La persona que sufre ansiedad generalizada no duerme bien

El malestar genera en muchas personas cuadros de depresión. Las personas afectadas no pueden controlarse y muchas veces también sufren de pánico.

17 Septiembre 2003
El trastorno de ansiedad generalizada es una patología frecuente, pero no siempre es detectada. Sus síntomas característicos son la tensión muscular, la fatiga o falta de energía, la inquietud y la impaciencia, la dificultad para concentrarse. Las personas que sufren ansiedad generalizada no duermen bien: les cuesta conciliar el sueño o se despiertan por la noche. Viven siempre preocupados y les cuesta tener la mente en blanco, libre de pensamientos alarmistas.
¿Cómo es posible que un problema con tantos signos pase inadvertido?
Eduardo Keegan, psicólogo, y profesor titular de Clínica Psicológica y Psicoterapias en la Facultad de Psicología, de la UBA, dice que una persona abrumada por problemas de la vida cotidiana suele presentar un cuadro similar al de estos pacientes. En un país en crisis severa, como la Argentina, es fácil atribuir todos estos síntomas a la situación socioeconómica, y considerarla como algo "normal". La ansiedad generalizada es también frecuente en países prósperos, y mucho más en contextos sociales adversos como el de nuestro país.
Lo que caracteriza a las personas afectadas por esta patología es su constante preocupación, excesiva y que escapa a su control. No pueden relajarse y viven torturados por sus expectativas catastróficas. Este malestar genera, en muchas personas, la aparición de un cuadro depresivo.
La enfermedad tiene un curso crónico: suele aparecer en la juventud y extenderse, con oscilaciones, toda la vida. A menudo viene acompañada de otros trastornos de ansiedad, como el trastorno de pánico. Hay cierta disposición genética que la hace más frecuente en ciertas familias, y no es raro que los afectadas abusen de ansiolíticos.
Hay tratamientos farmacológicos y psicológicos para la ansiedad generalizada. Los ansiolíticos pueden controlar la sintomatología con rapidez, pero no son la mejor opción, debido a que pueden generar dependencia y tolerancia -el paciente toma dosis crecientes para lograr el mismo efecto terapéutico-, especialmente cuando su uso no está supervisado por un psiquiatra. Debido a esto, se los suele prescribir en combinación con antidepresivos, que no presentan esos problemas y pueden controlar la ansiedad en el mediano plazo. La medicación es una buena opción, pero presenta el problema de las recaídas: un número considerable de pacientes vuelve a tener síntomas una vez interrumpida la medicación.
En el campo de los tratamientos psicológicos se destaca la terapia cognitivo-conductual, una forma de psicoterapia recientemente desarrollada para este trastorno, y que ha mostrado muy buenos resultados a pesar de una duración relativamente breve.

Usan terapias combinadas
La terapia cognitiva demanda 20 ó 25 sesiones, pero y tiene la ventaja de que los pacientes conservan los logros más que con el tratamiento puramente químico. Su objetivo es flexibilizar el modo de pensar de estas personas, gobernadas por una visión catastrófica. Aconsejan usar al mismo tiempo los tratamientos farmacológico y el psicológico.

Tamaño texto
Comentarios