Comienzo de clases

En los hogares con hijos que se inician en la educacion primaria, cambian las relaciones frente a un nuevo ambito de pertenencia: la escuela.

02 Marzo 2005
Esperado por unos y temido por otros, el comienzo de las clases es un cambio total en la dinámica de la familia, pero especialmente en la transición desde el preescolar hacia la primaria, y más tarde de la primaria a la secundaria. En todos los casos se dan situaciones de particular ansiedad, donde los padres están involucrados en forma directa. La adaptación al nuevo mundo de la educación y de las relaciones grupales repercute en la salud. Las escuelas deben funcionar como acompañantes de las familias en el área de la salud, ya que hay chicos que van una sola vez al médico. Esto ocurre, según especialistas, porque los papás están cada vez más desbordados por sus trabajos. La continuidad en la atención sanitaria debe propulsarse desde la escuela, con acciones conjuntas que involucren a las familias.

Dejar el preescolar e ingresar al nivel primario genera tensión y ansiedades
Para Susana Toporosi, psicóloga especializada en niños y adolescentes del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y coordinadora del Servicio de Adolescencia, calificar de traumático el ingreso de un niño a la escuela es "mucho decir". Pero admite que esa salida del lugar produce, por lo menos, un gran reacomodamiento familiar, y que este es mayor en el ingreso a la escuela primaria que en el jardín de infantes.
En su opinión, esto se debe a las expectativas que se ponen en juego -por la incorporación de normas grupales-, y porque desde allí en adelante, la institución donde pasará gran parte de su tiempo no sólo será, como antes, un lugar donde estar, sino que le demandará, además, un compromiso, el de aprender a leer y escribir. "Se plantea si el niño podrá ingresar en la lectoescritura, lo cual es para muchos una especie de puesta a prueba que genera una gran ansiedad", sostiene Toporosi.
Si bien es cierto que al niño le genera grandes expectativas, en la mayoría de los casos esta ansiedad es transmitida desde la familia por los propios papás, que ponen grandes expectativas en el inicio de ese proceso en el que, desde su punto de vista, se juega si ese niño es inteligente o no; si puede adaptarse o no.

Actitud de los padres
Para poder acompañarlos, los papás deben dejar de lado concepciones propias sobre lo que significa esa instancia "de examen". Si estas son muy rígidas, pueden estar aportando más tensión en ese momento crucial en la vida de sus hijos.
Es que en los mayores suele jugarse, nada menos, el hecho de saber si fueron capaces o no de "generar un chico inteligente", y esta sensación resulta una dificultad a la hora de poder acompañarlos en los logros, necesidades, temores y expectativas de los pequeños. Para Toporosi, sin embargo, lo que realmente se pone en juego es la manera en que esa familia trabajó con las normas. "Ese momento suele tener una historia que, en muchos casos, se ha venido gestando desde el año anterior", señala.

Hablan con el cuerpo
Las llamadas "somatizaciones" se dan cuando esa angustia que sienten los niños, al no poder ellos expresarla verbalmente, se manifiestan en el cuerpo como síntomas: urticaria, dolores de cabeza o de espalda, dolor de estómago, son las formas más frecuentes.
La forma en que estas dificultades se pueden presentar es de lo más variada. "En los primeros grados, las mayores dificultades van a aparecer ante el aprendizaje de la escritura y el cálculo", apunta María Toccaino, psicopedagoga de Salud Mental del Hospital Gutiérrez. La adaptación de los chicos que ya tienen detrás una historia de jardín de infantes es más ventajosa, pero no significa que esas experiencias del nivel preescolar los "inmunicen" de malas experiencias al aprender a leer y escribir.
Los trastornos psicomotores (caídas, dificultad para coordinar movimientos) son otras de las "sorpresas" con las que los padres pueden encontrarse. Las letras muy grandes o la falta de destreza en el manejo de los útiles pueden ser formas leves, que se solucionan con facilidad si se les presta debida atención.

Trastornos del lenguaje
Los trastornos del lenguaje (mal uso de tiempos verbales, dificultad para encontrar palabras adecuadas) pueden detectarse antes de la entrada e los niños a la escuela: una detección temprana ayudará a evitar dificultades mayores cuando aprendan a leer y escribir.
"Hay chicos que hasta el momento habían sido muy inteligentes, pero que presentan problemas de aprendizaje cuando llega el momento de la lectoescritura", advierte.

Adolescentes somatizan la autoexigencia con dolor muscular y contracturas en la espalda

En la consulta de los alumnos de la secundaria se ven hoy con suma frecuencia las somatizaciones causadas por la tensión de la autoexigencia, caracterizadas sobre todo por dolores y contracturas de espalda a un nivel que no deja de llamar la atención en adolescentes a edad tan temprana. Una de las grandes dificultades que aquejan a los adolescentes con el comienzo de las clases, según las especialistas, es el desajuste de los horarios que genera la readaptación, cuando durante las vacaciones vienen acostumbrados a acostarse tarde o estar reunidos en grupos fuera o entro e la casa muchas horas. Muchas de esas horas están solos, sin todo lo que tiene que ver con la contención y el contacto con adultos, con lo cual el regreso a clases es una buena posibilidad de retomar ese contacto Muchos jóvenes y adolescentes llegan a la consulta tanto por dificultades en el aprendizaje, como por dificultades para poder entrar en este sistema.
Según las psicólogas y pedagogas, "la escuela media no siempre puede hacer todas las negociaciones necesarias como para que los adolescentes puedan estar allí".

Necesita apoyo familiar
"Cuando la escuela no implementa estrategias especiales -relata-, los chicos que tienen dificultades quedan por fuera del sistema, sin posibilidades de inserción en el mundo adulto".
Ese suele ser el momento en que las familias suelen decirse: "si no quiere ir a la escuela, no se puede hacer nada", cuando precisamente ese es el momento en que el joven más necesita de la familia. Precisamente los servicios de contención y ayuda con los que cuentan algunas instituciones son los lugares donde la familia puede recurrir para encontrar soluciones cuando se halla desbordada a pensar estrategias de inserción en el mundo y no darse por vencidos rápidamente.

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