27 Abril 2006 Seguir en 
El Gobierno de la Provincia, por un lado, y la UNT, por el otro, tienen un sistema de becas para los estudiantes universitarios. Hemos dedicado una nota al singular panorama que exhibe hoy este tema. En el caso de las becas provinciales, el año pasado se otorgaron a 9.000 alumnos. De ellos, 1.000 perdieron interés en recibirlas este año, y de los 8.000 restantes, el 50% quedó fuera, al no cumplir el requisito mínimo de aprobar dos materias durante 2005. En el caso de las becas de la UNT, de 3.000 seleccionados, sólo 1.400 las solicitaron.
En cuanto a los problemas centrales que yacen en el fondo del asunto, el rector de la UNT atribuyó el desinterés a la falta de vocación, y de una cultura del esfuerzo, donde opera la falta de transmisión de ella por parte de los progenitores. Sostiene, además, que de los que ingresan, sólo un 21,6% se recibe: el 45% deserta en primer año, y el 60% entre el primero y el tercero. Del lado de la Provincia, el funcionario responsable no acierta a explicarse la razón por la cual no funcionó un mecanismo creado frente a la inquietud de los padres, quienes afirmaban que la falta de recursos impedía estudiar a sus hijos. Por su parte, varios estudiantes entrevistados declararon que carecían de buenas bases del secundario, y que no les era posible costear el refuerzo de estas con profesores particulares. La mala base del secundario es un problema conocido. El supervisor de Enseñanza Media admitió su existencia y aseguró que la modificación de la currícula del Polimodal tiene ese propósito. Habló también de factores que obstaculizan la calidad educativa, tanto en lo pedagógico (donde urge, dijo, recuperar prácticas y estrategias) como desde lo social, ya que la familia debe oficiar de controladora, y los alumnos deben poner el esfuerzo suficiente.
Junto a esta cuestión, está la de las vocaciones que enunciaba el rector. Acerca de ello, una especialista consultada señala que la elección de la carrera inadecuada puede deberse a la falta de buena orientación, o a opciones producidas por presión social hacia lo más redituable, todo esto agravado por el carácter multitudinario que tiene la Universidad. En teoría, la currícula secundaria debiera habilitar a todo alumno para encarar los estudios universitarios. Pero esto no es lo que sucede en los hechos, como lo comprueba la cantidad de fracasos ocurridos al intentar acceder -o permanecer- en el estadio siguiente. Hay algo, entonces, que no funciona, y sobre ese punto se hace necesario investigar.
El tema de la elección de la carrera es igualmente clave. Pero resulta evidente que una responsable orientación vocacional, brindada en el momento justo, tiene que arrojar forzosamente resultados positivos. Es un capítulo donde pueden implementarse recaudos eficaces. Debe recordarse también que pueden existir personas que no tengan inclinación hacia los estudios superiores, y que sus aspiraciones pasen por otros derroteros. Sería deseable que tales casos se establezcan, y se evite la pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero que implica iniciar carreras para desertar de ellas al poco tiempo.
Claro que ninguna medida que se tome dentro de la problemática educativa podrá llegar a buen fin, si no existe la formación de la conciencia respectiva. Hablamos, en el caso de los alumnos, de convencerse de que nada se consigue sin el sacrificio correspondiente, y que estudiar en la Universidad demanda esfuerzos y energías cotidianas superiores a las que requería el secundario. El sabio Albert Einstein decía que no existen métodos fáciles para aprender cosas difíciles.
Y hablamos también de una actitud de los progenitores, que inciten, apoyen y vigilen ese esfuerzo.
En cuanto a los problemas centrales que yacen en el fondo del asunto, el rector de la UNT atribuyó el desinterés a la falta de vocación, y de una cultura del esfuerzo, donde opera la falta de transmisión de ella por parte de los progenitores. Sostiene, además, que de los que ingresan, sólo un 21,6% se recibe: el 45% deserta en primer año, y el 60% entre el primero y el tercero. Del lado de la Provincia, el funcionario responsable no acierta a explicarse la razón por la cual no funcionó un mecanismo creado frente a la inquietud de los padres, quienes afirmaban que la falta de recursos impedía estudiar a sus hijos. Por su parte, varios estudiantes entrevistados declararon que carecían de buenas bases del secundario, y que no les era posible costear el refuerzo de estas con profesores particulares. La mala base del secundario es un problema conocido. El supervisor de Enseñanza Media admitió su existencia y aseguró que la modificación de la currícula del Polimodal tiene ese propósito. Habló también de factores que obstaculizan la calidad educativa, tanto en lo pedagógico (donde urge, dijo, recuperar prácticas y estrategias) como desde lo social, ya que la familia debe oficiar de controladora, y los alumnos deben poner el esfuerzo suficiente.
Junto a esta cuestión, está la de las vocaciones que enunciaba el rector. Acerca de ello, una especialista consultada señala que la elección de la carrera inadecuada puede deberse a la falta de buena orientación, o a opciones producidas por presión social hacia lo más redituable, todo esto agravado por el carácter multitudinario que tiene la Universidad. En teoría, la currícula secundaria debiera habilitar a todo alumno para encarar los estudios universitarios. Pero esto no es lo que sucede en los hechos, como lo comprueba la cantidad de fracasos ocurridos al intentar acceder -o permanecer- en el estadio siguiente. Hay algo, entonces, que no funciona, y sobre ese punto se hace necesario investigar.
El tema de la elección de la carrera es igualmente clave. Pero resulta evidente que una responsable orientación vocacional, brindada en el momento justo, tiene que arrojar forzosamente resultados positivos. Es un capítulo donde pueden implementarse recaudos eficaces. Debe recordarse también que pueden existir personas que no tengan inclinación hacia los estudios superiores, y que sus aspiraciones pasen por otros derroteros. Sería deseable que tales casos se establezcan, y se evite la pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero que implica iniciar carreras para desertar de ellas al poco tiempo.
Claro que ninguna medida que se tome dentro de la problemática educativa podrá llegar a buen fin, si no existe la formación de la conciencia respectiva. Hablamos, en el caso de los alumnos, de convencerse de que nada se consigue sin el sacrificio correspondiente, y que estudiar en la Universidad demanda esfuerzos y energías cotidianas superiores a las que requería el secundario. El sabio Albert Einstein decía que no existen métodos fáciles para aprender cosas difíciles.
Y hablamos también de una actitud de los progenitores, que inciten, apoyen y vigilen ese esfuerzo.
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