22 Febrero 2006 Seguir en 

La tentación de comprar anteojos de sol -aún sin receta del oftalmólogo- es muy grande debido a la oferta en diseños, tamaños, formatos y aditamentos como estampados acrílicos y strass en los marcos. También hay una gran variedad de colores y matices en los colores de los lentes que incluyen tonalidades poco convencionales, como el rojo, el amarillo o el azul claro.
La variedad de anteojos se basa en la moda o la originalidad y nada tiene que ver con la salud, pero la conveniencia de utilizarlos sí. Según explica Carlos Argento, profesor titular de Oftalmología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y director del Instituto de la Visión, el daño producido por la luz ultravioleta -o UV, una parte constitutiva de los rayos solares- depende de varios factores: la intensidad de la luz, su longitud de onda y el lugar del ojo en donde se experimenta el daño, entre otros.
Sistema de defensa del ojo
También resultan decisivos los cromóforos orgánicos, que son cuerpos protectores que se encuentran en el cristalino y la retina, y los sistemas de defensa del ojo, que constan de enzimas antioxidantes, vitaminas y pigmentos.
La mayoría de la luz ultravioleta que llega al ojo es absorbida por el cristalino -la pequeña lente natural del ojo- y por la córnea. Sin embargo, según datos publicados por la revista “Mundo oftalmológico”, del Consejo Argentino de Oftalmología, hasta los 10 años el 75% de la radiación ultravioleta se transmite por el cristalino, mientras que en las personas de 30 años es el 10% el que se transmite por esta vía. El caso es que, como indica Argento, una exposición aguda a una alta intensidad de radiación ultravioleta puede producir fotoqueratitis o retinopatía solar, lesiones que se dan en la córnea y en la retina, respectivamente.
El oftalmólogo indicará qué lentes usar
Pero el hecho de que la mayoría de los anteojos de sol que usa la gente en verano no se compren en ópticas, sino en puestos callejeros, en tiendas de accesorios o en boutiques, trae aparejados dos inconvenientes para la salud visual. Por un lado, que nadie puede garantizar la calidad de los lentes, la cual si es deficiente puede causar problemas tales como dolor de cabeza, por ejemplo. Por otro lado, esa compra implica que la persona no ha realizado la consulta de rigor con el médico oftalmólogo.
Además de indicar los lentes más apropiados para las características y las necesidades de la persona, el oftalmólogo puede descubrir y tratar tempranamente trastornos de la visión, algunos realmente graves como el queratocono, que es la deformación progresiva de la córnea, el glaucoma -fruto del exceso de presión intraocular, que no tiene nada que ver con la presión arterial y que si no es tratada puede desembocar en la ceguera- o las maculopatías relacionadas con la edad.
No es el color del lente lo importante a la hora de elegirlos, sino que cuenten con una protección contra la radiación ultravioleta. A este fin son convenientes los anteojos que aseguren una filtración del 99% de los rayos UV, o lo que es lo mismo, una absorción de 400 nm (nanómetros), que es la longitud de onda que corresponde a esa gama de radiación solar.
La luz del sol puede descomponerse en todos los colores visibles del espectro -los que forman el arco iris-, cada uno de los cuales pertenece a una frecuencia y una longitud de onda determinadas, pero también está conformada por otros “colores” no visibles: los que tienen una longitud de onda mayor que la luz roja (infrarrojos) o menor que el violeta (los UV, precisamente). De acuerdo con la Academia Estadounidense de Oftalmología -AOA, por sus siglas en inglés- los rayos infrarrojos, que se usan, por ejemplo, en controles remotos y dispositivos de cerramiento, no afectan a la vista.
La variedad de anteojos se basa en la moda o la originalidad y nada tiene que ver con la salud, pero la conveniencia de utilizarlos sí. Según explica Carlos Argento, profesor titular de Oftalmología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y director del Instituto de la Visión, el daño producido por la luz ultravioleta -o UV, una parte constitutiva de los rayos solares- depende de varios factores: la intensidad de la luz, su longitud de onda y el lugar del ojo en donde se experimenta el daño, entre otros.
Sistema de defensa del ojo
También resultan decisivos los cromóforos orgánicos, que son cuerpos protectores que se encuentran en el cristalino y la retina, y los sistemas de defensa del ojo, que constan de enzimas antioxidantes, vitaminas y pigmentos.
La mayoría de la luz ultravioleta que llega al ojo es absorbida por el cristalino -la pequeña lente natural del ojo- y por la córnea. Sin embargo, según datos publicados por la revista “Mundo oftalmológico”, del Consejo Argentino de Oftalmología, hasta los 10 años el 75% de la radiación ultravioleta se transmite por el cristalino, mientras que en las personas de 30 años es el 10% el que se transmite por esta vía. El caso es que, como indica Argento, una exposición aguda a una alta intensidad de radiación ultravioleta puede producir fotoqueratitis o retinopatía solar, lesiones que se dan en la córnea y en la retina, respectivamente.
El oftalmólogo indicará qué lentes usar
Pero el hecho de que la mayoría de los anteojos de sol que usa la gente en verano no se compren en ópticas, sino en puestos callejeros, en tiendas de accesorios o en boutiques, trae aparejados dos inconvenientes para la salud visual. Por un lado, que nadie puede garantizar la calidad de los lentes, la cual si es deficiente puede causar problemas tales como dolor de cabeza, por ejemplo. Por otro lado, esa compra implica que la persona no ha realizado la consulta de rigor con el médico oftalmólogo.
Además de indicar los lentes más apropiados para las características y las necesidades de la persona, el oftalmólogo puede descubrir y tratar tempranamente trastornos de la visión, algunos realmente graves como el queratocono, que es la deformación progresiva de la córnea, el glaucoma -fruto del exceso de presión intraocular, que no tiene nada que ver con la presión arterial y que si no es tratada puede desembocar en la ceguera- o las maculopatías relacionadas con la edad.
El color de la lente es lo menos importante
No es el color del lente lo importante a la hora de elegirlos, sino que cuenten con una protección contra la radiación ultravioleta. A este fin son convenientes los anteojos que aseguren una filtración del 99% de los rayos UV, o lo que es lo mismo, una absorción de 400 nm (nanómetros), que es la longitud de onda que corresponde a esa gama de radiación solar.
La luz del sol puede descomponerse en todos los colores visibles del espectro -los que forman el arco iris-, cada uno de los cuales pertenece a una frecuencia y una longitud de onda determinadas, pero también está conformada por otros “colores” no visibles: los que tienen una longitud de onda mayor que la luz roja (infrarrojos) o menor que el violeta (los UV, precisamente). De acuerdo con la Academia Estadounidense de Oftalmología -AOA, por sus siglas en inglés- los rayos infrarrojos, que se usan, por ejemplo, en controles remotos y dispositivos de cerramiento, no afectan a la vista.
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