El sexo en tiempo de crisis

Internet es la primera fuente de información. El papel de los medios de comunicación para que los desórdenes sexuales dejen de ser un tabú

13 Agosto 2003
La crisis genera angustia y esta provoca un retraimiento de la comunicación sexual. "Ante una situación de crisis, ya sea personal, familiar o de otra índole, es común que las personas se metan en su interior y anulen todo tipo de actividad sexual", afirma el fundador de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, doctor León Gindin. Pero aclara que el problema -que no radica en los trastornos sino en las consecuencias- tiene raíces orgánicas y psicológicas. En esta nota Gindin explica cómo sobreponerse a la falta de apetito sexual y cómo contrarrestar sus efectos.

Frente a situaciones traumáticas o de crisis, el deseo sexual padece trastornos
Ante una situación de crisis, ya sea personal, familiar o de otras característica, "es común y diría casi habitual que las personas renuncien a la comunicación sexual", explica el médico psicoanalista, León Gindin, sexólogo de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual y fundador de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana y del Centro de Educación, Terapia e Investigación en Sexualidad (Cetis).
En la actualidad León Gindin se desempeña como profesor titular de la cátedra de Sexualidad y Salud en la Universidad Interamericana y en la Universidad de Belgrano, ambas en Buenos Aires. Trabaja como investigador de los trastornos sexuales que acontecen en diferentes crisis del país y recuerda que fue durante la guerra de las Malvinas cuando se interesó en los trastornos del deseo ante situaciones traumáticas o de crisis. "En general -observó- los pacientes sufrían de eyaculación precoz, impotencia y falta de orgasmo, entre otros problemas. Pero el común denominador en todas las personas era la ausencia de deseo sexual".

Suele aparecer la culpa
La crisis genera angustia y la angustia provoca un retraimiento de la situación sexual. "Las personas se meten para adentro y anulan todo tipo de actividad sexual", comenta el especialista. "Además, sentir deseos en momentos drásticos, genera culpa en las personas. Cómo es posible tener ganas de hacer el amor cuando hay guerra en el país, un familiar murió o no se puede levantar la hipoteca de la casa -explica el sexólogo-. En estas ocasiones parecería obligatorio anular todas las acciones que se vinculen con el sexo".
Sin embargo, el problema no radicaría en los trastornos sexuales que genera la crisis sino en las consecuencias. "Aún, después de que todo se ha resuelto, los inconvenientes sexuales continúan. Las personas se acostumbran a una determinada actividad, por ejemplo, si la pareja se acostumbró a tener sexo en forma irregular, no se despojan de ese hábito después del inconveniente sino que lo transforma en rutina."

Aumentan las consultas
Hoy en día se observan más trastornos sexuales en los consultorios que antes. "Dos factores son los causantes de este incremento: se dispone de más información que sirve como guía para orientar al paciente a acudir a las consultas. Y como la medicina y la psicología han encontrado soluciones a la mayoría de los problemas sexuales, las personas acuden confiadas y esperanzadas al consultorio", dice el doctor Gindin. Este especialista participó recientemente en Cariló de las jornadas "Clínicas Sexuales Magnus", donde abordaron distintos aspectos de la crisis y la sexualidad humana, y los beneficios de la administración del sildenafil en esta problemática.
"Uno de los principales promotores de noticias es Internet. Por lo general, antes de venir a las consultas, los pacientes ya han reunido gran información a través de la red. Las nuevas tecnologías nos permiten eludir el famoso problema de esto no se habla que padecieron nuestros antiguos familiares. Las mujeres inevitablemente, tenían que aprender de su compañero. Y si él tenía ideas preconcebidas, su pareja sólo podía someterse a ellas. En un mundo cerrado la única información que se adquiere es la interna y que generalmente no soluciona los conflictos", subraya Gindin.

A los hombres les cuesta pedir ayuda
Antes de 1960 se pensaba que todos los problemas sexuales eran psicológicos. Pero, a partir de ese año nace la metodología diagnóstica médica, principalmente en problemas de sexualidad masculina, que hoy permite conocer si el problema es orgánico o psicológico y abordar el trastorno con mayor precisión.
El gran impacto del año ?99 fue la aparición del sildenafil (Viagra), droga que ayuda a combatir el problema de la disfunción eréctil y que le dio un giro al abordaje de la mayoría de los trastornos sexuales. "Resuelve el problema de un tratamiento largo y apunta directamente a la solución del conflicto. Esto no quiere decir que la persona no deba realizar psicoterapia sexual. El beneficio de la droga es que permite abordar el problema desde el éxito y no desde el fracaso", indica León Gindin

La lucha por el poder
"En tiempos de crisis se incrementan las consultas y lo hacen mucho más los hombres que las mujeres y los jóvenes, aunque esta tendencia está cambiando. Ahora los jóvenes buscan ayuda.
El problema más común en los momentos de crisis es la declinación del deseo. Baja la frecuencia y las ganas de comunicación sexual. Y le siguen las fobias, los miedos. "Los tratamientos sexológicos, en general, son breves y de buenos resultados. La única dificultad es la huída del paciente. Al hombre le cuesta aceptar que necesita ayuda para tener relaciones sexuales. Hay una idea mítica de que todos son omnipotentes y maestros en materia sexual. La crisis más frecuente e importante que sucumbe las relaciones es la lucha por el poder", acota Gindin
"Es muy común cuando el hombre fue criado bajo estructuras rígidas y en el matrimonio no puede implantar ese modelo. Es simple verlo cuando, por ejemplo, la mujer gana más dinero que el marido. En estos casos vienen los dos, hay un trabajo de reestructuración de actitudes y de recomposición del vínculo a través de ejercicios", explica el sexólogo Gindín.

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