El enredo podría deteriorar al bloque regional

Por Angel Anaya.

25 Abril 2006
BUENOS AIRES.- El Gobierno no hará su presentación ante la Corte Internacional de La Haya, mientras el puente Gualeguaychú-Fray Bentos permanezca interrumpido por la asamblea vecinal de la orilla argentina, pero los asambleístas tampoco levantarán la barrera fronteriza hasta tener la certeza de ese paso oficial. El lunes habrá una nueva reunión de los piqueteros y, para entonces, sus dirigentes esperan haber logrado comunicación directa con el presidente Kirchner; algo que hasta el momento no ha sido posible, pues no tienen confianza en el gobernador entrerriano, Jorge Busti, quien originalmente alentó los cortes conflictivos. Conforme han ido pasando los días, la situación con Uruguay ha seguido enredándose, hasta el punto de amenazar con una fractura del Mercosur que, seguramente, se sumará a la agenda que los presidentes de Argentina y de Brasil considerarán a partir de hoy, cuando se reúnan para considerar con Chávez el proyecto del gasoducto entre Venezuela y nuestro país. El gobernador Busti tuvo ayer la seguridad de Kirchner de que no convocará como presidente alterno del Mercosur al consejo del organismo, como solicitó hace dos semanas el gobierno uruguayo; y con esa decisión, el mandatario entrerriano espera también ablandar a la asamblea vecinal. Pero a cambio de tal gesto endurecedor, el canciller de la vecina orilla anunció que el asunto sería derivado a la Organización de Estados Americanos.

Impromptus de Kirchner
Si esto último ocurre, el riesgo de una división irreparable del Mercosur será mucho mayor, pues Uruguay y Paraguay guardan en cartera un planteamiento severo sobre la gestión dominante de la Argentina y de Brasil en la alianza regional que aglutina a los cuatro países.
Otro aspecto de los problemas provocados por la construcción de las plantas de celulosa es el de las relaciones argentinas con Finlandia, del que se han podido conocer ahora algunos entretelones. Especialmente que la Cancillería fue sorprendida por el discurso de Kirchner, en el que exigió al país nórdico que interviniese para que la empresa Botnia suspendiera las obras por 90 días.
Tal improvisación repercutió sobre las relaciones con Helsinki, que suspendió la visita a Buenos Aires de su ministra de Comercio, concertada el año pasado, y provocó reacciones negativas en la Unión Europea, cuya presidencia alterna es finlandesa. El gobierno finés tiene una embajada en Buenos Aires, que es concurrente con Uruguay y Paraguay; pero el viaje de su titular, Ritva Anneli Jolkkonnen, para recibir a la ministra en su visita a Montevideo no debe interpretarse como un acto mayor que un mero paso obligado y ajeno al enfriamiento de relaciones, que la Cancillería argentina se empeña ahora en superar.
El episodio, desde el punto de vista de nuestra política interna, ha demostrado cuán inesperada se torna a veces la gestión del Gobierno, como consecuencia de los impromptus presidenciales. (De nuestra Sucursal)

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