Tres tramas para Trujillo

Para LA GACETA - TUCUMAN.

09 Junio 2002
Por ser mujer sos la tierra
y yo por hombre soy río.

(Anocheciendo zambas,
Aníbal Cufré y Waldo Belloso)


A partir de El señor Presidente (1946), de Miguel Angel Asturias, la reiterada presencia del Dictador en la novela hispanoamericana responde sin duda a las numerosas encarnaciones de tal personaje en una América Latina enferma de clientelismo, corrupción, ignorancia e intereses espurios, todo ello agravado por el miedo y la demagogia. Tres relativamente recientes novelas reafirman la imagen del Dictador en las letras del continente en el marco de la dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana, entre 1930 y su asesinato, en 1961: En el tiempo de las mariposas (1994), de Julia Alvarez, Cosecha de huesos (1997), de Edwidge Danticat, y La fiesta del chivo (2000) de Mario Vargas Llosa. Trujillo, "hombre fuerte" en la presidencia de Joaquín Balaguer, modelo arquetípico del tirano diseñado por la historia, la literatura y el imaginario popular, fue por treinta y un años "Campeón de la Paz Mundial" y "Líder Egregio". Enriquecido hasta la náusea, con su nombre multiplicado absurdamente en la toponimia de su país, repartió cárcel y muerte, nombró coronel a su hijo de tres años y en 1937 hizo masacrar a unos 20.000 zafreros haitianos, mujeres y niños incluidos, en aras de un nacionalismo que lo consideraría "Benefactor de la Patria". Tales fueron las marcas de un gobierno cuyo único aspecto positivo fue un moderado progreso, proveniente de un apoyo que Estados Unidos finalmente le retaceó.

El coraje de las mariposas
Las hermanas Mirabal, cuyas vidas evoca En el tiempo de las mariposas, de Julia Alvarez (Santo Domingo, 1950), tuvieron existencia real. La novela ficcionaliza en distintos capítulos las voces individuales de "las Mariposas", nombre de lucha de las tres jóvenes, dando vida a la historia al permitirnos "escuchar" a cada una. Sus discursos se alternan con la voz omnisciente que relata, años después, la entrevista de una periodista a Dedé Mirabal, viva aún por no haber militado contra Trujillo y quien, habiendo criado con sus hijos a los huérfanos de sus hermanas, es ahora un símbolo nacional.
La militancia aleja a estas jóvenes del hogar, fuente de fortaleza emocional que cambian por un compromiso que les costará cárcel y muerte, mientras la cuarta hermana se siente exiliada en su propia casa por el carácter dominante de su esposo y por la angustia por sus hermanas. En los exilios que Julia Alvarez elabora en En el tiempo de las mariposas no hay fronteras geográficas, pero sí hay desarraigo y pesar. La gran metáfora del exilio en la novela es el vivir en un país que, siendo el propio, no puede serlo del todo por el abismo entre lo que es y lo que debería ser.

Las patrias perdidas
Edwidge Danticat (Puerto Príncipe, 1969), que, como Alvarez, vive en EE.UU. y escribe en inglés, narra en prosa de tintes poéticos la historia de la joven huérfana haitiana que pierde a su amor en ese terrible mundo donde una Cosecha de huesos es posible. La autora da su voz a Amabelle, la protagonista, quien abre el relato en una clave lírica que mantiene fuerza y eficacia hasta el final, logrando que las alusiones a los sucesos políticos y sus nefastas consecuencias electricen la narración sin afectar la tensión estética lograda.
Danticat trabaja artesanalmente el tema del exilio. Amabelle emigra con sus padres a tierra dominicana, donde ellos mueren. El viudo español que la cobija y la cría con su hija vive su exilio republicano escuchando por radio las noticias de la Guerra Civil. Años después, los sobrevivientes de la masacre orquestada por Trujillo partirán hacia Haití, un segundo exilio para Amabelle, niña aún al dejar su país natal.

La siniestra fiesta del Chivo
El tema de "la era de Trujillo" atrapó a Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1935) en una estadía dominicana en 1975, y supo plasmarlo en una feliz imbricación de historia documentada con sucesos imaginarios. Y ahí está Urania, hija de un ex jerarca del régimen, "Cerebrito" Cabral, catedrática ahora en Estados Unidos, cuya visita a Santo Domingo abre la narración. Ya desde la visión de Urania, ya desde la del narrador omnisciente, el texto nos acerca a Trujillo y a sus acólitos, así como a las alternativas del complot para asesinarlo. El narrador da cuenta del egocentrismo y de la astucia del Dictador mientras deconstruye su aparente grandeza aludiendo a su voz chillona y a su decadencia física, objetivada por su incontinencia urinaria, como lo hiciera García Márquez con la "potra" de su Patriarca. (1).
El exilio estructura a La fiesta del chivo. El relato parte del regreso de Urania, exiliada por décadas tras su huida del Generalísimo, su violador. Ni distancia ni tiempo han traído olvido ni perdón. En Estados Unidos, Urania reemplaza el país natal por una rica biblioteca de historia dominicana, especialidad de la respetada catedrática de cuarenta y nueve años, soltera. La imposibilidad de exiliar el alma -sitio de la escisión espiritual- está en el mismo apellido de Urania: "Cabral" y "El Chivo" no están lejos, y "Urania" evoca a Urano, deidad fundacional, "personificación del Cielo como elemento fecundo" (2), emasculado por su hijo Cronos, personificación del tiempo y su poder destructor.

