30 Julio 2003 Seguir en 

Nuestro país goza de un clima privilegiado. Es cosa sabida y reconocida en el mundo entero. Y en ese aspecto, nuestro astro rey cobra un papel preponderante. Por la incidencia de sus rayos, nuestros bosques andinos crecen a una velocidad que triplica la de las especies de la península escandinava. La explicación es simple: ellos están mucho más cerca del Polo Norte que nuestros territorios más australes del Polo Sur.
Si nos mudamos geográficamente a nuestro noroeste, la situación es óptima. Desde la Puna hasta el sur de nuestros valles calchaquíes, el sol brilla durante 360 días en el año. ¿Se necesita alguna otra justificación para acelerar el uso de la energía solar?
Pareciera que no. Pero, por si fuera poco, ahora se suma la crisis económica que agobia a la inmensa mayoría de argentinos, la vez que otras formas de utilización de combustibles se cobran cada año nuevas víctimas.
De Jujuy a Buenos Aires
Con la intención de concientizar a la población de sus ventajas y contribuir a paliar la contingencia, la ingeniera Susana Mazzolli, investigadora y especialista en el uso de la energía solar, sigue capacitando en la fabricación de hornos solares caseros. Su tarea comenzó en 1988 en su casa de Tilcara, Jujuy. "Allá, ya muchos han adoptado las cocinas y los hornos solares. También se aprovechó la tecnología para el calentamiento del agua", afirma. Fue antes del tendido de los gasoductos. "Ahora hay dos que atraviesan la provincia de Jujuy y llegan a Chile. Si bien la gente tuvo la esperanza de beneficiarse con el gas natural, luego comprobaron que pasaron de largo. Hoy hay gas en la ciudad de Jujuy y alrededores, también en los secaderos de tabaco, pero no acceden a él la poblaciones perdidas de la Quebrada y la Puna".
Solución económica
Y admite que para esos argentinos, no hay solución más económica y urgente. "Habrá que pensarlo para todo el país porque se ahorra combustible, funcionan bien y no requieren demasiado mantenimiento. Y hace un reto a los arquitectos: "Habría que pensar en su instalación al diseñar las casas". Y a los instaladores: "Los que se dedican a calefacción o plomería deberían ir interiorizándose".
Futuro promisorio
Como se ve, la especialista e investigadora de la energía solar, ingeniera Mazzolli, vislumbra un futuro promisorio para el desarrollo de esta tecnología. "No es sólo porque el mundo se va a quedar sin petróleo, sino porque la combustión está dañando al medio ambiente con los gases tóxicos", sostiene.
El monóxido de carbono hace estragos en los pobres
Cada invierno, el monóxido de carbono hace estragos en la salud de los carenciados que calientan su casa y cocinan quemando cualquier cosa que tienen a mano. Y por eso hay que lamentar la pérdida de vidas.
La tecnología de los paneles solares no es nueva. "Hay fábricas de calefones solares en San Luis y en Buenos Aires, pero no existe difusión y capacitación", dice Susana Mazzolli.
"A raíz de la crisis que golpeó a la Argentina, la Dirección General de Educación del gobierno de la Ciudad me convocó para trabajar con los padres de los alumnos de escuelas ubicadas en barrios carenciados dentro del programa "Escuela y Comunidad". Tanto en la villa de emergencia Nº 31, como en la Boca y Villa Lugano, se se concientizó y se capacitó en el uso de la energía solar; la cocción solar y la construcción de los hornos familiares.
Fáciles de hacer
"Los hornos se hacen de un aluminio no muy grueso para que lo puedan doblar las señoras. Se usa, además, madera, vidrio y material aislante", explica. Miden 70 cm de largo por 45 cm de ancho. Son modestos y económicos. Su costo total es de $ 70. No obstante, permiten cocinar verduras, guisos, pan y todo tipo de granos, que son los que más tardan. A veces les regalan porotos de soja, pero necesitan una hora y media de cocción", señala. "La comida nunca se pasa ni se quema", acota.
