23 Abril 2003 Seguir en 

El responsable de la neumonía atípica o SARS (síndrome respiratorio agudo severo), parece ser un nuevo virus de la familia de los coronavirus, aunque no se descartan otros orígenes. La enfermedad se difunde por contacto directo y cercano con personas infectadas, a través de los fluidos nasales, la tos y el estornudo, pero no se descarta que el agente infeccioso permanezca también en objetos inanimados.
Tiene un período de incubación de 2 a 7 días y en general debuta con fiebre alta, que puede acompañarse con escalofríos, dolor de cabeza y malestar general. Algunos pueden experimentar dificultad respiratoria. El hallazgo de la enfermedad, que el investigador Carlo Urbani pagó con su vida, abre la puerta para el desarrollo de un método preventivo eficaz, tal como ocurrió con la vacuna antigripal en su momento.
Casos de mutaciones
En 1918 y 1919, apenas concluida la Primera Guerra Mundial, una mutación del virus de la gripe provocó 20 millones de muertos. Fue una pandemia, o epidemia generalizada. También un cambio genético produjo la aparición de la recordada "gripe asiática". Parecería que los virus humanos se recombinan con los de otras especies generando nuevas cepas que infectan y enferman a la población susceptible. Esto en general sucede en áreas rurales donde los humanos tienen contacto cotidiano con aves y cerdos, lo que facilita las recombinaciones virales y la infección de susceptibles, que luego se expande globalmente.
Este proceso, que se repite tras un variable lapso estimable en años, genera nuevos virus que producen enfermedades. En 1997 una variedad de gripe afectó mortalmente a 14 personas en Hong Kong y las autoridades tuvieron que sacrificar un millón y medio de pollos para controlar el brote. Aunque el SARS aun no ha desembarcado en nuestro país, tarde o temprano puede hacerlo. Según la OMS, los más susceptibles son los afectados por sida, los trasplantados, los mayores de 65 años y todos los que por una u otra razón, tengan debilitado su sistema inmunológico. El infectólogo argentino Javier Altclas, Jefe de Infectología y Control de Infecciones del Sanatorio Mitre, señala que la enfermedad es grave pero no necesariamente mortal y que, aunque no haya por el momento un tratamiento específico para ella, la higiene frecuente de las manos, el uso de barbijo y la adopción de medidas preventivas que refuercen las defensas del organismo contribuyen a hacer menos crítico el peligro de contagio.
Tiene un período de incubación de 2 a 7 días y en general debuta con fiebre alta, que puede acompañarse con escalofríos, dolor de cabeza y malestar general. Algunos pueden experimentar dificultad respiratoria. El hallazgo de la enfermedad, que el investigador Carlo Urbani pagó con su vida, abre la puerta para el desarrollo de un método preventivo eficaz, tal como ocurrió con la vacuna antigripal en su momento.
Casos de mutaciones
En 1918 y 1919, apenas concluida la Primera Guerra Mundial, una mutación del virus de la gripe provocó 20 millones de muertos. Fue una pandemia, o epidemia generalizada. También un cambio genético produjo la aparición de la recordada "gripe asiática". Parecería que los virus humanos se recombinan con los de otras especies generando nuevas cepas que infectan y enferman a la población susceptible. Esto en general sucede en áreas rurales donde los humanos tienen contacto cotidiano con aves y cerdos, lo que facilita las recombinaciones virales y la infección de susceptibles, que luego se expande globalmente.
Este proceso, que se repite tras un variable lapso estimable en años, genera nuevos virus que producen enfermedades. En 1997 una variedad de gripe afectó mortalmente a 14 personas en Hong Kong y las autoridades tuvieron que sacrificar un millón y medio de pollos para controlar el brote. Aunque el SARS aun no ha desembarcado en nuestro país, tarde o temprano puede hacerlo. Según la OMS, los más susceptibles son los afectados por sida, los trasplantados, los mayores de 65 años y todos los que por una u otra razón, tengan debilitado su sistema inmunológico. El infectólogo argentino Javier Altclas, Jefe de Infectología y Control de Infecciones del Sanatorio Mitre, señala que la enfermedad es grave pero no necesariamente mortal y que, aunque no haya por el momento un tratamiento específico para ella, la higiene frecuente de las manos, el uso de barbijo y la adopción de medidas preventivas que refuercen las defensas del organismo contribuyen a hacer menos crítico el peligro de contagio.
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