21 Julio 2002 Seguir en 

Jovita Iglesias, protagonista del libro a través de la versión de la periodista Arias, relata cincuenta años al abnegado servicio de los escritores Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. Lo hace en forma cariñosa y hasta reverente, pero ciertos episodios del relato son francamente escandalosos.
Es imposible saber si ella se daba cuenta, en su ignorancia, de que eran indecorosos, pero no puede titubearse en suponer que su específico relieve fue inducido por quien escribió estas memorias.
El libro, aparentemente una de esas biografías no autorizadas, llenas de fotografías, que encantan a las editoriales y a un público mal educado, se transforma así en un cruel testimonio de actitudes despiadadas, adjudicadas a dos personas que, por lo pronto, no pueden defenderse.
Un diario que se considera importante, en su recensión de este libelo, ha acogido esas miserias, con total falta de respeto hacia dos conocidas personalidades literarias que fueron, además, sus viejos colaboradores, ensalzados ad nauseam.
(c) LA GACETA
Es imposible saber si ella se daba cuenta, en su ignorancia, de que eran indecorosos, pero no puede titubearse en suponer que su específico relieve fue inducido por quien escribió estas memorias.
El libro, aparentemente una de esas biografías no autorizadas, llenas de fotografías, que encantan a las editoriales y a un público mal educado, se transforma así en un cruel testimonio de actitudes despiadadas, adjudicadas a dos personas que, por lo pronto, no pueden defenderse.
Un diario que se considera importante, en su recensión de este libelo, ha acogido esas miserias, con total falta de respeto hacia dos conocidas personalidades literarias que fueron, además, sus viejos colaboradores, ensalzados ad nauseam.
(c) LA GACETA
Lo más popular







