26 Octubre 2005 Seguir en 

Formar su propio grupo de pertenencia, tener un lugar en la sociedad, trabajar, tomarse el tiempo necesario para que aprender no sea una presión, tener un lugar de importancia en el ámbito familiar: como necesidades, no son especiales, pero no todos pueden lograrlo, y no a todos les cuesta lo mismo, exista lo que se llama "discapacidad" o no. En el caso de las personas que tienen discapacidades intelectuales leves, todas esas cosas son posibles, aunque por cierto se necesita de medios diferentes para lograrlas. Estas discapacidades tendrán repercusión en la vida social, en la relaciones de la persona con los amigos, en la escuela, y más adelante, también en las posibilidades de integración laboral. Según señalan quienes más están en contacto con estos chicos, o trabajan con estas personas, el desconocimiento hace que el medio les imponga a estos chicos, restricciones innecesarias, sobreprotección.
"Según la intensidad de los apoyos que la sociedad sea capaz de brindarles, se mide el grado de discapacidad", define la licenciada Susana Prego, psicóloga, docente de educación especial y Docente Adjunta de Psicología Infantojuvenil y Retardos Mentales de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA). "Dar apoyo significa que la persona no puede vivir sola, pero sí puede manejarse sola en la calle", grafica.
"Muchas veces no tienen nombre ni apellido las patologías que afectan a estos chicos, que tienen una maduración donde la edad cronológica es superior a la edad mental", señala la profesora Bibiana Schiavone de Pini, vicepresidente de la fundación Trascender, organización formada básicamente por padres y familiares, según explica, con el objetivo de "promover la integración plena" de las personas con este tipo de discapacidad. Entre los planes de la Fundación a largo plazo están el de viviendas tuteladas y de protección patrimonial (dada la mayor vulnerabilidad que pueden llegar a tener para manejarse en las transacciones comerciales con terceros). Pero hay necesidades más inmediatas: "Hay chicos que están integrados laboralmente, que trabajan 8 horas, que tienen una vida autónoma, pero en el momento en que necesitan salir al cine, o ir a bailar, por ejemplo, es muy difícil que lo puedan hacer con sus compañeros de trabajo", ejemplifica Pini. Por ese motivo organizan también actividades sociales y deportivas con coordinadores de grupo.
"Según la intensidad de los apoyos que la sociedad sea capaz de brindarles, se mide el grado de discapacidad", define la licenciada Susana Prego, psicóloga, docente de educación especial y Docente Adjunta de Psicología Infantojuvenil y Retardos Mentales de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA). "Dar apoyo significa que la persona no puede vivir sola, pero sí puede manejarse sola en la calle", grafica.
"Muchas veces no tienen nombre ni apellido las patologías que afectan a estos chicos, que tienen una maduración donde la edad cronológica es superior a la edad mental", señala la profesora Bibiana Schiavone de Pini, vicepresidente de la fundación Trascender, organización formada básicamente por padres y familiares, según explica, con el objetivo de "promover la integración plena" de las personas con este tipo de discapacidad. Entre los planes de la Fundación a largo plazo están el de viviendas tuteladas y de protección patrimonial (dada la mayor vulnerabilidad que pueden llegar a tener para manejarse en las transacciones comerciales con terceros). Pero hay necesidades más inmediatas: "Hay chicos que están integrados laboralmente, que trabajan 8 horas, que tienen una vida autónoma, pero en el momento en que necesitan salir al cine, o ir a bailar, por ejemplo, es muy difícil que lo puedan hacer con sus compañeros de trabajo", ejemplifica Pini. Por ese motivo organizan también actividades sociales y deportivas con coordinadores de grupo.
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