El linfoma es la quinta causa de fallecimiento

Existen varios tipos de este cáncer. Tiene sintomatología típica, pero no siempre se presenta. La biopsia: el diagnóstico seguro.

26 Octubre 2005
"Cuando me diagnosticaron la enfermedad, sentí deseos de saber más de la afección. Por eso, pienso que es importante poder estar en contacto con los que están realizando un tratamiento, ya que compartir la experiencia con otros que ya la hayan vivido, ayuda a estar estar más tranquila y con energía positiva para enfrentar el mal", sostiene la odontóloga Haydeé González, una ex paciente a quien le fue diagnosticado linfoma no Hodgkin en el año 2000, y que hoy preside Linfomas Argentina, asociación de pacientes con linfoma. El gesto es bienvenido: la incidencia de linfomas ha ido aumentado considerablemente y hoy se diagnostican 350.000 por año en el mundo. El término involucra a las enfermedades malignas del sistema linfático, que junto con la médula ósea, el timo y el bazo, constituye el guardián de la inmunidad del organismo. Hoy, el linfoma es la quinta causa de muerte por cáncer en el mundo, después de los tumores de pulmón, mama, colon y melanoma; y la tercera, en los niños, luego de los tumores del sistema nervioso y la leucemia.
Hay variedad de tipos de linfoma: cinco de la llamada enfermedad de Hodgkin, y más de 25 del no Hodgkin. Este último es el tipo más común y se presenta en adultos, con un pico de incidencia entre los 45 y 60 años. La enfermedad de Hodgkin es menos frecuente y ahora suele ser la más fácil de curar. Se presenta con mayor asiduidad entre los 16 y los 24 años y a partir de los 55 años.
Si bien se sospecha que puede tener un origen virósico y hasta de la influencia de ciertos productos químicos de los insecticidas y de los corservantes de la madera, se desconoce la causa que provoca el desarrollo de un linfoma. Los síntomas más comunes son: hinchazón indolora provocada por el agrandamiento de los ganglios linfáticos en el cuello, la ingle o la axila, sudores nocturnos, fiebre, pérdida de peso y cansancio, tos y disnea (dificultad para respirar) y picazón persistente en todo el cuerpo.
Pero el único método de diagnóstico preciso es la biopsia del ganglio linfático afectado por el mal. Aunque González se sentía cansada desde hacía años y tenía febrículas a la noche, no había perdido peso y no presentaba ganglios inflamados visibles. Llegó a la biopsia y al diagnóstico al hacerse una resonancia indicada por un médico de guardia, consultado por una molestia digestiva, se descubrió una masa ganglionar inflamada sospechosa en el mediastino (centro del tórax), de la que se extrajo material para analizar a través de una laparoscopia.

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