09 Junio 2002 Seguir en 

Hay un eje -la tristeza- que parte desde el título, se acentúa en el subtítulo y se propaga hasta el final: "Un libro para quienes no temen a la tristeza".
El núcleo de la obra lo constituye una serie de cartas de personajes notables, que se conservan en el museo del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, y que el compilador ha seleccionado de acuerdo con su temática.
Son diecisiete los autores encarados, de George Sand a Sartre y Camus, pasando por Pablo Neruda y Van Gogh.
La diagramación, excelente, es una guía para que no se extravíe el lector y a la vez, uno de los pilares que sostienen la estructura del texto y lo organizan geográfica y cronológicamente.
Cada lugar geográfico incluye una introducción, dos o tres autores, un breve texto que mantiene el eje estructural -la visita al museo de la correspondencia-, una noticia biográfica de los corresponsales, dentro del contexto de la introducción, y un recuadro con detalles estrictamente biográficos.
Dentro de este marco se ubican fragmentos de una o más cartas que, gracias a esa introducción que las contextualiza, se hacen más entendibles y amplían su significación.
Entramos en la geografía del libro por la puerta de Venecia, donde hemos atisbado, por una ventanita íntima, un fragmento del alma de George Sand, y por otra, la de R. M. Rilke. Es admirable la cantidad de información no escrita que se esconde en esas cartas y que un lector diestro podrá desentrañar.
(c) LA GACETA
El núcleo de la obra lo constituye una serie de cartas de personajes notables, que se conservan en el museo del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, y que el compilador ha seleccionado de acuerdo con su temática.
Son diecisiete los autores encarados, de George Sand a Sartre y Camus, pasando por Pablo Neruda y Van Gogh.
La diagramación, excelente, es una guía para que no se extravíe el lector y a la vez, uno de los pilares que sostienen la estructura del texto y lo organizan geográfica y cronológicamente.
Cada lugar geográfico incluye una introducción, dos o tres autores, un breve texto que mantiene el eje estructural -la visita al museo de la correspondencia-, una noticia biográfica de los corresponsales, dentro del contexto de la introducción, y un recuadro con detalles estrictamente biográficos.
Dentro de este marco se ubican fragmentos de una o más cartas que, gracias a esa introducción que las contextualiza, se hacen más entendibles y amplían su significación.
Entramos en la geografía del libro por la puerta de Venecia, donde hemos atisbado, por una ventanita íntima, un fragmento del alma de George Sand, y por otra, la de R. M. Rilke. Es admirable la cantidad de información no escrita que se esconde en esas cartas y que un lector diestro podrá desentrañar.
(c) LA GACETA
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