07 Mayo 2003 Seguir en 

La fiebre es uno de los más fieles compañeros de la infancia, especialmente durante los meses de otoño e invierno, cuando aumentan las infecciones respiratorias. Su aparición genera alarma y preocupación en los padres, que muchas veces no saben si bajar la fiebre con un antifebril cualquiera o consultar al pediatra aunque sólo sean unas líneas de temperatura.
El doctor Guillermo Fernández Mac Loughlin, médico pediatra y director del Centro Pediátrico del Niño y del Adolescente PAIDEIA, afirmó que en la consulta pediátrica, el síntoma más común es la fiebre. "En la consulta -detalló- se debe averiguar la edad del niño, la presencia de un foco infeccioso familiar (contagio), la magnitud de la fiebre, la respuesta a los antitérmicos y los síntomas agregados (manchas en la piel, diarrea, vómitos y otros). Con respecto a la edad, es distinto un lactante menor de 3 meses, donde cualquier proceso febril debe motivar una consulta rápida y su estudio. La presencia de un foco familiar (patologías gripales, eruptivas y otras) puede ayudar en el diagnóstico de la fiebre del niño (contagio). La fiebre alta sostenida y la falta de respuesta a los antitérmicos también producen alarma y consulta precoz." El médico dice que en algunos casos es necesario que los padres actúen inmediatamente bajando la fiebre, sobre todo en menores de 4 a 5 años, con fiebre alta y antecedentes de convulsiones.
Los fármacos más usados
"El pediatra recomendará el uso de antitérmicos de acuerdo a la circunstancia. Existe una amplia gama de antitérmicos. Durante muchos años, se usó la aspirina en niños, y ahora se la desaconseja por sus efectos colaterales (gastritis, enfermedad de Reye).
La dipirona es una potente droga analgésica y antipirética que por muchos años no fue usada en nuestro medio y en muchos países por una inusual enfermedad de la sangre. El paracetamol, también de uso habitual y de fácil dosificación, quizás de menor respuesta antifebril y no muy bien tolerado, tiene escasos efectos colaterales. El ibuprofeno tiene buena condición antipirética y antiinflamatoria, es bien tolerado y con escasos efectos colaterales," indicó el doctor Fernández Mac Loughlin. Si la fiebre no cede con el antitérmico y continúa sostenida con riesgo de que el chico sufra una convulsión, se aplican los baños térmicos: se sumerge al niño en una temperatura igual o algo menor de la que él tiene (nunca en agua helada). "Por un mecanismo físico desciende su temperatura corporal hasta que haga efecto el antitérmico (mecanismo químico)".
Médico de la familia
El doctor Fernández Mac Loughlin dice que ante la fiebre siempre se debe consultar al médico. "En nuestro país, las familias se manejan con un médico pediatra de cabecera, que tiene la ventaja de conocer al paciente y a su entorno. El dimensionará por teléfono la urgencia o no del caso y las posibilidades de ver al paciente en un breve lapso. Hay casos en los que no se justifica la urgencia como, por ejemplo, si el paciente está en un núcleo familiar de ?contagio? (varicela, gripe u otros) y el niño tiene un buen estado general y sin síntomas de alarma. Recordemos que más del 70% de las consultas por fiebre se autolimitan de 2 a 3 días y que el pediatra es un mero observador del cuadro, aportando sólo medidas sintomáticas y de contención."
Cómo usar el termómetro
Se denomina ?fiebre? a la elevación de la temperatura corporal por encima de las cifras normales, que en el caso de los adultos (medida en la axila con termómetro de mercurio) es de 37° promedio, ya que sube y baja a lo largo del día. En los lactantes suele ser de un grado más. Cuando se mide por vía bucal los valores suben entre 3 y 5 décimas, en tanto por vía rectal, ascienden entre 6 y 8 décimas.
Para medir la temperatura, se usan diversos termómetros. Debe dejarse pasar entre media y una hora después de la comida y el ejercicio físico, y no se le debe tomar mientras el niño está amamantando o acaba de correr o llorar. El clásico termómetro de mercurio es preciso y confiable: se coloca en la axila unos 3 a 5 minutos, en el recto entre 1 a 2 minutos, o en la boca. Los termómetros digitales y los que se utilizan en el oído del niño son más cómodos para leer y maniobrar, aunque suelen arrojar mediciones menos exactas, y se le deben sumar entre 5 y 7 décimas a la lectura.
