30 Junio 2002 Seguir en 

Más cerca de la crónica, individual o social, que de aquellos grandes diarios indelebles que nos permitieron entrar en la intimidad de insignes escritores (Kafka o Pavese, por citar sólo algunos, pero tan significativos), estas páginas amenas y pulidas nos dejan más bien en la superficie del Premio Nobel de Literatura 1998.
Traducidas por su esposa, la española Pilar del Río, algunas de sus jornadas han sido redactadas directamente por ella y también anunciadas como propias, con lo cual la cohabitación conyugal, al no percibirse al leer de hecho las diferencias de escritura, ya que uno redacta y otra traduce, se convierte asimismo en una coexistencia literaria.
Salvo para aquellos empedernidos incurables que prefieran leerle todo, cosa incluso loable, me animaría a recomendar sin embargo que se continúe dando preferencia al Saramago novelista.
Aquí el autor no nos habla más que de su entorno y sus actividades, de sus viajes y su correspondencia, más alguna que otra opinión, siempre con ánimo al parecer sereno (que probablemente es el suyo), en una prosa correcta, clara, digna. Sin sorpresas. Sin torpezas.
(c) LA GACETA.
Traducidas por su esposa, la española Pilar del Río, algunas de sus jornadas han sido redactadas directamente por ella y también anunciadas como propias, con lo cual la cohabitación conyugal, al no percibirse al leer de hecho las diferencias de escritura, ya que uno redacta y otra traduce, se convierte asimismo en una coexistencia literaria.
Salvo para aquellos empedernidos incurables que prefieran leerle todo, cosa incluso loable, me animaría a recomendar sin embargo que se continúe dando preferencia al Saramago novelista.
Aquí el autor no nos habla más que de su entorno y sus actividades, de sus viajes y su correspondencia, más alguna que otra opinión, siempre con ánimo al parecer sereno (que probablemente es el suyo), en una prosa correcta, clara, digna. Sin sorpresas. Sin torpezas.
(c) LA GACETA.
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