Lo que vendrá

La UNT vive su tiempo de transición. Por Nora Lia Jabif

25 Abril 2006
La UNT transita por su última etapa electoral, con resultados sorprendentes para algunos y previsibles para otros, pero que en todos los casos han ratificado el perfil conservador de la comunidad universitaria. En la elección de consejeros docentes, la semana pasada, hubo facultades donde, por el perfil de los oponentes, se dirimía el grado de insatisfacción de los profesores ante los referentes del hasta hoy oficialismo universitario. Pero en casi todos los casos en los que se palpitaba final abierto se votó por la continuidad. A menos de un mes para el cierre del proceso electoral, con la consagración de Juan Cerisola como rector de la UNT, sólo quedan por despejar algunas sorpresas, como la definición del decano de Derecho, que se terminará de dirimir hoy, con la elección de los consejeros graduados.
Mientras tanto, en el Rectorado se define la transición del "mariglianismo" al "cerisolismo". A la cabeza de esa movida están los llamados "gordos" de la conducción de la UNT, comandados por el actual secretario de Bienestar Estudiantil, José Hugo Saab, que fue uno de los armadores del triunfo de Cerisola. Aunque se descuenta que en el futuro gabinete quedarán hombres y mujeres de la gestión Marigliano, Cerisola también llega con la "tropa propia", que son los que lo instaron a disputar el rectorado cuando todavía nadie había salido de galpones. En ese tránsito entre lo que se va y lo que vendrá hay semejanzas y diferencias: por un lado, Cerisola llega con el apoyo de la mayoría de los decanos y con el de Franja Morada; por el otro, los tiempos nacionales no son los mismos, ya no hay un "paraguas" radical en el Ministerio de Educación de la Nación, y se supone que la disposición presupuestaria para gastos del Rectorado no será tan generosa como la que supo tener Mario Marigliano.
Además, la Universidad que le toca pilotear a Cerisola es la Universidad apetecida por el kirchnerismo, que, en su sed de avanzada y en su versión local alperovichista ha generado movidas que harían remover en su tumba al recordado Arturo Ponsati, con la incorporación del Movimiento Humanista a la vicepresidencia de la Juventud Universitaria Peronista (JUP).
No es la única señal de este intento de desembarco del peronismo en el escenario estudiantil de la UNT: en la facultad de Medicina, donde reina el más filoperonista de los decanos, Horacio Deza, hay por lo menos tres agrupaciones que se disputan la propiedad del viejo escudo o, más material, el acceso a las ventajas tangibles del poder que ofrece el calor del kirchnerismo. Súmese a ello que el apoyo de José Alperovich a Cerisola suena más a intento de avanzada territorial que a una adhesión desinteresada. En ese contexto, Marigliano asume la presidencia de la UCR, y algunos sectores de FM que fueron consejeros Superiores llegan ahora a la Juventud del radicalismo tucumano. Pero el proceso electoral y la nueva organización del poder en la UNT son apenas condimentos en la problemática de la Universidad, que ha empezado otro año bajo la amenaza de protestas salariales tan profundas como las que se desarrollaron el año pasado. Es innegable que la comunidad universitaria no está en condiciones de resistir un ciclo lectivo tan discontinuo como el que se vivió en el año 2005. Al respecto hay señales de debilidad académica: una de esas señales es el procesamiento de las becas para universitarios que otorga el gobierno provincial, que está en proceso de renovación.
En la secretaría de Planeamiento de la Provincia se sorprendieron cuando constataron que la mitad de los alumnos que en 2005 habían recibido su beca no podrán recibirla este año porque no reúnen las condiciones de regularidad que se exigen para acceder a ese beneficio. Otra vez está presente la pulseada "universidad política" versus "universidad académica", que no deberían ser excluyente sino síntesis.






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