Una vez terminados, Mazzolli acompaña a las mujeres a sus casas para indicarles cuál es el mejor lugar soleado para instalarlos. Como la Dirección financió los materiales para hacer cuatro hornitos, y no hay recursos para hacer más, los usan rotativamente. Ante esta limitación, Mazzolli también ayuda a organizarse con los horarios para cocinar. Lógicamente, la utilización del horno se amplía con la cantidad de horas del sol.
Si nos mudamos geográficamente a nuestro noroeste, la situación es óptima. Desde la Puna hasta el sur de nuestros valles calchaquíes, el sol brilla durante 360 días en el año. ¿Se necesita alguna otra justificación para acelerar el uso de la energía solar?
Pareciera que no. Pero, por si fuera poco, ahora se suma la crisis económica que agobia a la inmensa mayoría de argentinos, la vez que otras formas de utilización de combustibles se cobran cada año nuevas víctimas.
De Jujuy a Buenos Aires
Con la intención de concientizar a la población de sus ventajas y contribuir a paliar la contingencia, la ingeniera Susana Mazzolli, investigadora y especialista en el uso de la energía solar, sigue capacitando en la fabricación de hornos solares caseros. Su tarea comenzó en 1988 en su casa de Tilcara, Jujuy. "Allá, ya muchos han adoptado las cocinas y los hornos solares. También se aprovechó la tecnología para el calentamiento del agua", afirma. Fue antes del tendido de los gasoductos. "Ahora hay dos que atraviesan la provincia de Jujuy y llegan a Chile. Si bien la gente tuvo la esperanza de beneficiarse con el gas natural, luego comprobaron que pasaron de largo. Hoy hay gas en la ciudad de Jujuy y alrededores, también en los secaderos de tabaco, pero no acceden a él la poblaciones perdidas de la Quebrada y la Puna".
Solución económica
Y admite que para esos argentinos, no hay solución más económica y urgente. "Habrá que pensarlo para todo el país porque se ahorra combustible, funcionan bien y no requieren demasiado mantenimiento. Y hace un reto a los arquitectos: "Habría que pensar en su instalación al diseñar las casas". Y a los instaladores: "Los que se dedican a calefacción o plomería deberían ir interiorizándose".
Futuro promisorio
Como se ve, la especialista e investigadora de la energía solar, ingeniera Mazzolli, vislumbra un futuro promisorio para el desarrollo de esta tecnología. "No es sólo porque el mundo se va a quedar sin petróleo, sino porque la combustión está dañando al medio ambiente con los gases tóxicos", sostiene.
El monóxido de carbono hace estragos en los pobres
Cada invierno, el monóxido de carbono hace estragos en la salud de los carenciados que calientan su casa y cocinan quemando cualquier cosa que tienen a mano. Y por eso hay que lamentar la pérdida de vidas.
La tecnología de los paneles solares no es nueva. "Hay fábricas de calefones solares en San Luis y en Buenos Aires, pero no existe difusión y capacitación", dice Susana Mazzolli.
"A raíz de la crisis que golpeó a la Argentina, la Dirección General de Educación del gobierno de la Ciudad me convocó para trabajar con los padres de los alumnos de escuelas ubicadas en barrios carenciados dentro del programa "Escuela y Comunidad". Tanto en la villa de emergencia Nº 31, como en la Boca y Villa Lugano, se se concientizó y se capacitó en el uso de la energía solar; la cocción solar y la construcción de los hornos familiares.
Fáciles de hacer
"Los hornos se hacen de un aluminio no muy grueso para que lo puedan doblar las señoras. Se usa, además, madera, vidrio y material aislante", explica. Miden 70 cm de largo por 45 cm de ancho. Son modestos y económicos. Su costo total es de $ 70. No obstante, permiten cocinar verduras, guisos, pan y todo tipo de granos, que son los que más tardan. A veces les regalan porotos de soja, pero necesitan una hora y media de cocción", señala. "La comida nunca se pasa ni se quema", acota.
Una vez terminados, Mazzolli acompaña a las mujeres a sus casas para indicarles cuál es el mejor lugar soleado para instalarlos. Como la Dirección financió los materiales para hacer cuatro hornitos, y no hay recursos para hacer más, los usan rotativamente. Ante esta limitación, Mazzolli también ayuda a organizarse con los horarios para cocinar. Lógicamente, la utilización del horno se amplía con la cantidad de horas del sol.
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