El doctor Guillermo Fernández Mac Loughlin, médico pediatra y director del Centro Pediátrico del Niño y del Adolescente PAIDEIA, afirmó que en la consulta pediátrica, el síntoma más común es la fiebre. "En la consulta -detalló- se debe averiguar la edad del niño, la presencia de un foco infeccioso familiar (contagio), la magnitud de la fiebre, la respuesta a los antitérmicos y los síntomas agregados (manchas en la piel, diarrea, vómitos y otros). Con respecto a la edad, es distinto un lactante menor de 3 meses, donde cualquier proceso febril debe motivar una consulta rápida y su estudio. La presencia de un foco familiar (patologías gripales, eruptivas y otras) puede ayudar en el diagnóstico de la fiebre del niño (contagio). La fiebre alta sostenida y la falta de respuesta a los antitérmicos también producen alarma y consulta precoz." El médico dice que en algunos casos es necesario que los padres actúen inmediatamente bajando la fiebre, sobre todo en menores de 4 a 5 años, con fiebre alta y antecedentes de convulsiones.
Los fármacos más usados
"El pediatra recomendará el uso de antitérmicos de acuerdo a la circunstancia. Existe una amplia gama de antitérmicos. Durante muchos años, se usó la aspirina en niños, y ahora se la desaconseja por sus efectos colaterales (gastritis, enfermedad de Reye).
La dipirona es una potente droga analgésica y antipirética que por muchos años no fue usada en nuestro medio y en muchos países por una inusual enfermedad de la sangre. El paracetamol, también de uso habitual y de fácil dosificación, quizás de menor respuesta antifebril y no muy bien tolerado, tiene escasos efectos colaterales. El ibuprofeno tiene buena condición antipirética y antiinflamatoria, es bien tolerado y con escasos efectos colaterales," indicó el doctor Fernández Mac Loughlin. Si la fiebre no cede con el antitérmico y continúa sostenida con riesgo de que el chico sufra una convulsión, se aplican los baños térmicos: se sumerge al niño en una temperatura igual o algo menor de la que él tiene (nunca en agua helada). "Por un mecanismo físico desciende su temperatura corporal hasta que haga efecto el antitérmico (mecanismo químico)".
Médico de la familia
El doctor Fernández Mac Loughlin dice que ante la fiebre siempre se debe consultar al médico. "En nuestro país, las familias se manejan con un médico pediatra de cabecera, que tiene la ventaja de conocer al paciente y a su entorno. El dimensionará por teléfono la urgencia o no del caso y las posibilidades de ver al paciente en un breve lapso. Hay casos en los que no se justifica la urgencia como, por ejemplo, si el paciente está en un núcleo familiar de ?contagio? (varicela, gripe u otros) y el niño tiene un buen estado general y sin síntomas de alarma. Recordemos que más del 70% de las consultas por fiebre se autolimitan de 2 a 3 días y que el pediatra es un mero observador del cuadro, aportando sólo medidas sintomáticas y de contención."
Cómo usar el termómetro
Se denomina ?fiebre? a la elevación de la temperatura corporal por encima de las cifras normales, que en el caso de los adultos (medida en la axila con termómetro de mercurio) es de 37° promedio, ya que sube y baja a lo largo del día. En los lactantes suele ser de un grado más. Cuando se mide por vía bucal los valores suben entre 3 y 5 décimas, en tanto por vía rectal, ascienden entre 6 y 8 décimas.
Para medir la temperatura, se usan diversos termómetros. Debe dejarse pasar entre media y una hora después de la comida y el ejercicio físico, y no se le debe tomar mientras el niño está amamantando o acaba de correr o llorar. El clásico termómetro de mercurio es preciso y confiable: se coloca en la axila unos 3 a 5 minutos, en el recto entre 1 a 2 minutos, o en la boca. Los termómetros digitales y los que se utilizan en el oído del niño son más cómodos para leer y maniobrar, aunque suelen arrojar mediciones menos exactas, y se le deben sumar entre 5 y 7 décimas a la lectura.
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