Comparando un poco
El protagonismo femenino en estos textos no es ajeno a las reivindicaciones feministas del siglo XX. Históricas en Alvarez, ficcionales en Danticat y en Vargas Llosa, aquí hay heroínas. Y dos escritoras. Lo femenino de Alvarez y de Danticat está en la fuerza con que la narración urde las vidas de estas mujeres dentro de una Historia que las afecta sin buscar ser explicada ni ampliada. Vargas Llosa, en cambio, explica y amplía alejándose del mundo de la cotidianidad que sus colegas privilegian: Alvarez, en el hogar paterno y en las familias que las Mirabal forman, y Danticat, en la doble trama que Amabelle transita: la familia que la recogió al ahogarse sus padres en el río y su relación amorosa con Sebastien.
Michel Foucault vincula al discurso con el lenguaje, el poder y la verdad. Quien detenta el poder se cree productor de verdad, dueño de un lenguaje superior y árbitro de las relaciones entre estos términos (3). La dictadura violenta al lenguaje con "verdades" tales como que Trujillo es "Padre de la Patria Nueva" o con discursos radiales autolaudatorios. Estas novelas son contra-discursos que desafían a la voz hegemónica, cada uno a su modo: Alvarez, con esas jóvenes que quieren devolver a su país la libertad perdida. Danticat, poetizando el valor de la vida. Vargas Llosa, retratando miserias e hipocresías de "la era de Trujillo". El contra-discurso exige antagonizar el mal, y así el exilio, definido como "una separación y un distanciamiento ya sea de una patria concreta o de un origen étnico o cultural" (4) se torna un tema clave.
Trujillo fue apodado "el chivo" por sus veleidades galantes. Alvarez y Vargas Llosa coinciden en mostrar sus avances donjuanescos marcando el destino de las protagonistas: la cachetada de Minerva Mirabal al insinuante seductor la pone en evidencia, y Urania Cabral es violada. Danticat no muestra al tirano, pero marca la imposibilidad del amor en un mundo corrupto. Hay allí un poder maligno, un villano que enfrenta a la figura femenina, cuya muerte, violación o exilio evoca la ancestral conexión mítica entre mujer y tierra, dispensadoras de vida y alimento, victimizadas aquí por el mal.
La relación ideal entre los sexos en toda cosmogonía supone tanto la mutua aceptación como la producción de un fruto. Desde Isis y Osiris, padres de Horus, hasta Cristo y su Iglesia, productores de la Gracia, los relatos sagrados expresan tal anhelo. En la "era de Trujillo", en cambio, el contacto entre los sexos genera dolor, desencuentro y esterilidad. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, esposas y madres, no verán crecer a sus hijos. Dedé Mirabal se divorcia. Urania Cabral, violada por el Benefactor, deja su patria, y no podrá ya amar. Amabelle, feliz con su Sebastien, lo pierde. El precio de sobrevivir es, pues, la ausencia del amor. El Dictador irrumpe en la vida de esas mujeres y del país para destruir. El agua, que purifica y da vida, está contaminada: el mar traga cadáveres lanzados desde el malecón en Alvarez y en Vargas Llosa. La lluvia es fatal en Alvarez. El río ahoga a los padres de Amabelle en Danticat, y la separa de Sebastien.
Las novelas dialogan entre sí. La mención de las Mirabal en La fiesta del chivo nos remite a Alvarez, donde se confirman detalles: la preferencia de Trujillo por las jovencitas, lo desagradable de su voz (detalle que Danticat también menciona). El título Cosecha de hueso, del texto de Danticat, alude a la dura tarea de la zafra, pero la frase se potencia porque Alvarez la usa al referirse a las muertes causadas por el régimen. Sin discutir sobre política, estos textos son un llamado ético en defensa de la vida y de la libertad. El escritor "habla" por las voces silenciadas, y las inscribe como criaturas de la imaginación que completan y humanizan la Historia.

(c) LA GACETA.

NOTAS
1) En El otoño del patriarca, García Márquez otorga al protagonista la carga de un problema proctológico de dimensiones caricaturescas.
2) Ashcroft, Bill, Gareth Griffiths y Helen Tiffin. The Empire Writes Back. Londres: Routledge, 1989.
3) Ashcroft, Bill, Gareth Griffiths y Helen Tiffin. Key Concepts in Post-colonial Studies. Londres: Routledge, 1998.
4) Grimal, Pierre. Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona: Paidós, 1984.

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