10 Septiembre 2003 Seguir en 

El autismo infantil es un trastorno que afectaría el desarrollo de las funciones cerebrales de algunos niños, de 0,5 al 3%, según diferentes estudios, y se puede manifestar en los primeros años de vida.
"El signo más evidente es que se comunican emocionalmente con las personas -explica el doctor Miguel Ángel García Coto, director del Centro de Investigaciones del Desarrollo Psico-neurológico (CIDEP), de Buenos Aires. Un niño autista desarrolla gran apego, necesita ser abrazado, se siente muy nervioso cuando no tiene compañía y busca, muy a menudo, cosquillas, juegos corporales o alguna otra actividad que pueda hacer con las personas que tiene contacto habitual y rutinario.
Comparados con otros niños son diferentes, tal vez porque no se inmutan, por ejemplo, ante el estallido de un petardo pero, en cambio, pueden llegar a sufrir un berrinche si escuchan el sonido de una aspiradora. Lloran o ríen sin motivo para quienes están a su lado, pero es probable que los exabruptos emocionales fueron porque miraba, por ejemplo, la cortina de la ventana y alguien la corrió de lugar.
Intereses diferentes
El niño sabe lo que pasa a su alrededor pero no comparte los mismos intereses con las demás personas. "Una mancha en al pared será más atractiva que un juguete. Los pliegues del telón del teatro serán más interesantes que los actores. Y su humor variará según la posibilidad que tenga de seguir viendo aquella mancha o aquel telón".
De alguna manera tienen que manifestar su alegría o disgusto, ya que el 60% de los niños con autismo infantil no tienen lenguaje verbal. "Además, ellos no saben que las personas ignoran lo que les pasa. Tampoco es posible que sepan que sienten y piensan diferente a los demás. Sin embargo, aunque se crea que al niño no le interesa los sentimientos del otro, es muy difícil que le interese lo que no conoce, lo que no sabe que existe. Es más fácil entender que el ciego no puede ver, que comprender que el autismo no pueda llegar a sentir el estado de ánimo de los demás cuando se trasluce a través de los gestos o el tono de voz".
Tienen dificultades en la capacidad para percibir los estados emocionales (habilidades empáticas). Se cree que estos inconvenientes estarían relacionados con trastornos específicos del desarrollo del módulo socio-emocional, a raíz de alteraciones puntuales del desarrollo de funciones cerebrales, conocido como "alteraciones en la mente". "Por eso no detectan señales del estado de ánimo de las demás personas, como así también no determinan la forma en que se desarrollan las relaciones entre las personas".
Manifiestan sus dificultades en organizar su conducta en torno a metas mediatas. "Es decir, poder dirigir una meta, sobre la base de un plan creativo, para solucionar una necesidad propia o algún problema sencillo que se le presente. Su tendencia es actuar mecánicamente. Repite los esquemas aprendidos previamente, por ejemplo, si algo cambia puede ltener una rabieta incontenible, es inflexible, no puede cambiar su conducta", explica García Coto.
Realizan movimientos repetitivos
Por su rígida conducta, el niño autista gasta la mayor parte de su tiempo en actividades, incesantemente, repetitivas, sin utilidad, desde simple movimientos con el cuerpo, golpeteos, alineamientos en filas minuciosas de los objetos que encuentre hasta rituales muy complejos, por ejemplo, relacionados con el orden de la comida servida, la disposición de los comensales, los cubiertos, etc. "Todas estas características podrían estar relacionadas con las funciones ejecutivas cuyo centros más importantes se localizarían en las áreas prefrontales del cerebro. Y, como el autismo es un trastorno neurológico, con mucha frecuencia, alrededor del 30 % de los niños autistas presentan convulsiones".
A un 70% por ciento de los autistas se les asocia al trastorno debilidad mental, dificultad diversa del lenguaje, hiperactividad, autoagresión, depresión, obsesiones, trastornos del sueño o del apetito. El autismo infantil se ubica como un subtipo de los llamados Trastornos Generalizados del Desarrollo, acompañado de otros conocidos como Síndrome de Rett (que afecta a niñas y cuyo sustrato genético ha sido descubierto y publicado en 1999), Síndrome de Asperger (trastorno algo menos discapacitante y reflejado en el personaje principal de la película Forrest Gump), Trastorno Desintegrativo en la Infancia (se manifiesta en los primeros años y tras un período de desarrollo normal), Trastorno con Hiperactividad, Déficit Mental y Estereotipias Motoras (surge tal vez muy tempranamente en la infancia) y los Trastornos Generalizados del Desarrollo Atípicos.
