MOMENTO DE FELICIDAD. Pedro Golato pudo volver a caminar sin agitarse y ahora disfruta su vida sin temores. Lo acompaña feliz su esposa, Marta Díaz.(LA GACETA / Analía Jaramillo)
28 Septiembre 2005 Seguir en 

Hacía más de diez años que el corazón de Pedro Golato, de 59 años, le venía jugando malas pasadas. A medida que el órgano se iba agrandando en forma progresiva (sufría miocardiopatía dilatada), se le acentuaba la insuficiencia cardíaca y esto se traducía en una muy mala calidad de vida. "Ya no podía moverme, me faltaba el aire. Si intentaba caminar unos 40 metros, debía parar para descansar al menos cuatro veces. Poco a poco la enfermedad me iba invalidando. Sufría y me quejaba porque jamás había bebido alcohol ni probado un cigarrillo... Hace siete años, el doctor Carlos Rojas me dijo que la única solución era el trasplante cardíaco. Desde entonces pasé a engrosar la lista del Cucai", contó el paciente.
Hace 45 días, la vida de Golato cambió radicalmente en menos de tres horas. La muerte de un joven salteño de 24 años, cuya familia donó todos sus órganos al Incucai, le prolongó la existencia a cuatro argentinos: el corazón está latiendo en el pecho de Golato, el hígado se injertó a un paciente con enfermedad hepática en Buenos Aires y dos salteños recibieron un riñón cada uno.
LA GACETA siguió de cerca la operación de Golato, que estuvo a cargo del equipo de trasplante del Centro Privado de Cardiología (CPC), en Rivadavia al 500, que dirige el cardiocirujano Julio Dantur. Luego, se realizó una visita al paciente antes de que le dieran el alta. Finalmente, se lo acompañó a su casa del barrio Kennedy, donde recibe a diario atenciones de toda su familia: de su esposa Marta Díaz Acovettro, de sus hijos Fabiola (36), Pablo (35), Sofía (30) y Patricio (25), y de sus seis nietos.
"La rapidez con la que actuó el CUCAI en la ablación y distribución de los órganos nos enorgullece a los tucumanos. Gracias a la eficiencia del operativo y del traslado realizamos rápidamente la operación. El corazón comenzó a funcionar exactamente a los 152 minutos después de implantarlo (unas dos horas y media), y la intervención quirúrgica insumió unos 50 minutos", explicó el doctor Dantur.
El médico aclaró que el corazón es el único órgano que debe ser injertado antes de las cuatro horas de la ablación. "La ablación se hizo en Salta a las 15.45 y a las 18.17 comenzó a latir el corazón de un veinteañero en el pecho de Golato, sin ninguna complicación y sin necesidad de medicamentos o de aparatos especiales. El órgano se trasladó en un avión privado. Hasta ahora, felizmente, sigue funcionando muy bien", detalló el experto.
En su casa de pasaje Payró 3.368, los días transcurren sin apremios ni temores para Golato, quien vive con su esposa y con su hijo Pablo. "A las 7.30 me despierto, empiezo a tomar mis remedios y me levanto alrededor de las 8.30. Cuando hace frío camino dentro de la casa; y si sale el sol me expongo 10 minutos, por recomendación médica. Llevo una dieta sana: como pollo sin piel, pescado, verduras hervidas y compotas", detalló.
Pedro contó cómo el trasplante le cambió la vida. "Me siento muy bien, aunque por un tiempo usaré barbijo porque tengo las defensas bajas. ¡Pero ya puedo caminar sin agitarme!", exclamó contento. También contó que todas las semanas concurre al control médico.
Hace 45 días, la vida de Golato cambió radicalmente en menos de tres horas. La muerte de un joven salteño de 24 años, cuya familia donó todos sus órganos al Incucai, le prolongó la existencia a cuatro argentinos: el corazón está latiendo en el pecho de Golato, el hígado se injertó a un paciente con enfermedad hepática en Buenos Aires y dos salteños recibieron un riñón cada uno.
LA GACETA siguió de cerca la operación de Golato, que estuvo a cargo del equipo de trasplante del Centro Privado de Cardiología (CPC), en Rivadavia al 500, que dirige el cardiocirujano Julio Dantur. Luego, se realizó una visita al paciente antes de que le dieran el alta. Finalmente, se lo acompañó a su casa del barrio Kennedy, donde recibe a diario atenciones de toda su familia: de su esposa Marta Díaz Acovettro, de sus hijos Fabiola (36), Pablo (35), Sofía (30) y Patricio (25), y de sus seis nietos.
"La rapidez con la que actuó el CUCAI en la ablación y distribución de los órganos nos enorgullece a los tucumanos. Gracias a la eficiencia del operativo y del traslado realizamos rápidamente la operación. El corazón comenzó a funcionar exactamente a los 152 minutos después de implantarlo (unas dos horas y media), y la intervención quirúrgica insumió unos 50 minutos", explicó el doctor Dantur.
El médico aclaró que el corazón es el único órgano que debe ser injertado antes de las cuatro horas de la ablación. "La ablación se hizo en Salta a las 15.45 y a las 18.17 comenzó a latir el corazón de un veinteañero en el pecho de Golato, sin ninguna complicación y sin necesidad de medicamentos o de aparatos especiales. El órgano se trasladó en un avión privado. Hasta ahora, felizmente, sigue funcionando muy bien", detalló el experto.
En su casa de pasaje Payró 3.368, los días transcurren sin apremios ni temores para Golato, quien vive con su esposa y con su hijo Pablo. "A las 7.30 me despierto, empiezo a tomar mis remedios y me levanto alrededor de las 8.30. Cuando hace frío camino dentro de la casa; y si sale el sol me expongo 10 minutos, por recomendación médica. Llevo una dieta sana: como pollo sin piel, pescado, verduras hervidas y compotas", detalló.
Pedro contó cómo el trasplante le cambió la vida. "Me siento muy bien, aunque por un tiempo usaré barbijo porque tengo las defensas bajas. ¡Pero ya puedo caminar sin agitarme!", exclamó contento. También contó que todas las semanas concurre al control médico.
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