09 Julio 2003 Seguir en 

En los últimos cinco años los científicos hicieron grandes progresos en la comprensión del funcionamiento de los ritmos biológicos.
Se sabe que existen ciertos fenómenos inherentes a los seres vivos que ocurren a intervalos regulares, de diferente duración. Reloj en mano, se denomina a esos ciclos ultradianos, si se repiten en lapsos que van desde segundos a minutos, como el ritmo cardíaco; circadianos, si ocurren alrededor de la misma hora, en el espacio de 24 horas, como la sucesión de vigilia y sueño; o infradianos, si se producen a intervalos de varios días.
Cuándo descansar
También se ha descubierto que el reloj biológico controla diferentes aspectos de la fisiología de organismos como las plantas, las bacterias, los hongos, los insectos y los roedores. En el hombre, el "reloj circadiano" le indica, en función de los ciclos de luz solar y oscuridad ocasionados por la rotación de la Tierra, cuándo volcarse a la actividad y cuándo al descanso.
Determina el alerta
Aunque su influencia va más allá de ello; el reloj determina también los momentos del día de máxima alerta, de mayor coordinación manual y de aumento de la fuerza muscular. Por otra parte, le marca el ritmo a mecanismos como la regulación de la temperatura corporal, la variación de presión arterial y la secreción de hormonas como la melatonina, asociada con el buen dormir. Esa hormona, ?que es producida por la glándula pineal durante la noche merced a un estímulo nervioso procedente de la retina y de diferentes núcleos cerebrales? deja de producirse ante la presencia de luz, mientras que la oscuridad estimula su síntesis en todas las especies animales.
Precisión en los ciclos
Diferentes estudios han demostrado que los patrones circadianos se expresan en cada una de las células de los organismos. Si se colocan entonces células humanas bajo la acción de ciclos de luz y oscuridad, en condiciones de laboratorio, se podrá constatar en 24 horas la continuidad de ciclos de actividad génica, o de secreción hormonal. Asimismo, los científicos han observado que los patrones circadianos se manifiestan aún ante la falta de luz natural durante períodos prolongados.
El ajuste es periódico
Eso los llevó a hallar la existencia de un mecanismo natural de compensación o ajuste que los organismos ponen en marcha para sincronizar su reloj biológico con las señales externas, a fin de darle precisión a los ciclos. El ajuste es realizado de manera periódica, y su finalidad es garantizar que el reloj funcione a la perfección, repitiéndose esos ciclos con no más de un minuto de diferencia por día.
Tras décadas de investigación, los científicos ubicaron dos grupos de 10 mil neuronas en el hipotálamo del cerebro de los mamíferos conocidas como núcleos supraquiasmáticos (NSQ), considerados el sitio de asentamiento del reloj biológico. La información viaja desde ciertas células de la retina hacia esos centros, que la "distribuyen" por todo el organismo, manejando los cambios diarios de tensión arterial, el nivel de alerta, la temperatura corporal y la actividad, así como también la secreción de hormonas como la melatonina.
Estudios indican que, además de los NSQ, hay otros relojes circadianos periféricos, ubicados en tejidos y órganos, cuyo funcionamiento es independiente de los NSQ del cerebro. Según esos estudios, la existencia de otros relojes podría explicar por qué algunos procesos se ajustan en forma inmediata (regulación de temperatura, tensión arterial, etcétera.), mientras que otros requieren días (entre ellos, el fenómeno del jet lag, o desarreglo horario producido al viajar grandes distancias).
El hombre y la mosca tienen sistemas parecidos
La doctora María Fernanda Ceriani señala que el vínculo entre el reloj biológico y los desórdenes neurológicos ya ha sido comprobado en ciertas enfermedades, como las depresiones estacionales. "No en vano los países nórdicos tienen una tasa de suicidios mucho más alta que la que experimentan quienes habitan cerca del Ecuador», puntualiza. Para llevar adelante los experimentos, los científicos del Instituto Leloir comparan el patrón de comportamiento observado en una población de moscas modificadas genéticamente, respecto de otra, sin mutaciones.
Para ello, se centran en el análisis de las variaciones que experimentan en la actividad locomotora ambas poblaciones, durante los ciclos de actividad y descanso. Para medir esa actividad colocan a las moscas en pequeños tubos, que contienen alimento en uno de los extremos. Dos sensores conectados a una computadora dan cuenta de los movimientos que realizan las moscas dentro de los tubos, los que se encuentran atravesados por un haz de luz infrarrojo.
"Se demostró que la mosca tiene un reloj muy parecido al de los humanos; casi todos los genes conocidos en el hombre fueron descubiertos primero en la mosca", afirma la experta.
Ceriani explica que, a partir de las similitudes existentes entre la secuencia del gen de la mosca y la de los mamíferos, es posible inferir qué sucede en el hombre. "Sabiendo que un gen determinado cumple cierta función en los mamíferos, puedo alterar el funcionamiento de ese gen en la mosca y observar los cambios que se producen", continúa.
