Alimentos para tener niños genios

La ciencia también se metió en la dieta de las mujeres embarazadas, para ayudarlas a ellas y a sus hijos en gestación.

27 Octubre 2004
Que el desayuno es la comida más importante del día, en especial para los escolares, no es novedad. La noticia es que ya se sabe cómo armar desde la mamadera hasta las primeras comidas sólidas y los menúes infantiles para optimizar el rendimiento físico e intelectual de los chicos. Es más, la ciencia se metió en la dieta de las mujeres embarazadas, para ayudarlas a ellas y a sus hijos en gestación.
Los azúcares refinados, las harinas comunes y las grasas animales pasaron a la historia porque adormecen las capacidades o les dan un empujón de muy corto alcance. Pero las proteínas, ciertas vitaminas y otros subelementos grasos, junto a los minerales optimizan desde el sistema defensivo del cuerpo hasta la nota del examen de matemáticas.
A continuación, los descubrimientos más recientes de cómo mejorar no sólo el desarrollo físico e intelectual del niño sino también lograr un buen humor y una actitud más despierta frente a los desafíos cotidianos.

Quisiera ser un pez
Ya sea en la escuela o en las tareas que requieran de un simple despliegue de memoria, los menúes muy ricos en grasas conspiran contra el rendimiento intelectual. Las grasas responsables de estos cambios negativos son las de origen animal. Por el contrario, las aptitudes del cerebro aumentan si el menú contiene ácidos grasos esenciales como los Omega-3, presentes en pescados y vegetales.
Estas últimas grasas son las que los expertos recomiendan consumir durante el embarazo ya que atraviesan la placenta, además de enriquecer la composición de la leche materna, cumpliendo un rol fundamental en el desarrollo del sistema nervioso central (cerebro, cerebelo, tronco, médula espinal y nervios) del feto y bebé.
La licenciada en Nutrición María Emilia Mazzei, profesional de la Fundación Favaloro, entre otras instituciones, afirma que cuanto más consuma de pescados de mares profundos y fríos -debido a los ácidos grasos Omega 3 y 6 que contienen estos animales- mejor materia prima tendrá el cerebro del hijo por nacer. Y remarca que los ácidos Omega 3 intervienen directamente en el razonamiento y en la memoria, además de contribuir para una buena visión. La caballa, el atún y las sardinas también previenen el síndrome de atención dispersa (SAD) que afecta más a los varones que a las niñas (los niños de sexo masculino requieren más del Omega 3 que sus pares de género femenino).
Mazzei indica que la mayor incidencia de asma, alergias, eczemas, dolores de cabeza y de estómago, infecciones de oído y piel seca son parte del llamado "síndrome de la modernización", proveniente de la deficiencia de Omega 3 que tiene la comida chatarra. Otros trastornos derivados del déficit de los ácidos grasos Omega 3 son la depresión, la hostilidad, el mal funcionamiento del sistema inmunitario y ciertos trastornos cardíacos.
Los Omega 3 también están en las semillas de lino y en la verdolaga, que se come poco en el país.
La incorporación de ácidos grasos (presentes de manera natural en la leche materna) en fórmulas de alimento para bebés -como los ácidos grasos araquidónico y docosahexaenoico- se probó con resultados exitosos en Estados Unidos. Estas sustancias alimenticias, antes del nacimiento y de la lactancia, también son brindadas por la madre a su hijo en gestación, a través de la placenta.
Científicos de la Retina Foundation of the Southwest, en Dallas, Texas, EE.UU., compararon 56 bebés, que recibieron distintas fórmulas sustitutas de alimento durante 17 semanas. A los 18 meses, se vio que la leche que contenía los dos ácidos grasos nombrados no influía en el caminar, saltar o dibujar; pero sí incrementaba el índice de desarrollo mental, vinculado a la memoria, a la habilidad para resolver problemas sencillos.

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