03 Septiembre 2003 Seguir en 

Considerados por la mayoría de la gente como un mal inevitable que de tanto en tanto todos padecen, los hongos cumplen la misma función que los parásitos: se alimentan de animales y de seres humanos, sin retribución.
Esto último debería ser un buen motivo para no permitir su presencia en el cuerpo y combatirlos con los métodos que la medicina y la farmacología han aportado para su curación.En realidad, muchos de los hongos que aparecen con frecuencia en el ser humano forman parte habitual del organismo. Son una amenaza solapada, y se desarrollan ante la menor alteración inmunológica.
Favorecidos por la temperatura corporal, la humedad y hasta la predisposición genética, entre otros factores, se alojan en el cuerpo humano ocasionando molestias de todo tipo. Las micosis pueden ser superficiales y profundas. Existen síntomas que pueden delatar su presencia, por lo que es conveniente estar atentos a las más mínimas señales: picazón, mal olor, lesiones o manchas en la piel, son algunos de los indicios más comunes.
Alrededor del 10% de la población mundial padece algún tipo de micosis y una gran parte de ese porcentaje, ni siquiera sabe que los hongos se han instalado en su cuerpo. En la Argentina, el traslado de ese porcentaje supone la existencia de más de tres millones de personas que padecen el problema.
La mayoría de los hongos que portan los argentinos pertenece a la familia de la cándida, y aparece en la piel, en el tubo digestivo, en la zona genital y en la uretra. El doctor Jorge Finquelievich, director de Micología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dice que "los hongos son comensales del ser humano, porque no mantienen una relación de mutua conveniencia con las personas. En definitiva ellas sólo los padecen".
Necesitan un programa de profilaxis
Hasta hoy no se ha encontrado la forma de revertir una de las características principales de las infecciones fúngicas: la recidiva, es decir, la capacidad que tienen los hongos de reaparecer una y otra vez aunque ya hayan sido curados. Es por eso que en determinadas circunstancias -en ocasiones motivados por el estrés, la llegada del calor o malos hábitos de higiene- pueden resurgir molestas lesiones entre los dedos de los pies, de las manos, en la boca o en diferentes partes del cuerpo que ya fueron oportunamente tratadas.
La patología necesita un plan de profilaxis para disminuir su reaparición.
Para ello, entre otras cosas, "se debe evitar el uso excesivo de telas sintéticas que provocan transpiración y aumentan la temperatura corporal, condiciones que los hongos necesitan para vivir y multiplicarse", precisó Jorge Finquelievich.
Esto último debería ser un buen motivo para no permitir su presencia en el cuerpo y combatirlos con los métodos que la medicina y la farmacología han aportado para su curación.En realidad, muchos de los hongos que aparecen con frecuencia en el ser humano forman parte habitual del organismo. Son una amenaza solapada, y se desarrollan ante la menor alteración inmunológica.
Favorecidos por la temperatura corporal, la humedad y hasta la predisposición genética, entre otros factores, se alojan en el cuerpo humano ocasionando molestias de todo tipo. Las micosis pueden ser superficiales y profundas. Existen síntomas que pueden delatar su presencia, por lo que es conveniente estar atentos a las más mínimas señales: picazón, mal olor, lesiones o manchas en la piel, son algunos de los indicios más comunes.
Alrededor del 10% de la población mundial padece algún tipo de micosis y una gran parte de ese porcentaje, ni siquiera sabe que los hongos se han instalado en su cuerpo. En la Argentina, el traslado de ese porcentaje supone la existencia de más de tres millones de personas que padecen el problema.
La mayoría de los hongos que portan los argentinos pertenece a la familia de la cándida, y aparece en la piel, en el tubo digestivo, en la zona genital y en la uretra. El doctor Jorge Finquelievich, director de Micología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) dice que "los hongos son comensales del ser humano, porque no mantienen una relación de mutua conveniencia con las personas. En definitiva ellas sólo los padecen".
Necesitan un programa de profilaxis
Hasta hoy no se ha encontrado la forma de revertir una de las características principales de las infecciones fúngicas: la recidiva, es decir, la capacidad que tienen los hongos de reaparecer una y otra vez aunque ya hayan sido curados. Es por eso que en determinadas circunstancias -en ocasiones motivados por el estrés, la llegada del calor o malos hábitos de higiene- pueden resurgir molestas lesiones entre los dedos de los pies, de las manos, en la boca o en diferentes partes del cuerpo que ya fueron oportunamente tratadas.
La patología necesita un plan de profilaxis para disminuir su reaparición.
Para ello, entre otras cosas, "se debe evitar el uso excesivo de telas sintéticas que provocan transpiración y aumentan la temperatura corporal, condiciones que los hongos necesitan para vivir y multiplicarse", precisó Jorge Finquelievich.
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