Se sabe que existen ciertos fenómenos inherentes a los seres vivos que ocurren a intervalos regulares, de diferente duración. Reloj en mano, se denomina a esos ciclos ultradianos, si se repiten en lapsos que van desde segundos a minutos, como el ritmo cardíaco; circadianos, si ocurren alrededor de la misma hora, en el espacio de 24 horas, como la sucesión de vigilia y sueño; o infradianos, si se producen a intervalos de varios días.
Cuándo descansar
También se ha descubierto que el reloj biológico controla diferentes aspectos de la fisiología de organismos como las plantas, las bacterias, los hongos, los insectos y los roedores. En el hombre, el "reloj circadiano" le indica, en función de los ciclos de luz solar y oscuridad ocasionados por la rotación de la Tierra, cuándo volcarse a la actividad y cuándo al descanso.
Determina el alerta
Aunque su influencia va más allá de ello; el reloj determina también los momentos del día de máxima alerta, de mayor coordinación manual y de aumento de la fuerza muscular. Por otra parte, le marca el ritmo a mecanismos como la regulación de la temperatura corporal, la variación de presión arterial y la secreción de hormonas como la melatonina, asociada con el buen dormir. Esa hormona, ?que es producida por la glándula pineal durante la noche merced a un estímulo nervioso procedente de la retina y de diferentes núcleos cerebrales? deja de producirse ante la presencia de luz, mientras que la oscuridad estimula su síntesis en todas las especies animales.
Precisión en los ciclos
Diferentes estudios han demostrado que los patrones circadianos se expresan en cada una de las células de los organismos. Si se colocan entonces células humanas bajo la acción de ciclos de luz y oscuridad, en condiciones de laboratorio, se podrá constatar en 24 horas la continuidad de ciclos de actividad génica, o de secreción hormonal. Asimismo, los científicos han observado que los patrones circadianos se manifiestan aún ante la falta de luz natural durante períodos prolongados.
El ajuste es periódico
Eso los llevó a hallar la existencia de un mecanismo natural de compensación o ajuste que los organismos ponen en marcha para sincronizar su reloj biológico con las señales externas, a fin de darle precisión a los ciclos. El ajuste es realizado de manera periódica, y su finalidad es garantizar que el reloj funcione a la perfección, repitiéndose esos ciclos con no más de un minuto de diferencia por día.
Tras décadas de investigación, los científicos ubicaron dos grupos de 10 mil neuronas en el hipotálamo del cerebro de los mamíferos conocidas como núcleos supraquiasmáticos (NSQ), considerados el sitio de asentamiento del reloj biológico. La información viaja desde ciertas células de la retina hacia esos centros, que la "distribuyen" por todo el organismo, manejando los cambios diarios de tensión arterial, el nivel de alerta, la temperatura corporal y la actividad, así como también la secreción de hormonas como la melatonina.
Estudios indican que, además de los NSQ, hay otros relojes circadianos periféricos, ubicados en tejidos y órganos, cuyo funcionamiento es independiente de los NSQ del cerebro. Según esos estudios, la existencia de otros relojes podría explicar por qué algunos procesos se ajustan en forma inmediata (regulación de temperatura, tensión arterial, etcétera.), mientras que otros requieren días (entre ellos, el fenómeno del jet lag, o desarreglo horario producido al viajar grandes distancias).
El hombre y la mosca tienen sistemas parecidos
La doctora María Fernanda Ceriani señala que el vínculo entre el reloj biológico y los desórdenes neurológicos ya ha sido comprobado en ciertas enfermedades, como las depresiones estacionales. "No en vano los países nórdicos tienen una tasa de suicidios mucho más alta que la que experimentan quienes habitan cerca del Ecuador», puntualiza. Para llevar adelante los experimentos, los científicos del Instituto Leloir comparan el patrón de comportamiento observado en una población de moscas modificadas genéticamente, respecto de otra, sin mutaciones.
Para ello, se centran en el análisis de las variaciones que experimentan en la actividad locomotora ambas poblaciones, durante los ciclos de actividad y descanso. Para medir esa actividad colocan a las moscas en pequeños tubos, que contienen alimento en uno de los extremos. Dos sensores conectados a una computadora dan cuenta de los movimientos que realizan las moscas dentro de los tubos, los que se encuentran atravesados por un haz de luz infrarrojo.
"Se demostró que la mosca tiene un reloj muy parecido al de los humanos; casi todos los genes conocidos en el hombre fueron descubiertos primero en la mosca", afirma la experta.
Ceriani explica que, a partir de las similitudes existentes entre la secuencia del gen de la mosca y la de los mamíferos, es posible inferir qué sucede en el hombre. "Sabiendo que un gen determinado cumple cierta función en los mamíferos, puedo alterar el funcionamiento de ese gen en la mosca y observar los cambios que se producen", continúa.
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