Aún cuesta confesar las enfermedades del alma

Prejuicios sociales. La gente oculta los males psiquiátricos, porque los considera vergonzosos, y hasta camuflan fármacos. Temor a "estar loco de remate".

SITUACIONES CONFLICTIVAS.  Las enfermedades psiquiátricos aún generan prejuicios y estigmas. SITUACIONES CONFLICTIVAS. Las enfermedades psiquiátricos aún generan prejuicios y estigmas.
05 Octubre 2005
El miedo a la locura, a la demencia o a cualquier tipo de trastorno psiquiátrico todavía ronda con mucha fuerza entre la población. Y no hace mucho tiempo atrás, apenas dos centurias, se tomaban como males mentales irreversibles, vinculados estrechamente con "degeneración", "posesión" y todos los estigmas imaginables. "Aún hoy -comenta el doctor Javier Didia Attas, psiquiatra coordinador del Área de Adolescencia y del Area de Prevención y Tratamiento de Drogadependencia y Alcoholismo del Hospital Italiano de Buenos Aires?, se ven claramente los prejuicios sociales a las enfermedades psiquiátricas. Sin embargo, aunque todavía es muy mínimo, la gente logra hablar más que antes sobre estos conflictos. Y esto pasa, indudablemente, cuando se maneja información".
Y continúa: "los temas que se refieren a la salud mental son iguales a cualquier otro, hay que conocerlos para perderles el miedo. Hay que romper las barreras oscuras que tiñen a la disciplina. Y ante esto, los medios de comunicación cumplen un papel muy importante. Difundir que las patologías son tratables en todos los casos y reversibles en gran parte, es enseñar a perderles el miedo."Sentado junto al doctor Attas, Carlos Finkelsztein, jefe del Servicio de Psiquiatría y director del Departamento de Investigación del Hospital Italiano, escucha silencioso y asiente con un gesto casi imperceptible, hasta que toma la palabra.
"En todo -indica- está implicado el desconocimiento. Otro de los grandes mitos que abruman a la psiquiatría es la creencia de que todo tratamiento conlleva una inescrupulosa medicación. Si bien el psiquiatra tiene la posibilidad de medicar, no necesariamente lo tiene que hacer. Un psiquiatra dinámico, bien formado, no siempre se vale de la medicación, muchas veces la psicoterapia basta. En cambio, al revés no es posible, el psicólogo no puede saber cuándo el paciente se puede beneficiar con una medicación."
"Al tratamiento psiquiátrico se lo considera más grave que al psicológico. La gente suele creer que quienes acuden al psiquiatra están locos de remate. En cambio, el analista -que últimamente se ha convertido en algo indispensable- supuestamente sosiega y brinda soluciones", dijo Alfredo Job, subjefe del servicioPsiquiatría y Coordinador de Consultorios Externos del mismo hospital, quien opina que estas ciencias no son necesariamente compartimientos estancos.

La clave está en el diálogo sencillo
El doctor Carlos Finkelsztein comentó sobre nuevas áreas de trabajo a la que la especialidad se puede abrir para empezar a revertir miedos y prejuicios . "No sólo a pacientes psiquiátricos sino también, por ejemplo, al señor que está angustiado frente a la operación que le harán dentro de dos días, a la señora que le tuvieron que apuntar una pierna por un accidente, a la mujer que se hará un transplante de órgano ?que debemos ver si está en condiciones psicológicas de recibir este tipo de trauma?. También atendemos junto a los dermatólogos para contemplar, por ejemplo los casos de psoriasis, y los de oftalmología, de obstetricia, de nutrición, por las irregularidades en la alimentación como la bulimia o la anorexia, con la gente de infectología con pacientes con HIV".
Para encontrar respuesta por parte de la población, el profesional debe dejar de esconderse detrás de un cientificismo y buscar maneras llanas y claras de comunicación. Sin embargo no todos los profesionales lo creen así, y colocan una barrera entre él y el paciente: "En última instancia es una cuestión defensiva del profesional ?aclara Alfredo Job?. Hace un uso de sus conocimientos técnicos para establecer una distancia, que se puede plasmar en una suerte de dominio".
"El objetivo del tratamiento es todo lo contrario. Hay que llegar al otro a través de un lenguaje inteligible, para que logre ser socio y colaborador en su juicio. Y, fundamentalmente, comprometerlo con su problemática; de ninguna manera colocarle una pared." Pero estas incomunicaciones no son patrimonio sólo de la medicina: pasan en todas las actividades, aún en las personas encargadas de comunicarse con quienes dan sentido a su profesión". subrayó Job.

Tamaño texto
Comentarios