16 Marzo 2005 Seguir en 

Investigadores norteamericanos han hallado una nueva razón para que las personas incorporen una cantidad adecuada de zinc en su dieta diaria. Según un estudio del Instituto Nacional del Cáncer (NCI, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, una deficiente ingesta de este micronutriente esencial se asociada un riesgo aumentado de desarrollar carcinoma de células escamosas del esófago, una forma usualmente fatal de cáncer que sólo en ese país afecta a 7.000 personas cada año.Aunque diversos estudios realizados en roedores habían encontrado una relación positiva entre el déficit de zinc y el cáncer de esófago, la dificultad para cuantificar la presencia de zinc en las personas siempre obstaculizó la posibilidad de confirmar si esa misma relación se verifica en los seres humanos. "Medir el zinc de la sangre es muy difícil", declaró el doctor Christian Abnet, del Instituto Nacional del Cáncer, y principal autor del estudio publicado en el Journal of the Nacional Cancer Institute.
Para superar esa dificultad, Abnet y sus colegas recurrieron a una técnica muy sofisticada: la espectroscopia fluorescente de rayos X, que al bombardear la muestra con rayos X de alta intensidad hace que el zinc brille. "Esta técnica nos permite medir la concentración de distintos elementos, entre ellos el zinc, directamente en el tejido de interés, lo que la convierte en el mejoro indicador de los efectos sus efectos", explicó el investigador.
La población en riesgo
Una vez definida la herramienta de diagnóstico, el doctor Abnet trabajó con muestras de tejido de esófago obtenidas entre 1985 y 2001 en la localidad de Linzhou, China, cuya población presenta un alto riesgo de cáncer de esófago, como resultado de una dieta pobre en carne y con alto contenido de granos, lo que conlleva una pobre ingesta de zinc.
Un estudio previo ya había señalado que los habitantes de esta región consumen entre el 62 y el 72% de la cantidad de zinc diaria recomendada por las guías alimentarias de los Estados Unidos.
Así, el doctor Abnet encontró que las personas que habían padecido cáncer de esófago tenían una concentración menor de zinc en esos tejidos que las personas sanas. Además, los investigadores demostraron que las personas que consumían una cantidad elevada de zinc a través de los alimentos tenían un riesgo de cáncer de esófago cinco veces menor que las personas que llevaban una dieta deficitaria en este micronutriente esencial.
Es más, el 90% de los individuos que consumían una mayor cantidad de alimentos con alto contenido de zinc estaban vivos y no habían padecido cáncer durante los 16 años que duró el estudio, mientras que podía decirse lo mismo sólo del 65% de los sujetos que menos zinc consumían. Para el doctor Abnet y sus colegas del Instituto Nacional del Cáncer, el estudio confirma la importante del zinc dentro de la alimentación cotidiana, como forma de prevenir afecciones oncológicas.
Dónde se encuentra
Existe una gran variedad de alimentos que contienen zinc, particularmente alimentos de alto contenido proteico. Una dieta vegetariana ofrece una cantidad de zinc inferior a una dieta que contenga carnes animales, por lo que es especialmente importante para los vegetarianos incorporar proteínas a la dieta. Buenas fuentes para ello son los productos lácteos, legumbres, levadura, frutos secos y cereales integrales.
Las semillas de calabaza son una de las fuentes de zinc concentrado más aconsejables para vegetarianos. Sólo un 20% del zinc presente en la dieta es absorbido por el cuerpo. La fibra dietética y el ácido fítico presente en los cereales integrales, legumbres y frutos secos inhibe la absorción de zinc. El ácido fítico forma un complejo insoluble con zinc que el cuerpo no puede absorber, pero una cocción adecuada puede reducir los efectos adversos del ácido fítico y la fibra en la absorción de zinc.
Gran variedad de otras funciones
El zinc, además, cumple con una gran variedad de funciones y juega un papel de importancia en el crecimiento y la división de células, la síntesis de proteínas, la regeneración del ADN, insulina, el metabolismo de las glándulas sexuales y la función renal.
Para superar esa dificultad, Abnet y sus colegas recurrieron a una técnica muy sofisticada: la espectroscopia fluorescente de rayos X, que al bombardear la muestra con rayos X de alta intensidad hace que el zinc brille. "Esta técnica nos permite medir la concentración de distintos elementos, entre ellos el zinc, directamente en el tejido de interés, lo que la convierte en el mejoro indicador de los efectos sus efectos", explicó el investigador.
La población en riesgo
Una vez definida la herramienta de diagnóstico, el doctor Abnet trabajó con muestras de tejido de esófago obtenidas entre 1985 y 2001 en la localidad de Linzhou, China, cuya población presenta un alto riesgo de cáncer de esófago, como resultado de una dieta pobre en carne y con alto contenido de granos, lo que conlleva una pobre ingesta de zinc.
Un estudio previo ya había señalado que los habitantes de esta región consumen entre el 62 y el 72% de la cantidad de zinc diaria recomendada por las guías alimentarias de los Estados Unidos.
Así, el doctor Abnet encontró que las personas que habían padecido cáncer de esófago tenían una concentración menor de zinc en esos tejidos que las personas sanas. Además, los investigadores demostraron que las personas que consumían una cantidad elevada de zinc a través de los alimentos tenían un riesgo de cáncer de esófago cinco veces menor que las personas que llevaban una dieta deficitaria en este micronutriente esencial.
Es más, el 90% de los individuos que consumían una mayor cantidad de alimentos con alto contenido de zinc estaban vivos y no habían padecido cáncer durante los 16 años que duró el estudio, mientras que podía decirse lo mismo sólo del 65% de los sujetos que menos zinc consumían. Para el doctor Abnet y sus colegas del Instituto Nacional del Cáncer, el estudio confirma la importante del zinc dentro de la alimentación cotidiana, como forma de prevenir afecciones oncológicas.
Dónde se encuentra
Existe una gran variedad de alimentos que contienen zinc, particularmente alimentos de alto contenido proteico. Una dieta vegetariana ofrece una cantidad de zinc inferior a una dieta que contenga carnes animales, por lo que es especialmente importante para los vegetarianos incorporar proteínas a la dieta. Buenas fuentes para ello son los productos lácteos, legumbres, levadura, frutos secos y cereales integrales.
Las semillas de calabaza son una de las fuentes de zinc concentrado más aconsejables para vegetarianos. Sólo un 20% del zinc presente en la dieta es absorbido por el cuerpo. La fibra dietética y el ácido fítico presente en los cereales integrales, legumbres y frutos secos inhibe la absorción de zinc. El ácido fítico forma un complejo insoluble con zinc que el cuerpo no puede absorber, pero una cocción adecuada puede reducir los efectos adversos del ácido fítico y la fibra en la absorción de zinc.
Gran variedad de otras funciones
El zinc, además, cumple con una gran variedad de funciones y juega un papel de importancia en el crecimiento y la división de células, la síntesis de proteínas, la regeneración del ADN, insulina, el metabolismo de las glándulas sexuales y la función renal.
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