30 Junio 2002 Seguir en 

Luego de la cópula, la araña mantis religiosa devora al macho. Pero la araña-mujer Male (macho, en inglés), cariñoso apodo de la madre de Puig, no mata a su amante hijo Coco: gesta al creador Manuel Puig, profeta en tierras extrañas.
Apoyada en un enfoque totalizador apabullante, Levine construye la genealogía de la novelística de Puig desde su infancia en General Villegas y en los orígenes ítalo-hispánicos de sus padres en la desolada pampa argentina. Entre los múltiples tópicos, uno primordial trata las turbulencias materno-filiales, sublimadas en la ortopédica y no menos glamorosa familia de divas brotadas de la pantalla. Por eso la madre-Male es una suerte de Ginger Rogers "capaz de poner una cara valerosa ante un pueblo hostil".
Con rigurosa información histórica y política de la Argentina de los 60, pasando por los años de la dictadura hasta el vértigo de los 90, compone una abigarrada galería de voces que supera la idea convencional del género biográfico. Hoy parece culminar esta investigación comen- zada a fines de la década del 60 al publicarse "La traición de Rita Hayworth", traducida por la autora, al igual que "The Buenos Aires affair" y "Boquitas pintadas".
Si el autor es un detalle inútil, máxima de Paul Valéry, el texto la desconoce: porque el lector quiere hechos y Jill-Levine seduce al informarnos que Puig, joven lavaplatos en Londres y en Estocolmo, desarrolla una alergia pecuniaria a los restaurantes. Aparente frivolidad que contraponemos al declarado principio de placer gastronómico de un Henry Miller: este detalle anecdótico (¿inútil?) del escritor lejos del bronce, ¿en qué medida contribuye para comprender el destino literario "pop" del primero y de escritor "vitalista" del segundo?
Creo que en la saturación kitsch de esta investigación global que llega a incursionar desde los orígenes del tango, el peronismo, las invenciones camp de Manuel, su cruce tan soñado con Greta Garbo, el viejo cine Lorraine en Buenos Aires o la cocina de una eventual puesta de "El beso de la mujer araña" con Burt Lancaster y Richard Gere, en tal proliferación deseante, descansa buena parte de su encanto.
Escudriñando cartas y desempolvando reportajes, la obra se transforma en una cartografía política y cultural que juega con los polémicos límites del género. El devenir periodístico de Levine, por momentos "geológico", arquea la ceja del lector hacia su objeto de deseo, incluso en aquellos que fueron duros detractores de Puig en la Argentina.
(c) LA GACETA
Apoyada en un enfoque totalizador apabullante, Levine construye la genealogía de la novelística de Puig desde su infancia en General Villegas y en los orígenes ítalo-hispánicos de sus padres en la desolada pampa argentina. Entre los múltiples tópicos, uno primordial trata las turbulencias materno-filiales, sublimadas en la ortopédica y no menos glamorosa familia de divas brotadas de la pantalla. Por eso la madre-Male es una suerte de Ginger Rogers "capaz de poner una cara valerosa ante un pueblo hostil".
Con rigurosa información histórica y política de la Argentina de los 60, pasando por los años de la dictadura hasta el vértigo de los 90, compone una abigarrada galería de voces que supera la idea convencional del género biográfico. Hoy parece culminar esta investigación comen- zada a fines de la década del 60 al publicarse "La traición de Rita Hayworth", traducida por la autora, al igual que "The Buenos Aires affair" y "Boquitas pintadas".
Si el autor es un detalle inútil, máxima de Paul Valéry, el texto la desconoce: porque el lector quiere hechos y Jill-Levine seduce al informarnos que Puig, joven lavaplatos en Londres y en Estocolmo, desarrolla una alergia pecuniaria a los restaurantes. Aparente frivolidad que contraponemos al declarado principio de placer gastronómico de un Henry Miller: este detalle anecdótico (¿inútil?) del escritor lejos del bronce, ¿en qué medida contribuye para comprender el destino literario "pop" del primero y de escritor "vitalista" del segundo?
Creo que en la saturación kitsch de esta investigación global que llega a incursionar desde los orígenes del tango, el peronismo, las invenciones camp de Manuel, su cruce tan soñado con Greta Garbo, el viejo cine Lorraine en Buenos Aires o la cocina de una eventual puesta de "El beso de la mujer araña" con Burt Lancaster y Richard Gere, en tal proliferación deseante, descansa buena parte de su encanto.
Escudriñando cartas y desempolvando reportajes, la obra se transforma en una cartografía política y cultural que juega con los polémicos límites del género. El devenir periodístico de Levine, por momentos "geológico", arquea la ceja del lector hacia su objeto de deseo, incluso en aquellos que fueron duros detractores de Puig en la Argentina.
(c) LA GACETA
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