Hermann Hesse, infatigable buscador de sí mismo y sismógrafo de su época

Una eficaz y didáctica guía para leer a un potente escritor.

16 Junio 2002
En la nota preliminar de esta biografía y posterior comentario de cuatro de los libros capitales de Hermann Hesse, Bajo la rueda, Demian, Siddharta y El lobo estepario, sus autores revelan el propósito que los ha inspirado para su redacción. Allí dicen: "El lector de Hermann Hesse pretende ser una guía para animar la lectura de sus obras o refrescarla con datos reveladores sobre su concepción, trama argumental y temática". Y cabe reconocer que este objetivo ha sido cumplido de un modo útil, claro y didáctico.
La larga existencia de Hesse (1877-1962) puede considerarse como la de un espíritu superior y altamente sensible en una continua confrontación con el entorno y un apasionado deseo de llegar a la comprensión del fondo de sus atormentadas y contradictorias vivencias más personales. Esto último lo ubica con justicia como novelista "lírico", junto a Virginia Woolf y Proust, según lo entendió Ralph Freeman en su clásico estudio sobre el tema.
Dentro de la historia de la literatura alemana, Hesse fue visto como un outsider, como un rebelde (pero con causa), alzado contra la educación, el Estado, la religión, la familia y las ideas tradicionales acerca de la moralidad común. Esto explica, como su simpatía por el orientalismo, que haya sido juzgado como una especie de gurú por parte de miles de adolescentes y jóvenes de todo el mundo, desorientados y víctimas del "sistema". Tampoco escasearon los detractores, ya fuera por su instalación al margen de los intereses políticos del día, como por la exaltación de un individualismo exacerbado, o también, por la mínima atención prestada al universo femenino o a los ideales del patriotismo.
Pero, sin alcanzar el espectro ni el virtuosismo de su amigo Thomas Mann, Hesse expresó, sin ocultarlas o disimularlas, sus propias ideas, simpatías o antipatías, con una honestidad intelectual y un estilo de prosa que no deja de despertar la admiración de sus lectores, aún no extinguida.
Demian y El lobo estepario, antagónicas en muchos sentidos con su fuerte carga simbólica, pero siempre frutos de profundas crisis ocurridas dentro de su propia existencia, continuarán atrayendo la atención de su público, quizás mayoritario fuera del ámbito alemán. Poeta directo y abierto a una realidad personalmente asimilada, acuarelista delicioso e infatigable, jardinero vocacional, el autor de El juego de abalorios, la novela más compleja y acabada de su autoría, Hesse es hoy más que un nombre, es una presencia necesaria en estos tiempos agitados por tanta brutalidad, tanta mentira y tanta estupidez.
En el cementerio de Lugano sus restos descansan en paz. Un bloque de granito gris con su nombre y apellido, y un bebedero para pájaros constituyen su tumba. Quizás sea esta una adecuada alegoría para su vida y obra.

(c) LA GACETA

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