03 Noviembre 2004 Seguir en 

La piel de los niños es más sensible y tiende a ampollarse y quemarse con mayor rapidez que la de los adultos, además hay que considerar que por la actividad que realizan al aire libre en colegios, clubes, escuelas deportivas, o colonias de verano, están más expuestos.
Los primeros 18 años son determinantes, ya que el 80% del sol que tomamos en nuestra vida es en ese período y el daño es acumulable, es por eso que se debe proteger al niño de los efectos nocivos de los rayos ultravioletas. El uso del protector solar y la utilización de ropa adecuada, y la sombra de un árbol, o un toldo, va a evitar el daño solar. Varias quemaduras de sol, son un riesgo para adquirir un posible cáncer de piel en la edad adulta.
Bien protegidos
Hay que destacar que los niños menores de un año no deben exponerse al sol directamente y a partir de los seis meses pueden empezar a usar protectores solares. El factor de protección (FPS) adecuado a cada niño la indicará el dermatólogo en base al tipo de piel, pero hay que subrayar que nunca deberá ser inferior a 15. Los más blancos, rubios y pelirrojos necesitan mayor protección, un FPS mas alto.
Lo importante, además del FPS, es la cantidad que se aplica y como cubre toda la piel y deberá renovarse cada dos horas o después de cada baño o mucha sudoración.
Hay que evitar el sol entre las 11 y las 15 horas, buscar la sombra para que jueguen, usar gorros o sombrero y si la piel es muy blanca, una remera de manga larga. Recordar que las nubes dejan pasar el sol y que la arena, el agua y la nieve aumentan su acción.
Existen distintos tipos
Es importante conocer nuestra piel y familiarizarnos con los lunares y los de nuestros hijos, para detectar cualquier cambio. A veces los chicos nacen con lunares, otros van apareciendo con los años, por etapas y no traen problemas y permanecer siempre con iguales características. A veces los lunares pueden transformarse y debemos consultar al especialista.
El cáncer de piel es un crecimiento anormal de las células de la piel. Existen tres tipos: el carcinoma basocelular, el carcinoma espino celular y el melanoma.
Este último es el más peligroso, llegando a producir la muerte, pero diagnosticado en su inicio puede curarse en la mayoría de los casos.
Las personas con mayor riesgo de adquirirlo son:
Quienes tienen piel y ojos claros.
Quienes se exponen en forma prolongada al sol.
Los que durante la infancia han tenido episodios de quemadura solar.
Quienes tienen historia personal o familiar directo con cáncer de piel.
Las personas con muchos lunares.
La enfermedad aparece como un cambio en la piel con mayor frecuencia en las zonas expuestas al sol y se debe sospechar cuando:
Una herida pequeña que no cicatriza.
Un lunar cambia de color, tamaño o forma, pica, duele o sangra.
Aparece un nuevo lunar, mancha o verruga.
La Sociedad Argentina de Dermatología organiza desde hace 10 años la Campaña Nacional de Prevención del Cáncer de Piel, en todo el país, donde se controlan lunares y se brinda información gratuita sobre la manera de evitar la enfermedad.
Los primeros 18 años son determinantes, ya que el 80% del sol que tomamos en nuestra vida es en ese período y el daño es acumulable, es por eso que se debe proteger al niño de los efectos nocivos de los rayos ultravioletas. El uso del protector solar y la utilización de ropa adecuada, y la sombra de un árbol, o un toldo, va a evitar el daño solar. Varias quemaduras de sol, son un riesgo para adquirir un posible cáncer de piel en la edad adulta.
Bien protegidos
Hay que destacar que los niños menores de un año no deben exponerse al sol directamente y a partir de los seis meses pueden empezar a usar protectores solares. El factor de protección (FPS) adecuado a cada niño la indicará el dermatólogo en base al tipo de piel, pero hay que subrayar que nunca deberá ser inferior a 15. Los más blancos, rubios y pelirrojos necesitan mayor protección, un FPS mas alto.
Lo importante, además del FPS, es la cantidad que se aplica y como cubre toda la piel y deberá renovarse cada dos horas o después de cada baño o mucha sudoración.
Hay que evitar el sol entre las 11 y las 15 horas, buscar la sombra para que jueguen, usar gorros o sombrero y si la piel es muy blanca, una remera de manga larga. Recordar que las nubes dejan pasar el sol y que la arena, el agua y la nieve aumentan su acción.
Existen distintos tipos
Es importante conocer nuestra piel y familiarizarnos con los lunares y los de nuestros hijos, para detectar cualquier cambio. A veces los chicos nacen con lunares, otros van apareciendo con los años, por etapas y no traen problemas y permanecer siempre con iguales características. A veces los lunares pueden transformarse y debemos consultar al especialista.
El cáncer de piel es un crecimiento anormal de las células de la piel. Existen tres tipos: el carcinoma basocelular, el carcinoma espino celular y el melanoma.
Este último es el más peligroso, llegando a producir la muerte, pero diagnosticado en su inicio puede curarse en la mayoría de los casos.
Las personas con mayor riesgo de adquirirlo son:
Quienes tienen piel y ojos claros.
Quienes se exponen en forma prolongada al sol.
Los que durante la infancia han tenido episodios de quemadura solar.
Quienes tienen historia personal o familiar directo con cáncer de piel.
Las personas con muchos lunares.
La enfermedad aparece como un cambio en la piel con mayor frecuencia en las zonas expuestas al sol y se debe sospechar cuando:
Una herida pequeña que no cicatriza.
Un lunar cambia de color, tamaño o forma, pica, duele o sangra.
Aparece un nuevo lunar, mancha o verruga.
La Sociedad Argentina de Dermatología organiza desde hace 10 años la Campaña Nacional de Prevención del Cáncer de Piel, en todo el país, donde se controlan lunares y se brinda información gratuita sobre la manera de evitar la enfermedad.
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