18 Marzo 2007 Seguir en 
Faltan incentivos, los impuestos y los costos son altos y las leyes de fomento favorecen a otras actividades. Los industriales azucareros se suben a la ola mundial de producción de biocombustibles, pero sienten que la realidad está lejos del objetivo de producción que ellos se plantean.
"La reglamentación de la ley de Biocombustibles no le da posibilidad a Tucumán de que sea proveedor de alcohol carburante a las petroleras, porque dice que los que deben entregar alcohol deben ser cooperativas. Los ingenios no pueden hacerlo directamente", afirmó el titular de la Compañía Azucarera Los Balcanes, Jorge Rocchia Ferro. Agregó que en el país no existe una política de beneficios para la inversión en la producción de etanol. En ese ámbito, explicó que las máquinas que tienen las industrias argentinas son obsoletas y que, por ende, se debe invertir mucho dinero para pensar en la producción de biocombustibles.
"La ley fue creada para que se produzca etanol con maíz y biodiesel con soja. De última aparece la caña de azúcar. No sólo Tucumán está lejos de producir biocombustibles: el país está lejos", se quejó Rocchia Ferro. En esa línea, pidió que exista algún tipo de plan consensuado entre el Estado y los industriales para incentivar e impulsar la producción de etanol.
El director del complejo agroindustrial Ledesma, Federico Nicholson, opinó que se debería eximir al alcohol del pago del impuesto a los combustibles para que la producción de etanol a gran escala sea negocio. "Evidentemente, el impulso que se le está dando a los biocombustibles, y el aumento de la producción de caña de los últimos años crean las condiciones para un mercado que puede ser interesante para la actividad azucarera. Hoy en día, y en la medida en que el Estado pague el costo fiscal que significa no cobrarle al alcohol el impuesto a los combustibles, los números parecen dar", subrayó.
Remarcó, sin embargo, que se debe tener en claro que en ningún caso la Argentina podrá tener un programa de alcohol combustible de las dimensiones del brasilero que permita compensar las asimetrías existentes con ese país, que son las que justifican la existencia de un esquema que asegura la protección a la importación de azúcar proveniente del país vecino. "Hoy, el arancel es irrelevante porque nuestros precios de azúcar son inferiores a los de Brasil, pero nadie puede asegurar que mañana las cosas no vuelvan a ser como antes", advirtió. Nicholson recordó que la Argentina tuvo su Plan Alconafta -originado en Tucumán-, "pero luego se desactivó, entre otras razones, porque tenía un alto costo fiscal".
"Si hoy la actividad azucarera quiere incorporarse al Programa de Biocombustibles que se está impulsando, deberá tomar los recaudos necesarios para no desproteger su actividad principal, que es la azucarera. No sea cosa que mañana nos quedemos sin ?el pan y sin la torta?", precisó el ejecutivo de Ledesma a LA GACETA.
Para el industrial Julio Colombres, propietario de los ingenios Santa Bárbara y Ñuñorco, la resolución del tema ambiental debe ser previo a la producción en gran escala de etanol. "No es posible avanzar sin dicha solución", remarcó, y subrayó que la carga impositiva es un tema que incide en todos los aspectos productivos de Tucumán y también de la Argentina. "No es posible sostener una carga impositiva del primer mundo y un servicio estatal del cuarto u octavo mundo y, conjuntamente, pretender crecimiento sustentable e inversión", destacó.
La agroquímica Atanor, propietaria de tres ingenios tucumanos -entre ellos, el Concepción- es un gran demandante de alcohol para la elaboración de productos como herbicidas. No obstante, sus directivos son conscientes de que no pueden soslayar la tendencia mundial de los biocombustibles. "Esto nos pone esto en la necesidad de seguir con un plan de inversiones muy fuerte. El alcohol se demanda para combustibles, pero también para otros productos, muchos de ellos herbicidas que van al campo. Se trata de una demanda real, no especulativa, de un producto renovable que va sustituyendo en parte a uno que no lo es, como el petróleo, lo que es bueno", dijo el vicepresidente de Atanor, Jorge Domínguez. Hizo hincapié en que el etanol no logrará por sí solo reemplazar a todo el petróleo del mundo, y destacó que Atanor se está preparando para 2010, cuando entre a regir la Ley de Biocombustibles en la Argentina. "Por supuesto que estamos trabajando para flexibilizar nuestra producción de alcohol", remató.
