10 Noviembre 2004 Seguir en 

El osteópata sueco Per Branemark fue el científico que avanzó más rápido y más a fondo que nadie en las técnicas de implantes dentales, consagrando al titanio puro como el metal más adecuado para utilizar en esta práctica médica. El método fue perfeccionándose, a tal punto, que hoy un paciente sin piezas dentarias puede someterse al procedimiento y siete horas después puede estar disfrutando de una opípara cena. "Esto no es marketing, es una realidad", destacó el profesor de la UBA, José Rodríguez.
La nueva tecnología permite lucir dientes sanos en unas horas
La pérdida de dientes, parcial o total, es un fenómeno que puede producirse por diversas causas y en distintas etapas de la vida, especialmente durante la llamada tercera edad. Las estadísticas señalan que la caída de piezas dentales se debe en un 50 % a las caries y en un 40 % a la paradentosis, una enfermedad que afecta a los tejidos de soporte de los dientes.
Los malos hábitos en el cuidado de la boca, como la higiene incorrecta, aportan lo suyo para que el sarro inflame las encías y estas tiendan a retraerse. Por su parte, el bruxismo, es decir, el hecho de apretar exagerada e inconscientemente los dientes mientras se duerme, son también causa de lesiones.
La ausencia parcial o total de dentadura conlleva no solamente riesgos de salud relacionados con la alimentación, sino también conflictos psicológicos, al interferir en la vida social. Los implantes dentales suele ser una solución a estos problemas.
Historia de la técnica
Es aceptado en el ámbito médico internacional que alrededor de seis millones de personas recuperaron su capacidad masticatoria, y en gran medida su autoestima, gracias a este tipo de procedimientos.
En realidad, los implantes no son un descubrimiento moderno. En el siglo XVIII, ya se practicaban estas técnicas, aunque con algunas connotaciones morbosas. Se implantaban piezas dentales humanas, compradas a personas jóvenes de escasos recursos. Pero el método, más allá de sus aspectos reñidos con lo moral, tampoco resultaba efectivo, ya que el sistema inmunológico humano rechazaba rápidamente a los nuevos habitantes de la boca.
En las primeras décadas del siglo XX ya estaba demostrado que algunos materiales, como el oro y el marfil, tenían un rechazo mucho más lento por parte del organismo, que las piezas óseas humanas.
Fue el osteópata sueco Per Branemark, quien avanzó más rápido y más a fondo que nadie en las técnicas de implantes dentales, consagrando al titanio puro como el metal más adecuado para utilizar en estas prácticas médicas.
Se perfeccionó el método
El método de Branemark, desarrollado originalmente en las universidades de Lund y Gotemburgo, fue perfeccionándose hasta el punto que hoy en día un paciente puede someterse al procedimiento y siete horas después disfrutar de una opípara cena.
"Esto no es marketing, es una realidad", sostuvo el doctor José Heriberto Rodríguez, docente autorizado de la Facultad de Odontología de la UBA, quien el 9 y 10 de diciembre presentará la actualización de esta técnica en el Hospital Bernardo Houssay de Vicente López, provincia de Buenos Aires. La participación es gratuita.
Poder comer en 7 horas
La primera versión de está técnica se presentó al mundo en julio de 2000. Se trata de un sistema de uso inmediato compuesto por dos barras de titanio que funcionan como un bloque integral y no como piezas aisladas. La inferior cuenta con tres implantes que se fijan con tornillos, y la superior es la que porta los dientes.
Se esperaban meses
Antes se debía esperar entre tres y seis meses para la fijación definitiva de los dientes, periodo que tarda el hueso dental para integrarse al organismo, de la misma manera en que un cayo óseo sella una fractura. "Con el nuevo sistema se logra disipar la presión que ejercen los dientes cuando se mastica, sin impedir que se unan el implante y el hueso", explicó Rodríguez.
Recurso especial para desdentados
La presión masticatoria puede calcularse en 1.200 a 1.500 kilogramos por centímetro cuadrado, de ahí que los músculos masticadores sean los más fuertes del organismo". Los creadores del nuevo implante no fueron solamente médicos u odontólogos. La bioingeniería tuvo una participación protagónica. Equipos multidisciplinarios se basaron en el estudio de las plataformas marítimas desde las que se extrae petróleo, permanentemente sometidas a oleajes y otras fuerzas naturales. "Pese a todos los factores externos que influyen en esas estructuras, se mantienen intactos los pilotes sumergidos en el océano", comparó José Rodríguez. Este implante es aplicable a desdentados totales, aunque también en caso de accidentes con fractura de maxilar y pérdida de piezas dentarias. También en casos graves de paradentosis, motivo de pérdida de piezas dentales.
