Un contenido de provocación

Por Adriana Amado Suárez

14 Julio 2002
Si una palabra define al libro de Hardt y Negri es la de provocación. Provocación para el lector avezado, al que pueden incomodar ciertos conceptos desusados como "capitalismo prole- tario", "poder ubicuo", "discriminación diferenciada".
Provocación para el lector inadvertido, al que se le ofrece una construcción argumental atractiva para explicar globalmente sus problemas locales cotidianos.
De una manera lineal, aunque no por ello sencilla, estos dos intelectuales de la izquierda europea despliegan su descripción de la sociedad que sigue a la modernidad: sin soberanía nacional, sin la alteridad colonial, agotado el modelo de producción industrial, han desaparecido las condiciones que la economía política definía como imperialistas. Muerto el imperialismo viva el imperio.
La época de imperio es, pues, la posmodernidad, cuyo sujeto insurgente se define más por los dictados del mercado que por la plusvalía de la producción. El territorio del imperio ya no cuenta con "los escudos higiénicos de las fronteras coloniales", sino que el poder circula en el espacio virtual de las comunicaciones. En este no lugar, el Tercer Mundo entra en el Primero "como un gueto, como un barrio pobre, como una favela, que siempre vuelve a producirse y a reproducirse" (el Segundo, dicen, quizás nunca existió).
Este imperio se articula como un edificio de tres pisos en cuyo ático discuten la suerte del mundo unos pocos organismos de poder global. En el piso de abajo hacen sus jugosas apuestas los empresarios supranacionales, mientras que en la base, la marea humana está intentando recuperar la representación perdida a través de las agrupaciones, más o menos organizadas de la sociedad civil.
Así planteada, esta estructura ya no se identifica con las funciones ejecutiva, legislativa y judicial de la política tradicional. Antes bien, sostienen los autores, recuerda a las tres instancias imperiales de la monarquía, la aristocracia y la democracia.
En este caso, es la amenaza de la bomba y el control del dinero lo que legitima el dominio de los dos primeros grupos, mientras que a la multitud se le reserva el poder fractal de la comunicación.
Quizás lo más atrayente de la obra sea la mirada ecléctica con la que los autores recorren una profusión de lecturas que van desde la filosofía clásica hasta la especificidad de los estudios de género, desde Polibio hasta Bill Gates, desde San Francisco de Asís hasta Immanuel Wallerstein.
Es desde este ejercicio intelectual que se presenta a Maquiavelo desde la economía, a Spinoza desde la política y a Marx desde la filosofía. Y así Negri y Hardt llevan a acto su propuesta, que se ilustra con la cita de Deleuze y Guattari que encabeza el último capítulo: "No nos falta comunicación, al contrario, tenemos demasiada. Lo que nos falta es creación. Nos falta resistencia al presente". (c) LA GACETA

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