenta muchos elementos al determinar si un chico padece autismo, porque esencialmente se diagnostica observando la conducta individual de cada paciente”.
Existen, sin embargo, tres parámetros básicos que sirven para unificar el concepto de autismo a la hora del diagnóstico: la reciprocidad social, la comunicación verbal y no verbal y el comportamiento. Es decir que, para que se hable de autismo, algunos de estos tres parámetros deben estar, en mayor o menor medida, afectados.
En líneas generales, la enfermedad se desarrolla dentro de los primeros tres años de vida, y los síntomas suelen aparecen alrededor de los 18 meses. “Hay otros ejemplos -asegura Galibert-– como el de mi hijo Ignacio, en quien la sintomatología apareció claramente a los siete meses de vida”.
Como dentro del autismo es muy difícil generalizar o encontrar puntos en común, es esencial contar con un equipo de trabajo multidisciplinario, donde el médico o el psicólogo sean uno más junto a los otros especialistas al momento de observar y de trabajar con el paciente. Es que, como explica Galibert, “hay tantos grados de autismo como autistas, lo que transforma cada caso en único e irrepetible”.
Con el tiempo es un chico extraño
La científica inglesa Utha Frith esbozó en uno de sus trabajos una definición que exalta la esencia de los chicos autistas: “son de una belleza cautivante, pero nadie puede pensar que en esas mentes existe algo tan sutil y devastador para el niño y su familia”. Esto es con lo que se encuentran los padres en el primer año. Un chico lindo, despierto, que habla, pero con el tiempo esto se va perdiendo. “Es como una luz que se va apagando. El chico se te va de las manos, se escapa, no sabes qué hacer para recuperarlo y cuando te acordás ya es un ser extraño”, afirma el padre de Ignacio.
Es que la contradicción del autismo genera un alto grado de impotencia en la familia del enfermo. Existen chicos que hablan inglés, pintan, escriben muy bien, pero que quizá no pueden comer solos o vestirse. “Para los padres, ver que un hijo se apaga es una imagen tan terrible que no se puede explicar”, advierte Galibert, y detalla: “lo que más nos cuesta es entenderlo, nos crea un caos muy terrible”.
Tarea de los educadores
Hasta hoy, el autismo no se cura. Pero es importante aclarar que se pueden lograr grandes avances con la educación y la socialización de los pacientes. “Ahora -explica Galibert- se sabe que es mucho más importante la línea educativa que la médica en este tipo de patologías, y que los médicos no están llamados para tratar a autistas, sino que son los educadores los que tiene que tomar esa tarea”. Añadió que “la terapia psicoanalítica no sirve: hay que trabajar con el cuerpo, cansarlo con actividades, con educación física y con tareas recreativas”. “En lo países de avanzada -concluye el presidente de APAdeA- el método que más se usaes el cognitivo-conductual. Se intenta saber el potencial que el chico tiene y se trata de modificar sus conductas para que pueda comer, bañarse o jugar”.
Aunque la comunidad científica universal esté hoy más cerca de relacionar el origen del autismo con un problema neurobiológico, hasta el momento no existen demasiadas certezas en cuanto a las causas reales. Como explica el Presidente de la Asociación Argentina de Padres de Autistas (APAdeA) y Presidente Honorario de la Federación Argentina de Autismo, Horacio Joffre Galibert, “sobre el autismo es mucho más lo que no se sabe, de lo que se sabe”.
¿Cuándo un chico es autista?
Uno de los problemas de esta enfermedad radica en poder reconocer los primeros síntomas. Galibert dice que “hay que tener en cuenta muchos elementos al determinar si un chico padece autismo, porque esencialmente se diagnostica observando la conducta individual de cada paciente”.
Existen, sin embargo, tres parámetros básicos que sirven para unificar el concepto de autismo a la hora del diagnóstico: la reciprocidad social, la comunicación verbal y no verbal y el comportamiento. Es decir que, para que se hable de autismo, algunos de estos tres parámetros deben estar, en mayor o menor medida, afectados.
En líneas generales, la enfermedad se desarrolla dentro de los primeros tres años de vida, y los síntomas suelen aparecen alrededor de los 18 meses. “Hay otros ejemplos -asegura Galibert-– como el de mi hijo Ignacio, en quien la sintomatología apareció claramente a los siete meses de vida”.
Como dentro del autismo es muy difícil generalizar o encontrar puntos en común, es esencial contar con un equipo de trabajo multidisciplinario, donde el médico o el psicólogo sean uno más junto a los otros especialistas al momento de observar y de trabajar con el paciente. Es que, como explica Galibert, “hay tantos grados de autismo como autistas, lo que transforma cada caso en único e irrepetible”.
Con el tiempo es un chico extraño
La científica inglesa Utha Frith esbozó en uno de sus trabajos una definición que exalta la esencia de los chicos autistas: “son de una belleza cautivante, pero nadie puede pensar que en esas mentes existe algo tan sutil y devastador para el niño y su familia”. Esto es con lo que se encuentran los padres en el primer año. Un chico lindo, despierto, que habla, pero con el tiempo esto se va perdiendo. “Es como una luz que se va apagando. El chico se te va de las manos, se escapa, no sabes qué hacer para recuperarlo y cuando te acordás ya es un ser extraño”, afirma el padre de Ignacio.
Es que la contradicción del autismo genera un alto grado de impotencia en la familia del enfermo. Existen chicos que hablan inglés, pintan, escriben muy bien, pero que quizá no pueden comer solos o vestirse. “Para los padres, ver que un hijo se apaga es una imagen tan terrible que no se puede explicar”, advierte Galibert, y detalla: “lo que más nos cuesta es entenderlo, nos crea un caos muy terrible”.
Tarea de los educadores
Hasta hoy, el autismo no se cura. Pero es importante aclarar que se pueden lograr grandes avances con la educación y la socialización de los pacientes. “Ahora -explica Galibert- se sabe que es mucho más importante la línea educativa que la médica en este tipo de patologías, y que los médicos no están llamados para tratar a autistas, sino que son los educadores los que tiene que tomar esa tarea”. Añadió que “la terapia psicoanalítica no sirve: hay que trabajar con el cuerpo, cansarlo con actividades, con educación física y con tareas recreativas”. “En lo países de avanzada -concluye el presidente de APAdeA- el método que más se usaes el cognitivo-conductual. Se intenta saber el potencial que el chico tiene y se trata de modificar sus conductas para que pueda comer, bañarse o jugar”.
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