22 Febrero 2006 Seguir en 

Especialmente a raíz de la mayor proyección social y laboral de las mujeres, la sexualidad femenina sufrió una revolución y una evolución fenomenales. La búsqueda de la propia satisfacción deja de considerarse indecente y, para muchas, es hasta una simple cuestión de salud.
La identidad femenina abandona así los habituales caracteres de sumisión al varón, resignación pasiva y relegamiento en el mundo doméstico -y como complemento de eso, la existencia de “las otras” mujeres, destinadas a que los hombres adquieran su experiencia sexual-, valores tan profundamente arraigados a través de siglos en la cultura y que siguen disciplinando a buena parte de la sociedad.
Período de transición
Pero, ¿qué ha pasado mientras tanto con la sexualidad del varón? ¿Dónde y cómo han quedado parados los varones frente a estos cambios, frente a la inseminación artificial y frente a la posibilidad de las mujeres de satisfacerse sexualmente? El sexólogo León Roberto Gindín, quien trata de develar estos interrogantes en su reciente libro “La nueva sexualidad del varón”, sugiere que si bien, como indicó a SALUD, el varón “está experimentando una transición, desde el clásico lugar del macho inseminador hacia lo que podríamos llamar un `hombre receptivo`”, la evolución no ha sido pareja en el hombre y en la mujer.
La pesada carga de ser varón
En muchas circunstancias el hombre, según observa Gindín, “no sabe cómo manejarse con ambos modelos de mujer: la antigua sometida y la nueva luchadora, y por eso cae en constantes contradicciones que lo llevan a serios e importantes conflictos en su vida íntima. Así es como más del 70% de las consultas sexológicas hoy se deben a disfunciones del varón, “a pesar de que las estadísticas confiables afirman que la incidencia de problemas sexuales femeninos es mucho mayor”, remarca.
Saber todo sobre sexo, ser los responsables de conducir la relación con la mujer, estar siempre listos, poder con todas las mujeres eran las condiciones para ser hombre -sexualmente hablando- en el imaginario tradicional: el “modelo machista”.Los nuevos varones, sugiere el experto, son los que poco a poco van dejando de lado esos prejuicios. Aunque se ocupa de aclarar, citando a otro autor, que la propia idea de que “en esta era tan avanzada, los mitos precedentes ya no tienen ningún efecto sobre nosotros” es, también, un mito, sin demasiado sustento.
No obstante, identifica nuevas preocupaciones,como falta de información frente a la nueva actitud exigente de las mujeres; las nuevas significaciones del rechazo; la iniciativa femenina en lo sexual; el sentimiento de competencia entre varones ahora que ellas pueden comparar por sí mismas, “ más los apremios del mundo moderno, que no corresponden con una vida sexual equilibrada”, enfatiza Gindín.
“¿Soy normal, doctor?”
Es la gran duda que aqueja a los hombres sobre su sexualidad, en especial a la frecuencia con la que es capaz de mantener relaciones. Los varones se preocupan tanto por este tema, asegura Gindín, porque desde chicos crecen con el temor de fracasar en las relaciones. Este sentimiento se ve reforzado en la adolescencia por las competencias entre varones.
Conductas y disfunciones
En cuanto a la actividad sexual, la normalidad que tanto lo obsesiona al hombre varía según se base en criterios estadísticos (de modo que sería “normal” lo que hace más de la mitad de la gente), y en este sentido juegan un papel especial las ideas religiosas.
La autosatisfacción, normal desde el punto de vista estadístico y legal (ya que no es ilegal), sería anormal desde cierta óptica religiosa, y ciertas relaciones íntimas, también estadísticamente normales, son consideradas delito, incluso entre cónyuges “en todos los estados norteamericanos, menos en Illinois y Connecticut”.
El libro describe además, entre otros temas, los nuevos modelos de sexualidad masculina, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la genitalidad. Asimismo, analiza las conductas y las prácticas sexuales y cita las disfunciones más frecuentes y las posibilidades de tratamiento.
¿Qué me está pasando?
La idea de que detrás de una disfunción eréctil hay siempre un grave padecimiento psíquico, asegura Gindín en su libro“La nueva sexualidad del varón” , ha quedado atrás. Paralelamente, drogas como el sildenafil han causado un impacto decisivo para hacer que todo funcione casi siempre, pero usarlas para “tapar” un síntoma supone un grave riesgo. Una respuesta sexual insatisfactoria es un mensaje que hay que escuchar.
• Si no le ocurre siempre, o si sólo le ocurre con una o con algunas mujeres y no con otras, es muy probable que el problema no sea orgánico ni farmacológico.
• Si en ciertas ocasiones no sufre disfunción, quizás se trate de un problema de pareja.
• Si hubo antecedentes similares que espontáneamente se superaron, eso habla de una problemática psicológica.
• Si en otra circunstancia lo resolvió sin medicamentos (o si no bajó la dosis de medicación hipotensora, en el caso de un hipertenso), es muy poco probable que ahora la causa sea el medicamento que toma.
• Si hay antecedentes de diabetes en la familia, se debe consultar enseguida al médico: es la enfermedad impotentizante por excelencia.
• Algunos psicofármacos pueden tener efecto negativo sobre la respuesta sexual.
• Conductas agresivas o coléricas, o bien sumisas y vengativas, por parte de la pareja, no ayudan a resolver el problema: sólo una actitud de comprensión y de diálogo puede hacerlo.
• Si la causa de la dificultad es medicamentosa, una actitud íntima más activa de la compañera ayudará a vencer el déficit.
• Si en la vida cotidiana hay problemas para manejar la ansiedad, la angustia y otros problemas, es probable que sea esa dificultad la que se esté trasladando al sexo.