"La reglamentación de la ley de Biocombustibles no le da posibilidad a Tucumán de que sea proveedor de alcohol carburante a las petroleras, porque dice que los que deben entregar alcohol deben ser cooperativas. Los ingenios no pueden hacerlo directamente", afirmó el titular de la Compañía Azucarera Los Balcanes, Jorge Rocchia Ferro. Agregó que en el país no existe una política de beneficios para la inversión en la producción de etanol. En ese ámbito, explicó que las máquinas que tienen las industrias argentinas son obsoletas y que, por ende, se debe invertir mucho dinero para pensar en la producción de biocombustibles.
"La ley fue creada para que se produzca etanol con maíz y biodiesel con soja. De última aparece la caña de azúcar. No sólo Tucumán está lejos de producir biocombustibles: el país está lejos", se quejó Rocchia Ferro. En esa línea, pidió que exista algún tipo de plan consensuado entre el Estado y los industriales para incentivar e impulsar la producción de etanol.
El director del complejo agroindustrial Ledesma, Federico Nicholson, opinó que se debería eximir al alcohol del pago del impuesto a los combustibles para que la producción de etanol a gran escala sea negocio. "Evidentemente, el impulso que se le está dando a los biocombustibles, y el aumento de la producción de caña de los últimos años crean las condiciones para un mercado que puede ser interesante para la actividad azucarera. Hoy en día, y en la medida en que el Estado pague el costo fiscal que significa no cobrarle al alcohol el impuesto a los combustibles, los números parecen dar", subrayó.
Remarcó, sin embargo, que se debe tener en claro que en ningún caso la Argentina podrá tener un programa de alcohol combustible de las dimensiones del brasilero que permita compensar las asimetrías existentes con ese país, que son las que justifican la existencia de un esquema que asegura la protección a la importación de azúcar proveniente del país vecino. "Hoy, el arancel es irrelevante porque nuestros precios de azúcar son inferiores a los de Brasil, pero nadie puede asegurar que mañana las cosas no vuelvan a ser como antes", advirtió. Nicholson recordó que la Argentina tuvo su Plan Alconafta -originado en Tucumán-, "pero luego se desactivó, entre otras razones, porque tenía un alto costo fiscal".
"Si hoy la actividad azucarera quiere incorporarse al Programa de Biocombustibles que se está impulsando, deberá tomar los recaudos necesarios para no desproteger su actividad principal, que es la azucarera. No sea cosa que mañana nos quedemos sin ?el pan y sin la torta?", precisó el ejecutivo de Ledesma a LA GACETA.
Para el industrial Julio Colombres, propietario de los ingenios Santa Bárbara y Ñuñorco, la resolución del tema ambiental debe ser previo a la producción en gran escala de etanol. "No es posible avanzar sin dicha solución", remarcó, y subrayó que la carga impositiva es un tema que incide en todos los aspectos productivos de Tucumán y también de la Argentina. "No es posible sostener una carga impositiva del primer mundo y un servicio estatal del cuarto u octavo mundo y, conjuntamente, pretender crecimiento sustentable e inversión", destacó.
La agroquímica Atanor, propietaria de tres ingenios tucumanos -entre ellos, el Concepción- es un gran demandante de alcohol para la elaboración de productos como herbicidas. No obstante, sus directivos son conscientes de que no pueden soslayar la tendencia mundial de los biocombustibles. "Esto nos pone esto en la necesidad de seguir con un plan de inversiones muy fuerte. El alcohol se demanda para combustibles, pero también para otros productos, muchos de ellos herbicidas que van al campo. Se trata de una demanda real, no especulativa, de un producto renovable que va sustituyendo en parte a uno que no lo es, como el petróleo, lo que es bueno", dijo el vicepresidente de Atanor, Jorge Domínguez. Hizo hincapié en que el etanol no logrará por sí solo reemplazar a todo el petróleo del mundo, y destacó que Atanor se está preparando para 2010, cuando entre a regir la Ley de Biocombustibles en la Argentina. "Por supuesto que estamos trabajando para flexibilizar nuestra producción de alcohol", remató.
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