La vieja carencia de una idea nacional que nos unificara

Agudo estudio centrado en el ideario del siglo XIX.

21 Julio 2002
El excelente libro de Shumway nos ofrece una lectura de la tumultuosa historia de nuestro país, útil, sin duda, para tratar de comprender mejor lo que nos ocurre en el presente.
En la Europa de los siglos XVIII y XIX se acentuó la idea de nacionalidad; los distintos países revaloraron todo aquello que contribuía al sentimiento de pertenencia, de identidad nacional. Mitos e historias, grandes personajes del pasado, se convirtieron en "ficciones orientadoras" capaces de despertar sentimientos, ideas y creencias comunes en la población.
Según los diccionarios, la palabra "nación" etimológicamente se relaciona con "nacer"; Shumway prefiere usar el término "inventar". El Diccionario de la Real Academia Española pone como requisitos para ser una nación el mismo origen étnico y el uso de una lengua común. Otros piensan no sólo en un pasado compartido sino en un proyecto común. En las circunstancias no parece fácil inventar una nación. Pero siempre queda la necesidad de las "ficciones orientadoras".
Con respecto a la Argentina actual, el autor, como tantos de nosotros, se pregunta "¿Qué pasó?". Y agrega: "¿Cómo puede ser que a una nación beneficiada con envidiables recursos naturales y humanos le resulte tan difícil revertir esta lenta y melancólica declinación hasta la mezquindad y la insignificancia?". En esta misma pregunta puede haber un indicio de respuesta. En efecto, la Argentina ha tenido y tiene personalidades brillantes en diversos campos, pero al mismo tiempo una gran dificultad para construir un proyecto común, un marco ideológico que tienda hacia la unión, el consenso y el compromiso.
Es evidente que todo acontecimiento histórico implica una pluralidad de causas y nuestro autor nombra muchas de las que se han usado para explicar la actual situación del país, pero su interés se centra en las ideas del siglo XIX. Nos dice: "Este legado ideológico es en algún sentido una mitología de la exclusión antes que una idea nacional unificadora, una receta para la división antes que un pluralismo de consenso".
Ya en la Primera Junta tenemos los enfrentamientos de Moreno con Saavedra. En ese momento comienzan a verse dos corrientes que Shumway llama populistas y liberales, que con diversos nombres y matices van a atravesar toda la historia de la Argentina.
Mariano Moreno, discípulo y traductor de Rousseau, miembro de la élite cultural de Buenos Aires que proclamaba la libertad y la democracia, admiraba la cultura europea y desconfiaba de los caudillos provinciales, representa la corriente liberal.
El populismo, en el sentido que lo usa el autor, significa una democracia que permite la participación de todos: blancos, negros, indios y mulatos, como quería Artigas, y la igualdad de oportunidades en cuanto a educación.Sin duda resulta imposible resumir el libro de Shumway, así que recomiendo al lector que lo lea.

(c) LA GACETA

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