Una hábil biografía con la apariencia de novela

Por Eugenia Flores de Molinillo.

14 Julio 2002
Ravelstein no es una novela biográfica común. La apariencia ficcional del texto la acerca a la novela, mientras que la voluntad de Chick, el narrador (que enmascara al autor), de retratar a este inteligente y carismático profesor universitario llamado Abe Ravelstein, la aproxima a la biografía. Pero el género novela se vuelve cuestionable ante la evidencia extra-textual de que Saul Bellow (1915) nos está hablando en realidad de Allan Bloom (no confundir con Harold Bloom, aún sumamente vivo), amigo suyo, destacado intelectual estadounidense autor de un éxito editorial que hizo época, The Closing of the American Mind (La clausura de la mente estadounidense), dura crítica al facilismo en los ámbitos académicos, publicada en 1987. Por otra parte, el género biografía se diluye ante la subjetividad del retrato, destinado justamente a eso, a "retratar" a un amigo más que a contarnos su vida y su obra. En el texto de Bellow se sabe que Ravelstein ha escrito un libro importante que lo ha hecho muy rico, pero el título de tal libro ni siquiera se menciona.La habilidad narrativa que en 1976 hizo a Saul Bellow ganador del Nobel de literatura, además de su largo oficio, le dan soltura para incursionar en esta suerte de híbrido genérico que, traducido por Rolando Costa Picazo, proporciona al lector de habla española un interesante testimonio de ciertos aspectos de la vida académica de las grandes universidades estadounidenses. La presencia del intelectual, o mejor dicho, del pensador, en la obra de Bellow, no es nueva, como lo sabrá quien recuerde El planeta del señor Sammler. Pero esta vez el narrador testigo renuncia a incursionar en la mente del protagonista y prefiere dar cuenta de sus gestos existenciales, de sus conversaciones, de sus pequeñas manías, de sus cualidades humanas, incluida su generosidad intelectual. Le toca además relatar su camino hacia la muerte, marcada por el sida. Sí, Allan Bloom lo fue, discretamente. No así Bellow, que fue padre de una nena a los 85, "naciendo" él también a una nueva vida tras estar a punto de morir por un envenenamiento causado por un pescado tropical.
Justamente, la última parte del libro narra esta última experiencia, en un tono que trasluce su alegría de poder contarla, al tiempo que tematiza la idea del hombre frente a la muerte, equilibrando su vivencia de ello con la de Ravelstein.
Ese encuentro cercano con la muerte parece haberlo decidido a escribir esta "memoria" que su amigo, sabiéndose a punto de morir, le había pedido. Bellow lo hace no sólo con profundo afecto y bastante humor, sino también con honestidad intelectual y mucha discreción, como quien tomara real conciencia de la precariedad de la vida y cumpliera una tarea que había prometido llevar a cabo. Por algo hay por allí una cita de Robert Frost: "Los bosques son hermosos y profundos/ pero tengo promesas que cumplir/ y leguas que andar antes de dormir/ y leguas que andar antes de dormir". La muerte, así como el tiempo y la amistad, son los ejes temáticos de este libro que, sin llegar a entusiasmar al lector tanto como sucedió con Herzog o con Henderson el rey de la lluvia, revela a un Saul Bellow creativo, sensible y siempre fascinado por los vericuetos de la mente humana. (c) LA GACETA.

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