Existen varios otros interrogantes

Por Carlos Duguech. (Tucumán).

30 Junio 2002
Director de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto Dessein: He leído con atención el recorrido que Martín Lozada hace en LA GACETA Literaria del 9/6, en el que expone con ordenada claridad el "compromiso ético" de la autora que comenta, Hannah Arendt, de ascendencia judía, que en sus obras procura desentrañar aquellos condicionantes que llevan a los hombres a ejercer el mal naturalmente, como una de tantas banalidades que le son propias.
Luego de exponer cómo Arendt considera en su libro (escrito en 1962, en los Estados Unidos, hacia donde había emigrado en 1941 desde su Alemania natal) el comportamiento de "gran parte de los ochenta millones de alemanes que habían sido resguardados de la realidad y de la prueba de los hechos (del Holocausto) por los mismos medios, las mismas mentiras y estupidez que todavía impregnaban la mentalidad del acusado". Era la referencia a Adolf Eichmann, el oficial nazi que vivió en la Argentina (aquí mismo en Tucumán) y que fue secuestrado por agentes israelíes, y llevado a Israel, juzgado y ajusticiado en la horca en 1961. Hannah Arendt asistió al juicio como corresponsal de The New Yorker, lo que le permitió una cercanía suficiente como para elaborar ese libro, de cuya primera edición se cumplen cuarenta años (Eichmann en Jerusalén.Un estudio sobre la banalidad del mal).
Los interrogantes que Martín Lozada imagina podrían hacérsele a Hannah Arendt hoy, y teniendo en cuenta que, conforme sus dichos "no dejó nunca de apoyar la causa judía, sin embargo no fue ciega ni estuvo desprovista de la valentía necesaria para destacar el triste papel que desempeñaron los Consejos Judíos durante el Tercer Reich", son estos: "¿Qué habría pensado y dicho sabiendo de la existencia de los campos militares israelíes de confinamiento de palestinos en Ofer, cerca de Ramala, en Salem, en Yenin?
Campos de confinamiento ideados y creados por los propios hijos del Holocausto. ¿Qué de las masacres de Sabra y Shatila y Yenin? Estos interrogantes constituyen el método que utiliza el articulista Lozada para extrapolar, a partir de su conocimiento del pensar de Hannah Arendt, lo que ella misma diría respecto de lo que sucede día a día con el "proceso de paz" que -en rigor- es escalada de muerte y destrucción entre el Estado de Israel y los palestinos y su nación virtual conducida por la "Autoridad Nacional Palestina" (ANP). Autocrítica, seguramente ubicaría su posición en la plataforma de la defensa de los derechos palestinos y de la afirmación, sin efectos excluyentes, del derecho de los israelíes.
Como el método que sugiere Lozada es útil y cómodo -dicho con la mejor intención de análisis crítico- nos permitimos apropiarnos de él para formular otras preguntas. No a Hannah Arendt, sino a la "comunidad internacional", esa conjunción de naciones conviviendo en este planeta. Las preguntas son: ¿cómo sería el comportamiento de los militares israelíes si Israel hubiese ratificado su inclusión como Estado parte en el sostenimiento de la Corte Penal Internacional? A propósito de este tribunal, dijo el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan: "El antiguo sueño de contar con una Corte Penal Internacional permanente está cerca de hacerse realidad"; "Nuestra esperanza es que, al castigar a los culpables, la CPI (Corte Penal Internacional) aporte cierto consuelo a sus víctimas supervivientes y a las comunidades que han sido objeto de sus crímenes. Más importante aún es que esperamos disuadir a futuros criminales de guerra y hacer más próximo el día en que ningún dirigente, ningún Estado, ninguna junta y ningún ejército tengan en ningún lugar del mundo la posibilidad de conculcar impunemente los derechos humanos".
Y la otra pregunta, de igual factura: ¿cómo sería el comportamiento de los militares norteamericanos en su incursionar en cualquier lugar de la Tierra, con esa omnipresencia de los poderosos, en armas y en capacidad económico-financiera, si los EE.UU. no hubiesen anunciado que no participarán como Estado parte en la Corte Penal Internacional, pese a haber firmado el protocolo de Roma que le dio inicio?
Israel y los EE.UU. se marginan de la Corte Penal Internacional para proteger sus acciones militares (y a quienes las ordenan y cometen) abusivas, transgresoras de todas las convenciones de Ginebra, entre otras, que protegen a los civiles en tiempos de guerra.

Tamaño texto
Comentarios