07 Julio 2002 Seguir en 

Alfonsina Storni, con el auxilio de Alejandro, su hijo, ya había dado muestra de su sinceridad en las distintas oportunidades en que habló de sí misma en conferencias y cenáculos. En la época en que se permitió ser una madre soltera su coraje no la abandonó jamás. No eran las actrices más bellas las que dieron ejemplo como Catherine Deneuve, en la actualidad, sino una poeta de estas regiones en la que cada gesto era observado.
El tomo de las escritoras Galán y Glielmmo da detalles conocidos sobre las figuras más famosas de la sociedad argentina, que debió abrirle paso "primero con desconfiada sorpresa y luego con merecido respeto". Se presenta a sí misma AS como una incomprendida, una mujer apasionada de deslumbrante inteligencia, ya inmersa en el incipiente movimiento feminista. Lo que acaso resulta menos conocido es su coqueta forma de luchar; su rostro, de una belleza curiosa; su mirada capaz de observar sin pudor y, sin embargo, con veracidad, ya que se sabe centro de críticas. Las líneas a su hijo son de una gran ternura y parecen las dedicadas a un amor, ella la de la frente bombé tan admirada a principios de siglo.
Que Alfonsina no nació en el momento oportuno y sí se adelantó en muchos años a sus contemporáneas, resulta indiscutible. Edmundo Guibourg, autor muy apreciado por ella, dirá: "Alfonsina denigra al hombre". Pero no había nada de eso en toda Alfonsina; al contrario, ella conoció el respeto de la idea, a ella se ciñó, obcecada por la verdad. Aprendió a refugiarse en Mar del Plata, bella playa de moda; fue junto al mar en días de octubre donde esperó el milagro que toda alma noble presiente. Una interesante bibliografía permite detalles de trabajos a consultar, si se da el caso. Estos versos hablan de Alfonsina, en "Irremediablemente", de Ocre:
Me faltaba un amor y ya
lo tuve...
Rama cargada que pesarme siento,
Y empiezo a madurar: estáte atento".
(c) LA GACETA
El tomo de las escritoras Galán y Glielmmo da detalles conocidos sobre las figuras más famosas de la sociedad argentina, que debió abrirle paso "primero con desconfiada sorpresa y luego con merecido respeto". Se presenta a sí misma AS como una incomprendida, una mujer apasionada de deslumbrante inteligencia, ya inmersa en el incipiente movimiento feminista. Lo que acaso resulta menos conocido es su coqueta forma de luchar; su rostro, de una belleza curiosa; su mirada capaz de observar sin pudor y, sin embargo, con veracidad, ya que se sabe centro de críticas. Las líneas a su hijo son de una gran ternura y parecen las dedicadas a un amor, ella la de la frente bombé tan admirada a principios de siglo.
Que Alfonsina no nació en el momento oportuno y sí se adelantó en muchos años a sus contemporáneas, resulta indiscutible. Edmundo Guibourg, autor muy apreciado por ella, dirá: "Alfonsina denigra al hombre". Pero no había nada de eso en toda Alfonsina; al contrario, ella conoció el respeto de la idea, a ella se ciñó, obcecada por la verdad. Aprendió a refugiarse en Mar del Plata, bella playa de moda; fue junto al mar en días de octubre donde esperó el milagro que toda alma noble presiente. Una interesante bibliografía permite detalles de trabajos a consultar, si se da el caso. Estos versos hablan de Alfonsina, en "Irremediablemente", de Ocre:
Me faltaba un amor y ya
lo tuve...
Rama cargada que pesarme siento,
Y empiezo a madurar: estáte atento".
(c) LA GACETA
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