23 Junio 2002 Seguir en 

Entre nosotros, donde hace ya tiempo que la poesía parece haber perdido por desdicha cualquier protagonismo auténtico en nuestra vida social, resultará acaso sorprendente que (según nos informa la contratapa) una licenciada en Psicología General, especializada en Psicología Clínica Infantil y con un master en Administración Empresaria, que no sólo se dedicó durante casi dos décadas al desarrollo de empresas de servicio, sino que también ejerció un alto cargo periodístico, se decida a publicar un primer libro de poemas. Pero no ocurrirá lo mismo con quienes hemos tenido suerte de compartir en su país, por ejemplo en los multitudinarios y exigentes festivales de Medellín y de Bogotá, la apasionada y espontánea devoción que la poesía encuentra en todos los estamentos de la sociedad colombiana, donde no es inusual que desde el chofer del taxi o el mozo del café hasta el mismísimo presidente de la República, nos hablen franca y espontáneamente de sus propios libros de poemas.
Lo cual puede quizá servirnos de contexto, pero no explicará nunca del todo por qué esta Mayra Margarita Mendoza Torres, nacida en la bellísima Cartagena de Indias y proveniente al parecer de un linaje intelectual -escribiendo sin duda desde pequeña, como también se nos anuncia-, haya conseguido que las casi ochenta páginas de su Marcas de sal (con un bello dibujo de Matisse en la portada) no nos dé en absoluto la sensación de primerizo.
Muchas veces, más allá de los logros literarios realmente alcanzados, pero en ocasiones aludiéndolos o rozándolos, que no es poco para una opera prima, del conjunto se desprende una intensidad de hondura y un refrescante sabor de lenguaje paladeado, gozado ("como el clamor de lo posible", "música de tu mirada,", "no sucumbamos a la cándida mañana"), que no me sorprendería tuvieran también muchísimo que ver con el caudaloso idioma castellano que sigue hablando por suerte su pueblo, con tan contagiosa y expresiva vitalidad.(c) LA GACETA
Lo cual puede quizá servirnos de contexto, pero no explicará nunca del todo por qué esta Mayra Margarita Mendoza Torres, nacida en la bellísima Cartagena de Indias y proveniente al parecer de un linaje intelectual -escribiendo sin duda desde pequeña, como también se nos anuncia-, haya conseguido que las casi ochenta páginas de su Marcas de sal (con un bello dibujo de Matisse en la portada) no nos dé en absoluto la sensación de primerizo.
Muchas veces, más allá de los logros literarios realmente alcanzados, pero en ocasiones aludiéndolos o rozándolos, que no es poco para una opera prima, del conjunto se desprende una intensidad de hondura y un refrescante sabor de lenguaje paladeado, gozado ("como el clamor de lo posible", "música de tu mirada,", "no sucumbamos a la cándida mañana"), que no me sorprendería tuvieran también muchísimo que ver con el caudaloso idioma castellano que sigue hablando por suerte su pueblo, con tan contagiosa y expresiva vitalidad.(c) LA GACETA
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