16 Junio 2002 Seguir en 

El título promete un argumento imaginativo y hasta polémico que invita a la lectura, pero la decepción invade rápidamente al lector.
Es casi una "novelita rosa", como llamaban mis tías solteronas al erotismo de barrio de Corín Tellado. La historia en cuestión se sitúa en la época del rey Salomón, hijo de David, quien reinó de 970 a 931 A.C. En la novela una mujer cuenta su vida en primera persona. Se sabe muy fea, lo que le produce mucho sufrimiento, pero también se reconoce dueña de una insólita habilidad para su tiempo y su condición femenina: lee y escribe, lo que la destaca de sus contemporáneas. A partir de allí se teje una historia lineal, con aventuras apenas infantiles que involucran al rey Salomón, en lenguaje pobre y, a veces, hasta vulgar. Pero lo que más incomoda en su lectura es que ese lenguaje sea anacrónico, que esté descontextualizado de la época en que se sitúa la historia. Resulta difícil imaginar a una adolescente que, viviendo en una tribu del pueblo hebreo en medio de montañas y rodeada de cabras, casi mil años A.C., pueda expresarse con términos tales como deuda externa, ficha personal, paraíso fiscal o mencionar maestrías y doctorados.
El autor, médico-escritor de Porto Alegre, tiene una gran producción literaria vertida en varios idiomas, según consta en la solapa. Como se verá, siempre podemos sorprendernos. Debemos lamentar que exista una gran demanda de libros "livianos" que, por lo general, son malos.
(c) LA GACETA
Es casi una "novelita rosa", como llamaban mis tías solteronas al erotismo de barrio de Corín Tellado. La historia en cuestión se sitúa en la época del rey Salomón, hijo de David, quien reinó de 970 a 931 A.C. En la novela una mujer cuenta su vida en primera persona. Se sabe muy fea, lo que le produce mucho sufrimiento, pero también se reconoce dueña de una insólita habilidad para su tiempo y su condición femenina: lee y escribe, lo que la destaca de sus contemporáneas. A partir de allí se teje una historia lineal, con aventuras apenas infantiles que involucran al rey Salomón, en lenguaje pobre y, a veces, hasta vulgar. Pero lo que más incomoda en su lectura es que ese lenguaje sea anacrónico, que esté descontextualizado de la época en que se sitúa la historia. Resulta difícil imaginar a una adolescente que, viviendo en una tribu del pueblo hebreo en medio de montañas y rodeada de cabras, casi mil años A.C., pueda expresarse con términos tales como deuda externa, ficha personal, paraíso fiscal o mencionar maestrías y doctorados.
El autor, médico-escritor de Porto Alegre, tiene una gran producción literaria vertida en varios idiomas, según consta en la solapa. Como se verá, siempre podemos sorprendernos. Debemos lamentar que exista una gran demanda de libros "livianos" que, por lo general, son malos.
(c) LA GACETA
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