Se percibe de distintas formas
"No hay que evitar el acercamiento a los niños con autismo, simplemente tratar de encontrar el espacio interactivo y para eso es necesario ser flexible y empáticos, de la misma manera que se es cuando se quiere establecer una comunicación con otra persona. Hay que recordar que las personas con autismo tienen diferentes forma de percibir el mundo, no son ni mejores ni peores, sólo diferentes". (Miguel A. García Coto)
"El signo más evidente es que se comunican emocionalmente con las personas -explica el doctor Miguel Ángel García Coto, director del Centro de Investigaciones del Desarrollo Psico-neurológico (CIDEP), de Buenos Aires. Un niño autista desarrolla gran apego, necesita ser abrazado, se siente muy nervioso cuando no tiene compañía y busca, muy a menudo, cosquillas, juegos corporales o alguna otra actividad que pueda hacer con las personas que tiene contacto habitual y rutinario.
Comparados con otros niños son diferentes, tal vez porque no se inmutan, por ejemplo, ante el estallido de un petardo pero, en cambio, pueden llegar a sufrir un berrinche si escuchan el sonido de una aspiradora. Lloran o ríen sin motivo para quienes están a su lado, pero es probable que los exabruptos emocionales fueron porque miraba, por ejemplo, la cortina de la ventana y alguien la corrió de lugar.
Intereses diferentes
El niño sabe lo que pasa a su alrededor pero no comparte los mismos intereses con las demás personas. "Una mancha en al pared será más atractiva que un juguete. Los pliegues del telón del teatro serán más interesantes que los actores. Y su humor variará según la posibilidad que tenga de seguir viendo aquella mancha o aquel telón".
De alguna manera tienen que manifestar su alegría o disgusto, ya que el 60% de los niños con autismo infantil no tienen lenguaje verbal. "Además, ellos no saben que las personas ignoran lo que les pasa. Tampoco es posible que sepan que sienten y piensan diferente a los demás. Sin embargo, aunque se crea que al niño no le interesa los sentimientos del otro, es muy difícil que le interese lo que no conoce, lo que no sabe que existe. Es más fácil entender que el ciego no puede ver, que comprender que el autismo no pueda llegar a sentir el estado de ánimo de los demás cuando se trasluce a través de los gestos o el tono de voz".
Tienen dificultades en la capacidad para percibir los estados emocionales (habilidades empáticas). Se cree que estos inconvenientes estarían relacionados con trastornos específicos del desarrollo del módulo socio-emocional, a raíz de alteraciones puntuales del desarrollo de funciones cerebrales, conocido como "alteraciones en la mente". "Por eso no detectan señales del estado de ánimo de las demás personas, como así también no determinan la forma en que se desarrollan las relaciones entre las personas".
Manifiestan sus dificultades en organizar su conducta en torno a metas mediatas. "Es decir, poder dirigir una meta, sobre la base de un plan creativo, para solucionar una necesidad propia o algún problema sencillo que se le presente. Su tendencia es actuar mecánicamente. Repite los esquemas aprendidos previamente, por ejemplo, si algo cambia puede ltener una rabieta incontenible, es inflexible, no puede cambiar su conducta", explica García Coto.
Realizan movimientos repetitivos
Por su rígida conducta, el niño autista gasta la mayor parte de su tiempo en actividades, incesantemente, repetitivas, sin utilidad, desde simple movimientos con el cuerpo, golpeteos, alineamientos en filas minuciosas de los objetos que encuentre hasta rituales muy complejos, por ejemplo, relacionados con el orden de la comida servida, la disposición de los comensales, los cubiertos, etc. "Todas estas características podrían estar relacionadas con las funciones ejecutivas cuyo centros más importantes se localizarían en las áreas prefrontales del cerebro. Y, como el autismo es un trastorno neurológico, con mucha frecuencia, alrededor del 30 % de los niños autistas presentan convulsiones".
A un 70% por ciento de los autistas se les asocia al trastorno debilidad mental, dificultad diversa del lenguaje, hiperactividad, autoagresión, depresión, obsesiones, trastornos del sueño o del apetito. El autismo infantil se ubica como un subtipo de los llamados Trastornos Generalizados del Desarrollo, acompañado de otros conocidos como Síndrome de Rett (que afecta a niñas y cuyo sustrato genético ha sido descubierto y publicado en 1999), Síndrome de Asperger (trastorno algo menos discapacitante y reflejado en el personaje principal de la película Forrest Gump), Trastorno Desintegrativo en la Infancia (se manifiesta en los primeros años y tras un período de desarrollo normal), Trastorno con Hiperactividad, Déficit Mental y Estereotipias Motoras (surge tal vez muy tempranamente en la infancia) y los Trastornos Generalizados del Desarrollo Atípicos.
Se percibe de distintas formas
"No hay que evitar el acercamiento a los niños con autismo, simplemente tratar de encontrar el espacio interactivo y para eso es necesario ser flexible y empáticos, de la misma manera que se es cuando se quiere establecer una comunicación con otra persona. Hay que recordar que las personas con autismo tienen diferentes forma de percibir el mundo, no son ni mejores ni peores, sólo diferentes". (Miguel A. García Coto)
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