La propuesta de un teórico para lograr Estados "decentes" en el mundo

Libro bien intencionado, pero la práctica de su doctrina es otra cosa.

07 Julio 2002
Hugo van Groot, Grocio entre nosotros (1583-1645), fue autor del famoso tratado Del derecho de guerra y de paz, primera obra orgánica sobre el Derecho de Gentes, algunos de cuyos principios ya habían sido enunciados en la Antigüedad. A partir de él, innumerables pensadores procuraron armonizar las relaciones de paz entre los pueblos y humanizar la guerra. Los resultados no siempre han respondido a tales esfuerzos, como lo prueba la Historia y lo confirma el presente.
Ello no quita validez a tales empresas, pues los ideales existen para que se los persiga y los buenos propósitos quizá terminen por asfaltar el empedrado camino del infierno.
John Rawls es uno de esos luchadores. Profesor en Harvard, ha escrito varios libros sobre la justicia y el liberalismo político. El que ahora publica consta de dos textos: uno estudia el Derecho de Gentes encarado con sentido moderno; el otro vuelve sobre un anterior trabajo acerca de la idea de razón pública.
En ambos el método expositivo es similar; los dos cuentan con abundante apoyo bibliográfico: Aristóteles, Kant -en La paz perpetua-, Rousseau, los ingleses de los siglos XVII a XIX, autores contemporáneos, las obras propias.
El autor dedica su esfuerzo a un fin ponderable: la paz y la colaboración entre los pueblos. Dicho fin tropieza con un obstáculo: el método expositivo, quizá demasiado académico, lleno de títulos, artículos, incisos, además de condiciones y subcondiciones. La sobreabundancia teórica no suele ir acompañada con ejemplos tomados de la Historia, cosa que facilitaría la ilustración práctica de los principios. Cabe destacar, como excepción, la terminante condena a los monstruosos ataques contra Hiroshima y Nagasaki, inadmisibles para toda conciencia moral, cualquiera sea el pretexto esgrimido por el señor Truman y sus sucesores.Si el lector supera ese obstáculo encontrará un libro sano y justo, dirigido a lo que Rawls llama "la sociedad de los pueblos", entendiendo por tal la suma de las comunidades, democráticas o no, pero "decentes". Sobre este último concepto, y las condiciones mínimas que exige versan los distintos capítulos. Se aspira a que alguna vez el Derecho de Gentes pueda regir y ser acatado por todos. Se llegaría así al ideal del autor: construir una "utopía realista".
El segundo ensayo desarrolla la idea de razón pública, emparentada con la concepción de una democracia constitucional. Dicha razón debe ser respetuosa de todas las doctrinas globales, religiosas o no, salvo cuando sean incompatibles con lo que esa idea encarna y protege. A partir de ello, Rawls analiza los aspectos que integran la idea de razón pública y el contenido de esta. Se detiene particularmente en los conflictos que pueden suscitarse cuando la idea de razón pública choca con ciertos principios religiosos o culturales, con la concepción de la familia, etc.
Se trata, pues, de un libro sólido y bien intencionado. La aplicación práctica de sus doctrinas es ya otra cuestión. Pero vale la pena detenerse en el contenido de aquellas. Por ahí los hombres nos decidimos a cambiar.
(c) LA GACETA

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