28 Julio 2002 Seguir en 

En la década de 1960, el folclore logró una masividad y un nivel pocas veces alcanzado por los intérpretes y los poetas. En esa época, nace en Mendoza el Nuevo Cancionero, que cobijó a Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana, Mercedes Sosa y Oscar Matus.
Surgen con brío, entre muchos, los grupos vocales como los Huayna Sumaj (liderado por el "Pato" Gentilini), Los Arroyeños (de la mano de los Inchausti), los Huanca Hua, el Grupo Vocal Argentino (Chango Farías Gómez), el Cuarteto Zupay, los Opus Cuatro, Los Trovadores y conjuntos que se ubicaban en un término medio entre lo tradicional y la llamada música de proyección, como Los Andariegos y Los Nocheros de Anta.
En ese momento, se hallaban en su cima creativa los maestros que venían empujando desde décadas anteriores, como Atahualpa Yupanqui, Los Hermanos Abalos, el Cuchi Leguizamón, Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Rolando Valladares, Mario Arnedo Gallo, Juan Carlos Carabajal, los Hermanos Díaz y los poetas Manuel Castilla, Jaime Dávalos, Antonio Nella Castro, César Perdiguero, por citar sólo algunos nombres destacados.
A fines de la década de 1980, aparecieron nuevos valores, de calidad dispar, que paulatinamente fueron copando los escenarios y también los medios de difusión, habitualmente poco generosos con la música argentina. La juventud de estos incipientes artistas atrajo a los jóvenes, tal como sucedió en la década del 60. En este marco, Cuti y Roberto Carabajal están asociados al movimiento, encabezado por varios integrantes de la familia Carabajal, cuyo exponente más destacado es Peteco Carabajal, que brotó en La Banda, Santiago del Estero, y sembró con fervor el país de chacareras.
En casi 50 páginas, los músicos santiagueños dan cuenta de sus pasos a lo largo de una década de folclore, recordando a artistas y a personas que los ayudaron o con quienes compartieron gratos momentos en su camino. En su recorrido por la tierra tucumana, recuerdan al "Mono" Villafañe, uno de los mejores cantores de Tucumán, a Carlos Valdez y a Gustavo Olarte. La segunda parte del libro está dedicada a letras de chacareras y zambas que integran el repertorio de Cuti y de Roberto, entre las que se destacan las de Peteco Carabajal y Pablo Trullenque.
Sin duda, serán de utilidad para los amantes del folclore, y en especial, para los jóvenes. El volumen trae una gran cantidad de fotografías que satisfarán a los seguidores de Cuti y de Roberto Carabajal, quienes han hecho un buen aporte a la música nativa actual.
(c) LA GACETA
Surgen con brío, entre muchos, los grupos vocales como los Huayna Sumaj (liderado por el "Pato" Gentilini), Los Arroyeños (de la mano de los Inchausti), los Huanca Hua, el Grupo Vocal Argentino (Chango Farías Gómez), el Cuarteto Zupay, los Opus Cuatro, Los Trovadores y conjuntos que se ubicaban en un término medio entre lo tradicional y la llamada música de proyección, como Los Andariegos y Los Nocheros de Anta.
En ese momento, se hallaban en su cima creativa los maestros que venían empujando desde décadas anteriores, como Atahualpa Yupanqui, Los Hermanos Abalos, el Cuchi Leguizamón, Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Rolando Valladares, Mario Arnedo Gallo, Juan Carlos Carabajal, los Hermanos Díaz y los poetas Manuel Castilla, Jaime Dávalos, Antonio Nella Castro, César Perdiguero, por citar sólo algunos nombres destacados.
A fines de la década de 1980, aparecieron nuevos valores, de calidad dispar, que paulatinamente fueron copando los escenarios y también los medios de difusión, habitualmente poco generosos con la música argentina. La juventud de estos incipientes artistas atrajo a los jóvenes, tal como sucedió en la década del 60. En este marco, Cuti y Roberto Carabajal están asociados al movimiento, encabezado por varios integrantes de la familia Carabajal, cuyo exponente más destacado es Peteco Carabajal, que brotó en La Banda, Santiago del Estero, y sembró con fervor el país de chacareras.
En casi 50 páginas, los músicos santiagueños dan cuenta de sus pasos a lo largo de una década de folclore, recordando a artistas y a personas que los ayudaron o con quienes compartieron gratos momentos en su camino. En su recorrido por la tierra tucumana, recuerdan al "Mono" Villafañe, uno de los mejores cantores de Tucumán, a Carlos Valdez y a Gustavo Olarte. La segunda parte del libro está dedicada a letras de chacareras y zambas que integran el repertorio de Cuti y de Roberto, entre las que se destacan las de Peteco Carabajal y Pablo Trullenque.
Sin duda, serán de utilidad para los amantes del folclore, y en especial, para los jóvenes. El volumen trae una gran cantidad de fotografías que satisfarán a los seguidores de Cuti y de Roberto Carabajal, quienes han hecho un buen aporte a la música nativa actual.
(c) LA GACETA
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