En los últimos dos años, desde su presentación, este procedimiento tuvo actualizaciones en materia de técnica y de resultados. De ellas se hablará en el Hospital Houssay en diciembre. Informes: Tel: (011) 4825-9696 E-mail: carla.rocca@nobelbiocare.com
La nueva tecnología permite lucir dientes sanos en unas horas
La pérdida de dientes, parcial o total, es un fenómeno que puede producirse por diversas causas y en distintas etapas de la vida, especialmente durante la llamada tercera edad. Las estadísticas señalan que la caída de piezas dentales se debe en un 50 % a las caries y en un 40 % a la paradentosis, una enfermedad que afecta a los tejidos de soporte de los dientes.
Los malos hábitos en el cuidado de la boca, como la higiene incorrecta, aportan lo suyo para que el sarro inflame las encías y estas tiendan a retraerse. Por su parte, el bruxismo, es decir, el hecho de apretar exagerada e inconscientemente los dientes mientras se duerme, son también causa de lesiones.
La ausencia parcial o total de dentadura conlleva no solamente riesgos de salud relacionados con la alimentación, sino también conflictos psicológicos, al interferir en la vida social. Los implantes dentales suele ser una solución a estos problemas.
Historia de la técnica
Es aceptado en el ámbito médico internacional que alrededor de seis millones de personas recuperaron su capacidad masticatoria, y en gran medida su autoestima, gracias a este tipo de procedimientos.
En realidad, los implantes no son un descubrimiento moderno. En el siglo XVIII, ya se practicaban estas técnicas, aunque con algunas connotaciones morbosas. Se implantaban piezas dentales humanas, compradas a personas jóvenes de escasos recursos. Pero el método, más allá de sus aspectos reñidos con lo moral, tampoco resultaba efectivo, ya que el sistema inmunológico humano rechazaba rápidamente a los nuevos habitantes de la boca.
En las primeras décadas del siglo XX ya estaba demostrado que algunos materiales, como el oro y el marfil, tenían un rechazo mucho más lento por parte del organismo, que las piezas óseas humanas.
Fue el osteópata sueco Per Branemark, quien avanzó más rápido y más a fondo que nadie en las técnicas de implantes dentales, consagrando al titanio puro como el metal más adecuado para utilizar en estas prácticas médicas.
Se perfeccionó el método
El método de Branemark, desarrollado originalmente en las universidades de Lund y Gotemburgo, fue perfeccionándose hasta el punto que hoy en día un paciente puede someterse al procedimiento y siete horas después disfrutar de una opípara cena.
"Esto no es marketing, es una realidad", sostuvo el doctor José Heriberto Rodríguez, docente autorizado de la Facultad de Odontología de la UBA, quien el 9 y 10 de diciembre presentará la actualización de esta técnica en el Hospital Bernardo Houssay de Vicente López, provincia de Buenos Aires. La participación es gratuita.
Poder comer en 7 horas
La primera versión de está técnica se presentó al mundo en julio de 2000. Se trata de un sistema de uso inmediato compuesto por dos barras de titanio que funcionan como un bloque integral y no como piezas aisladas. La inferior cuenta con tres implantes que se fijan con tornillos, y la superior es la que porta los dientes.
Se esperaban meses
Antes se debía esperar entre tres y seis meses para la fijación definitiva de los dientes, periodo que tarda el hueso dental para integrarse al organismo, de la misma manera en que un cayo óseo sella una fractura. "Con el nuevo sistema se logra disipar la presión que ejercen los dientes cuando se mastica, sin impedir que se unan el implante y el hueso", explicó Rodríguez.
La presión masticatoria puede calcularse en 1.200 a 1.500 kilogramos por centímetro cuadrado, de ahí que los músculos masticadores sean los más fuertes del organismo". Los creadores del nuevo implante no fueron solamente médicos u odontólogos. La bioingeniería tuvo una participación protagónica. Equipos multidisciplinarios se basaron en el estudio de las plataformas marítimas desde las que se extrae petróleo, permanentemente sometidas a oleajes y otras fuerzas naturales. "Pese a todos los factores externos que influyen en esas estructuras, se mantienen intactos los pilotes sumergidos en el océano", comparó José Rodríguez. Este implante es aplicable a desdentados totales, aunque también en caso de accidentes con fractura de maxilar y pérdida de piezas dentarias. También en casos graves de paradentosis, motivo de pérdida de piezas dentales.
En los últimos dos años, desde su presentación, este procedimiento tuvo actualizaciones en materia de técnica y de resultados. De ellas se hablará en el Hospital Houssay en diciembre. Informes: Tel: (011) 4825-9696 E-mail: carla.rocca@nobelbiocare.com
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