• Las personas que dedican poco espacio a disfrutar de todo lo que hacen, al placer y al goce de la vida cotidiana, pueden que trasladen ese patrón a la intimidad sexual.
La identidad femenina abandona así los habituales caracteres de sumisión al varón, resignación pasiva y relegamiento en el mundo doméstico -y como complemento de eso, la existencia de “las otras” mujeres, destinadas a que los hombres adquieran su experiencia sexual-, valores tan profundamente arraigados a través de siglos en la cultura y que siguen disciplinando a buena parte de la sociedad.
Período de transición
Pero, ¿qué ha pasado mientras tanto con la sexualidad del varón? ¿Dónde y cómo han quedado parados los varones frente a estos cambios, frente a la inseminación artificial y frente a la posibilidad de las mujeres de satisfacerse sexualmente? El sexólogo León Roberto Gindín, quien trata de develar estos interrogantes en su reciente libro “La nueva sexualidad del varón”, sugiere que si bien, como indicó a SALUD, el varón “está experimentando una transición, desde el clásico lugar del macho inseminador hacia lo que podríamos llamar un `hombre receptivo`”, la evolución no ha sido pareja en el hombre y en la mujer.
La pesada carga de ser varón
En muchas circunstancias el hombre, según observa Gindín, “no sabe cómo manejarse con ambos modelos de mujer: la antigua sometida y la nueva luchadora, y por eso cae en constantes contradicciones que lo llevan a serios e importantes conflictos en su vida íntima. Así es como más del 70% de las consultas sexológicas hoy se deben a disfunciones del varón, “a pesar de que las estadísticas confiables afirman que la incidencia de problemas sexuales femeninos es mucho mayor”, remarca.
Saber todo sobre sexo, ser los responsables de conducir la relación con la mujer, estar siempre listos, poder con todas las mujeres eran las condiciones para ser hombre -sexualmente hablando- en el imaginario tradicional: el “modelo machista”.Los nuevos varones, sugiere el experto, son los que poco a poco van dejando de lado esos prejuicios. Aunque se ocupa de aclarar, citando a otro autor, que la propia idea de que “en esta era tan avanzada, los mitos precedentes ya no tienen ningún efecto sobre nosotros” es, también, un mito, sin demasiado sustento.
No obstante, identifica nuevas preocupaciones,como falta de información frente a la nueva actitud exigente de las mujeres; las nuevas significaciones del rechazo; la iniciativa femenina en lo sexual; el sentimiento de competencia entre varones ahora que ellas pueden comparar por sí mismas, “ más los apremios del mundo moderno, que no corresponden con una vida sexual equilibrada”, enfatiza Gindín.
“¿Soy normal, doctor?”
Es la gran duda que aqueja a los hombres sobre su sexualidad, en especial a la frecuencia con la que es capaz de mantener relaciones. Los varones se preocupan tanto por este tema, asegura Gindín, porque desde chicos crecen con el temor de fracasar en las relaciones. Este sentimiento se ve reforzado en la adolescencia por las competencias entre varones.
Conductas y disfunciones
En cuanto a la actividad sexual, la normalidad que tanto lo obsesiona al hombre varía según se base en criterios estadísticos (de modo que sería “normal” lo que hace más de la mitad de la gente), y en este sentido juegan un papel especial las ideas religiosas.
La autosatisfacción, normal desde el punto de vista estadístico y legal (ya que no es ilegal), sería anormal desde cierta óptica religiosa, y ciertas relaciones íntimas, también estadísticamente normales, son consideradas delito, incluso entre cónyuges “en todos los estados norteamericanos, menos en Illinois y Connecticut”.
El libro describe además, entre otros temas, los nuevos modelos de sexualidad masculina, los aspectos fisiológicos y anatómicos de la genitalidad. Asimismo, analiza las conductas y las prácticas sexuales y cita las disfunciones más frecuentes y las posibilidades de tratamiento.
DETRAS DE LA DISFUNCION
¿Qué me está pasando?
La idea de que detrás de una disfunción eréctil hay siempre un grave padecimiento psíquico, asegura Gindín en su libro“La nueva sexualidad del varón” , ha quedado atrás. Paralelamente, drogas como el sildenafil han causado un impacto decisivo para hacer que todo funcione casi siempre, pero usarlas para “tapar” un síntoma supone un grave riesgo. Una respuesta sexual insatisfactoria es un mensaje que hay que escuchar.
• Si no le ocurre siempre, o si sólo le ocurre con una o con algunas mujeres y no con otras, es muy probable que el problema no sea orgánico ni farmacológico.
• Si en ciertas ocasiones no sufre disfunción, quizás se trate de un problema de pareja.
• Si hubo antecedentes similares que espontáneamente se superaron, eso habla de una problemática psicológica.
• Si en otra circunstancia lo resolvió sin medicamentos (o si no bajó la dosis de medicación hipotensora, en el caso de un hipertenso), es muy poco probable que ahora la causa sea el medicamento que toma.
• Si hay antecedentes de diabetes en la familia, se debe consultar enseguida al médico: es la enfermedad impotentizante por excelencia.
• Algunos psicofármacos pueden tener efecto negativo sobre la respuesta sexual.
• Conductas agresivas o coléricas, o bien sumisas y vengativas, por parte de la pareja, no ayudan a resolver el problema: sólo una actitud de comprensión y de diálogo puede hacerlo.
• Si la causa de la dificultad es medicamentosa, una actitud íntima más activa de la compañera ayudará a vencer el déficit.
• Si en la vida cotidiana hay problemas para manejar la ansiedad, la angustia y otros problemas, es probable que sea esa dificultad la que se esté trasladando al sexo.
• Las personas que dedican poco espacio a disfrutar de todo lo que hacen, al placer y al goce de la vida cotidiana, pueden que trasladen ese patrón a la intimidad sexual.
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