No recomiendan dar leche de vaca en el primer año de vida

El alimento deja de ser saludable cuando genera trastornos en la piel, en las vías respiratorias y en el aparato digestivo.

16 Febrero 2005
Múltiples son los beneficios que aporta la leche de vaca en la alimentación diaria en la infancia y durante la etapa de crecimiento. Pero mientras para algunos es sinónimo de bienestar, otros la descartan de su dieta.
El alimento natural, considerado como el más completo y nutritivo, puede causar daños gastrointestinales, respiratorios o dérmicos en el organismo. Esta reacción se debe a algunas de sus veinticinco o más proteínas.
"Si bien todas tienen capacidad alergénica ?indica María Belcev, alergóloga y miembro de la Sociedad Argentina de Medicina Social- la betalactoglobulina presenta el mayor poder antigénico".
Las reacciones adversas a las proteínas de la leche de vaca, de tipo inmunológicas, afectan al 13% de la población mundial. Sólo en Occidente, según datos de un estudio realizado en 2002, el 58% de los niños es alérgico a este alimento y un 3% a sus derivados.
La mayoría de las proteínas de la leche de vaca "producen reacciones alérgicas específicas ligadas a la inmunoglobulina E (IgE), un anticuerpo dirigido contra el producto que actúa como alergeno", explica la especialista.
La patología, generalmente, desaparece con el crecimiento. Otras veces persiste en el tiempo. Se estima que en nuestro país, el 2,5 % de los menores de dos años manifiestan hipersensibilidad a la leche de vaca, y un 22% de ellos continúa con el problema en la segunda década de vida. Por lo tanto, no es tan sana como popularmente se cree.

Problema con historia
La alergia o intolerancia a la leche de vaca no es un fenómeno nuevo, aunque la ciencia aporte pocos datos al respecto. El incremento de la afección es evidente, a nivel mundial, a partir de los años30 hasta los 60, en coincidencia con un incremento de la leche de vaca a edades más tempranas, que ha ido desplazando a la lactancia materna.
Pero desde épocas remotas, los griegos sabían y padecían su existencia. Hipócrates descubre, en el año 370 a.C., los síntomas característicos, tales como el malestar gástrico y la urticaria. Cin siglos después, el primer caso de alergia a la leche de vaca es dado a conocer por Galeno.
Más cercanos, la diarrea y los problemas en el crecimiento aparecen reflejados en la literatura germana de principios del siglo veinte, como parte de la sintomatología. Y Finkelstein remite la primera muerte, tras la ingesta de este alimento, tan sano para algunos y dañino para otros.
De lo expuesto, se desprende que la leche de vaca no se recomienda durante el primer año de vida. Así lo entiende la Academia Americana de Pediatría (AAP).

El cuerpo alerta con ciertas señales
"La alergia a los alimentos es un proceso muy variable y depende de las características biológicas del paciente", dice la doctora María Belcev. Y la diferencia de la intolerancia, es que "el órgano de choque es exclusivamente el aparato digestivo". Normalmente, la persona manifiesta vómitos, cólicos, diarrea, tos, rinoconjuntivitis, trastornos gastrointestinales y respiratorios, urticarias, edemas, dermatitis de contacto o distensión abdominal, entre los síntomas más comunes. La dermatitis atópica aumenta en el mundo. En la Argentina también es notorio ese aumento, especialmente en inmunodeprimidos; más aún tras el destete, debido a que "la leche materna tiene un alto contenido de lactosa, acentuado por la incorporación de la leche de vaca o por las fórmulas lácteas fortificadas", sostiene.

La leche de soja es un buen sustituto
Las reacciones alérgicas son variables en cada organismo. Pueden producirse dentro de la primera hora, a través de manifestaciones cutáneas. Una hora después, en que el 53% de los pacientes presentan trastornos gastrointestinales. O bien, pasadas las 24 horas, con erupciones cutáneas crónicas, diarreas o complicaciones respiratorias, visibles en el veinte por ciento de los enfermos. Más allá de la farmacoterapia clásica como parte del tratamiento, las fórmulas deslactosadas se convierten en una buena opción para el alérgico a las proteínas de la leche de vaca. La doctora Belcev propone, a su vez, a la leche de soja como alimento sustituto, "por su baja alergenicidad y por su sabor aceptable". Y recomienda la incorporación de los probióticos, "que estimulan el sistema inmunológico".

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