03 Marzo 2007 Seguir en 
Las Bolsas sufrieron un martes negro originado en Shanghai, que pasó por los mercados de Europa y de Estados Unidos y en el arrastre afectó globalmente las cotizaciones -con pronunciadas caídas en los países emergentes-, lo que mostró la mundialización de la inversión y la magnitud del actual vínculo de los países y su contagio. Este derrumbe, ¿pudo advertirse? Seguramente, y en el balance de diciembre, cuando se conoció que la Bolsa de Shanghai había subido 130,6% en 2006; la de Rusia, 70,7%, y la de India, 46,7%, todas alzas irracionales, por compras apalancadas de dinero sobre dinero y mucho crédito en vez de ahorro. Con este ritmo, hasta los sitios conservadores y prudentes llamados "Los Osos" estaban más pendientes del colapso de las hipotecas en EE.UU. y de la crisis de la construcción en ese país, que del desempeño de estas Bolsas emergentes, donde los inversores buscan rendimientos espectaculares a través de fondos audaces que subestimaron el riesgo. En febrero, el oro y el euro fueron lo mejor, con alzas del 3,78% y 2,24%; en la Bolsa de Buenos Aires se pasó de anotar ganancias a registrar pérdidas; los títulos con bajas del 2,2% en promedio y las acciones líderes, luego de buenas ruedas, perdieron el 0,14% en el índice Merval. Habrá mensajes de calma y optimismo frente al apetito insatisfecho que ahora perdió, y cautela al buscar rendimiento, porque en el mundo de la globalización cada vez se depende más de todos los operadores.
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