En torno del incendio

17 Mayo 2006
Hemos informado en detalle acerca del incendio registrado al mediodía del lunes, en un edificio de departamentos sobre la vereda de la Casa de Gobierno. El fuego pudo ser sofocado por la resuelta acción de los bomberos y de la Policía, y no se registraron víctimas personales. Creemos que el suceso -que por ocurrir en día hábil y en pleno centro tuvo enorme repercusión- permite formular algunas reflexiones, indudablemente necesarias
De acuerdo con nuestra nota, los incendios no son nada raros en esta capital: se producen alrededor de dos o tres por día y, como por lo general son rápidamente controlados, la población en general -fuera del vecindario- no llega a enterarse. El dato es suficiente para establecer que el fuego constituye una permanente amenaza. Pero se agrava notoriamente cuando estalla en edificios de altura, los cuales son cada día más abundantes en esta capital, tanto en el centro como más allá de las avenidas.
En esos casos, cualquier foco se convierte en gravísimo, por el obvio riesgo de que las llamas se extiendan a todos los pisos del inmueble, agregado ello a las dificultades que toda construcción de ese tipo presenta para la acción de los bomberos. De acuerdo con el director de Defensa Civil, la seguridad en los referidos edificios deja mucho que desear. Afirma que de los 800 que existen, no hay 200 que cumplan realmente con las normas establecidas. Carecen de matafuegos en la necesaria cantidad; su sistema carece de la adecuada presión del agua; las mangueras instaladas se encuentran en pésimo estado y, por tanto, resultan inútiles en la emergencia, etcétera.
A esto habría que añadir, como otra deficiencia muy grave, la ausencia general de escaleras de incendio, que garanticen la evacuación veloz y segura. Actualmente, en las ciudades adelantadas del mundo, existen sistemas mecánicos que se acondicionan en el exterior de los edificios, cerca de las ventanas, y que permiten liberar rápidamente a las personas.
Complica la situación el hecho de que las normas de seguridad vigentes datan de 1994, por lo que edificios de construcción anterior no las aplicaron en su momento, y los consorcios son remisos a incorporarlas ahora. No hay duda de que tal adecuación representa gastos significativos, pero debe tenerse en cuenta que todo lo que se invierta en seguridad está siempre justificado, por elevados que sean los montos. Son de esas medidas que parecen sobreabundantes, hasta que llega el momento en que permiten nada menos que salvar vidas.
De acuerdo con lo que consignaba nuestra información sobre el siniestro del lunes, en el inmueble afectado faltaban los matafuegos, y la presión de agua era insuficiente para las mangueras. Por otro lado, a pesar de la eficacia y celeridad con que actuaron bomberos y policías, se hizo evidente la insuficiencia de la escalera de altura disponible. La que poseen los bomberos llegaba solamente hasta el sexto piso, y el siniestro se desarrollaba dos plantas más arriba. Sabemos que existen equipos modernos que solucionan tales inconvenientes, y es urgentemente necesario que el Estado los adquiera, para poner a sus bomberos en situación de actuar con ventaja. Cabe recordar que en enero último, el incendio en un hotel de San Nicolás de los Arroyos -donde fallecieron turistas tucumanos- cobró víctimas porque se carecía, en esa localidad, de las escaleras que hubieran permitido el rescate.
No es la primera vez que este comentario toca una temática de tanta importancia. Sería deseable que las autoridades la encaren con la premura que corresponde. No se deben retacear, en ese sentido, las inversiones que resulten necesarias, por elevado que parezca su monto.





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